“Estamos generando unos monstruos de incendios que no estábamos acostumbrados a ver”, resume Arantza Pérez, vicedecana del Colegio Oficial de Ingenieros De Montes, durante una videollamada con Artículo14. Para Pérez, sin una gestión activa del territorio, “los incendios superarán siempre la capacidad de extinción”. Y es que las imágenes que están dejando los fuegos parecían impensables en España: llamas de 20 metros, evacuaciones multitudinarias y un fuego que avanza sin que medios humanos y técnicos puedan detenerlo. Para la experta, las claves de esta nueva generación de incendios se debe a décadas de abandono rural que han convertido los bosques en combustible acumulado, un triángulo de fuego que se dispara con la ola de calor, y una advertencia que ya lanzaron el año pasado sin ser escuchados.
-En primer lugar, quería preguntarle ¿por qué está siendo tan brutal el fuego que comenzó en Ávila? Al escuchar los testimonios de los bomberos destacan la fuerza, la anarquía de este incendio…
-Vivimos en un país con el 56% de nuestra superficie forestal. Un dato que la mayoría desconoce. En esa superficie forestal llevamos tres décadas mínimo creciendo en superficie forestal arbolada y sobre todo en metros cúbicos de madera y de vegetación acumulada. Esto podría parecer una buena noticia -que en parte puede serlo- pero como esa superficie realmente está abandonada y no tiene una planificación y una gestión activa, al final se generan unas masas muy continuas y sin medidas de prevención de incendios. Cuando se origina un fuego y las condiciones meteorológicas no ayudan y tenemos una mecha perfecta, al final se generan como estos monstruos de incendios que no estamos acostumbrados a ver. Desgraciadamente, nuestros ecosistemas se convierten en combustible cuando llega el fuego. Entonces, insisto, como nunca antes había habido tanta acumulación de esa vegetación y estructuras tan continuas, al final lo que estamos generando es en el triángulo del fuego, en uno de los lados, es el oxígeno, el otro es por el punto de emisión y el tercero, sería el combustible. Ese combustible genera tanta energía, que es lo que llamamos que, cuando la energía supera la capacidad que tenemos de atacarlo, pues está fuera de capacidad de extinción. Estamos viendo unos incendios que en muchas ocasiones están fuera de capacidad de extinción. Ni con todos los medios humanos y técnicos que tuviéramos a nuestra disposición podríamos hacer frente a ese nivel de energía tan brutal. ¿Qué significa eso? Pues que con medios aéreos muchas veces si la energía y la temperatura supera un determinado umbral, por mucho que echemos agua, el agua se evapora antes de llegar a la llama. Si tenemos unas llamas de 20 metros, pues la capacidad de atacarlo por tierra con medios humanos y maquinaria -pues la radiación tampoco nos permite acercarnos ni atacarlo- con lo cual hay que dejar que avance. Eso es uno de los grandes problemas que estamos viendo en estos incendios. Además que ese abandono rural aparte de esa generación de combustible lo que hace es que desaparezcan estructuras en mosaico perimetrales o colindantes a esos municipios más rurales. Antes la agricultura, los cultivos, la ganadería… Hacía que los municipios tuvieran como una especie de autoprotección. Como el monte ha ido avanzando y se ha ido fusionando con esos territorios forestales, cuando llega una emergencia por un incendio forestal ya no sólo es forestal sino que se está convirtiendo en emergencias de población y de vidas humanas. La ley nos dice que primero hay que proteger la vida humana, luego los bienes materiales, y luego los ecosistemas forestales. Al final, cuando teníamos un incendio forestal, atacamos el incendio forestal. Es verdad que en número tenemos menos incendios, porque somos buenos apagándolos, pero cuando se combinan toda esta serie de factores al final es imposible atajarlos, insisto, por muchos medios que tengamos porque se combinan todas esas circunstancias: acumulación de combustible, interfaces con municipios, urbanizaciones urbanoforestales, contextos climáticos complejos… Son escenarios que no estábamos acostumbrados a ver.

-¿Es por eso que, en parte, es la primera vez que vemos tantos evacuados y vemos tanta gente confinada?
-La gente además que vivía en esos entornos vivía de usos tradicionales de sector primario. También estaba más acostumbrado, había más pistas de acceso -insisto- conocía mejor el terreno y lo tenían más con usos y costumbres de allí que hacía que todo estuviese más interrelacionado. Ahora la gente que vive allí, la que vive de esos usos, cada vez es más mayor y mucha gente va allí porque está cercano a las proximidades de Madrid, de Ávila, etcétera y va a pasar el fin de semana o el verano. Además, en zonas como Madrid -donde tenemos un nivel de población muy elevado- pues el escenario de evacuaciones cambia. Reitero que han coincidido muchos factores que se han alineado y que veníamos tiempo advirtiendo porque hay zonas muy determinadas como puede ser Madrid, Barcelona, Baleares, Burdeos en Francia… En que cada vez hay esas masas densas forestales que se acercan a las urbes y que generan este tipo de emergencias ya no sólo ambientales sino a nivel social.

