Europa empieza a mirar hacia los próximos meses y las primeras señales de los grandes modelos estacionales dibujan un escenario bastante definido. El invierno de 2026 apunta, por ahora, hacia una estación más cálida de lo habitual en prácticamente todo el continente y con precipitaciones superiores a la media en buena parte de Europa, especialmente lejos de sus extremos norte y sur.
La última actualización del sistema estacional de Copernicus, coordinado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), mantiene esa tendencia para el periodo comprendido entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. No significa que vayan a desaparecer las nevadas o las irrupciones de aire frío, sino que, tomando el invierno completo, la probabilidad favorece unas temperaturas medias superiores a los valores habituales.
Un invierno de 2026 más cálido de lo normal en Europa
La señal térmica es precisamente uno de los elementos más consistentes de las últimas previsiones. Los modelos favorecen temperaturas por encima de la media en casi todas las zonas terrestres europeas durante el invierno de 2026.
Esto apunta a una temporada con predominio de periodos relativamente suaves, aunque no permite descartar episodios puntuales de frío. Los pronósticos estacionales no indican qué temperatura hará un día concreto de enero ni pueden determinar a varios meses vista si habrá una ola de frío en España, Francia o Alemania.
Lo que hacen es comparar cientos de escenarios posibles con la climatología habitual y calcular hacia dónde se desplaza el conjunto. En este caso, la balanza se inclina claramente hacia un invierno más templado.
Este matiz resulta especialmente importante. Un invierno globalmente cálido puede albergar perfectamente una semana con temperaturas muy bajas o una nevada importante. Lo que cambiaría sería la frecuencia, duración o peso de estos episodios sobre el conjunto de la estación.
Más lluvias en buena parte del continente
Precisamente el modelo estacional del ECMWF está convergiendo hacia un patrón interesante con #ElNiño de este año:
Ya está afectando a la circulación del Pacífico y el Atlántico tropical, incrementando mucho las precipitaciones en uno y secando el otro (mapa).
Pero hay algo más https://t.co/0cmZRs5hxv pic.twitter.com/ER6JLwRBxo
— Víctor M. González (@gdvictorm) September 9, 2026
La otra señal destacada para el invierno de 2026 aparece en las precipitaciones. Copernicus anticipa una probabilidad mayor de condiciones más húmedas de lo habitual en gran parte de Europa, aunque con diferencias significativas dependiendo de la región.
El escenario favorece precipitaciones superiores a la media en numerosas áreas interiores y occidentales del continente. Por el contrario, los extremos meridionales y septentrionales presentan una señal más débil o incluso más seca, por lo que no puede trasladarse automáticamente el mismo pronóstico a toda Europa.
Para España, esta configuración obliga especialmente a diferenciar territorios. Las zonas más expuestas a la influencia atlántica podrían beneficiarse más de un patrón húmedo, mientras que el sur y algunas áreas mediterráneas presentan mayor incertidumbre dentro de las previsiones estacionales.
La posible llegada recurrente de frentes atlánticos sería especialmente importante después de periodos de sequía y déficit hídrico, aunque todavía es demasiado pronto para determinar qué cuencas recibirían más agua o anticipar consecuencias sobre los embalses.
El Niño será uno de los grandes protagonistas
El invierno de 2026 llegará además condicionado por un fenómeno climático de gran escala. El Niño ya se encuentra establecido en el Pacífico tropical y las últimas estimaciones de la NOAA apuntan a que seguirá fortaleciéndose durante los próximos meses.
La agencia estadounidense concede más de un 90% de probabilidad a que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales. Los datos de septiembre muestran además un calentamiento notable de las aguas del Pacífico ecuatorial, una señal que los modelos ven persistiendo durante buena parte de la estación fría.
Sin embargo, El Niño no determina automáticamente qué tiempo hará en Europa. Su influencia sobre el continente europeo es mucho menos directa que en otras regiones del planeta y depende de la interacción con numerosos elementos atmosféricos, desde la circulación atlántica hasta la estratosfera.
Por eso sería prematuro asegurar que provocará por sí solo un invierno lluvioso o impedirá las entradas de aire polar. Lo que sí hace es modificar el contexto climático global con el que trabajan los modelos.
Por qué estas previsiones todavía pueden cambiar

El ECMWF utiliza un conjunto de 51 simulaciones para elaborar sus predicciones estacionales y Copernicus combina además los resultados de algunos de los principales centros meteorológicos internacionales. Se trata de herramientas diseñadas para detectar tendencias a varios meses, pero no funcionan como una predicción meteorológica convencional ampliada hasta febrero.
La incertidumbre aumenta cuanto más se avanza en el calendario. De hecho, Copernicus advierte de que los distintos modelos coinciden en el fortalecimiento de El Niño hasta finales de año, pero presentan mayores discrepancias sobre su evolución posterior.
Con los datos disponibles en septiembre, la fotografía inicial del invierno de 2026 es, por tanto, bastante clara en sus grandes rasgos: más cálido de lo habitual en casi toda Europa y con una tendencia húmeda en buena parte del continente.
Pero todavía quedan varios meses y numerosas piezas atmosféricas por encajar. El pronóstico permite conocer el escenario más probable; lo que no puede decir todavía es cuándo llegará la primera ola de frío, dónde nevará o qué regiones sufrirán los temporales más importantes del próximo invierno.