-Hablando de Francia, este lunes los medios están muy preocupados y alertaban de que mañana a ellos les entraba la canícula, la ola de calor. En España creo que entra el miércoles, ¿va a afectar mucho, son importantes estas próximas horas para la extinción?
-Evidentemente el factor meteorológico es un papel importante porque además, cuando es favorable, nos deja lo que llamamos “ventanas de oportunidad” de poder atacar al incendio y no sólo defendernos. Cuando tenemos esos escenarios favorables, sobre todo es que por la noche, a lo mejor el nivel de humedad sube y la temperatura baja. Esas son “ventanas de oportunidad” que solemos aprovechar. Cuando tenemos una ola de calor que hace que esa humedad no aumente y que esté siempre baja y que las temperaturas sean altas por lo que complican la extinción y benefician al fuego existente.

-Desde el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes de España, ¿habíais advertido de que esto podía pasar?
-Efectivamente, es una desgracia, pero el verano pasado -que se pensaba de forma general que hasta la fecha era el peor año de grandes incendios- era sólo una advertencia. Este año hemos batido los récords a la fecha en la que estamos del año anterior. Ya veníamos diciendo que había que invertir en prevenir, en gestionar el territorio. La Comisión Europea, el Consejo Económico y Social de la Comisión, ha publicado un dictamen diciendo que es insostenible invertir sólo en extinción y en restauración sino que hay que girar el foco y empezar a invertir en prevención. Incluso me gusta hasta cambiar el verbo porque cuando prevenimos o sea cuando invertimos en gestión activa obtenemos recursos naturales, mejoramos la infiltración del agua, los sumideros, invertimos en la sanidad y en la salud y en el bienestar de la población y de nuestros ecosistemas que van totalmente de la mano y cuando no lo hacemos, lo que hacemos es gastamos en extinción, gastamos en restauración… Desgraciadamente cuando pasen estos escenarios tan trágicos que estamos viviendo si ponemos en un papel el coste económico, ambiental, humano, emocional… que tienen estos escenarios es que es brutal. Esa factura deberíamos empezar a traducirla en una inversión activa el día de mañana para que el verano que viene -vendrán fuegos y vendrán incendios- pero de verdad que tenemos la capacidad de que ese monstruo sea un poco más pequeño y podamos plantarle cara de una mejor manera si invertimos en esa prevención. Les estamos además pintando un tablero de juego más favorable a los servicios de emergencia porque tendrán una carga más reducida de combustible, tendrán vías de acceso cortafuegos, puntos de agua, zonas donde poder trabajar, los municipios tendrán su faja perimetral, tendrán sus planes de autoprevención y ya no serán tanta emergencia civil. Otra pata fundamental en la que he empezado a trabajar desde ya es en la educación, en la concienciación, en que la gente tenga una asunción del riesgo de donde vive. Hay que dejar de pensar que somos seres urbanitas y tecnológicos: somos seres humanos, seres vivos que vivimos en un chalet, que somos parte de la naturaleza y hemos aprendido ese lenguaje. Hay que empezar a aprender otra vez de nuevo el lenguaje. La naturaleza tiene muchas ventajas, no sólo es es una foto estupenda de fin de semana, nos da muchísimos recursos naturales y renovables pero el monte se trabaja, se protege y tiene unas emergencias que hay que saber afrontarlas. Eso hay que empezar también a trabajarlo desde el nivel de educación básica, de colegios. Sería impensable que en un centro de trabajo no supiéramos dónde están las vías de evacuación, que no se hiciesen simulacros. Pues es que esto es igual. Si tú vives en una urbanización que está en interfaz urbano forestal tienes que saber qué riesgos tiene. Si tú vives en una zona inundable, tienes que saber qué riesgos tienes y qué medidas deberías implementar en caso de que haya una emergencia hasta que lleguen los servicios de emergencias, de extinción de incendios, de protección civil, de lo que sea…

Hay varios pilares fundamentales. A mí me gusta separarlos en cuatro. El primero es incentivar que la gestión forestal se desarrolle por sí misma tirando de las cadenas de valor, fomentando que los propietarios privados -que en España son la mayoría porque entre toda esa superficie forestal el 72% están manos de propietarios privados- que tienen la superficie muy fragmentada. Ahí ni siquiera sólo es inversión sino que es generar palancas que les permitan gestionar esos montes. Incentivos que puedan hacer que eso sea atractivo y rentable. Consumir productos de madera de cercanía, fomentar la biomasa para descarbonizar… Ese tipo de cosas fomentan que haya una gestión activa del territorio, ver con buenos ojos del sector primario, etcétera. Segundo, en las zonas donde hay mayor riesgo, hacer medidas específicas de gestión de combustible. Ya no estamos hablando de gestión forestal de diversidad de recursos naturales, sino de autoprotección de los municipios, la prevención específica. Tercera, la que hemos hablado de educación, concienciación, etcétera. La cuarta, seguir insistiendo en mejorar nuestros servicios de emergencias: más inteligencia, mejores medios… Esa parte es inevitable, pero invirtiendo en las tres primeras estaremos también ayudando a esta cuarta. Al final, entender que necesitamos inversión económica y recursos humanos a nivel estatal, a nivel comunidades autónomas -que tienen las competencias en política forestal- y a nivel municipal, para que puedan también tener capacidad en recursos en conocimiento y en medios económicos para implementar las medidas que se les piden.

