“Tengo miedo. Me va a pasar algo”. Lucía Garrido no ocultaba su temor. Se lo había contado a su doctora, a su hermana y a su propia hija: tenía auténtico pavor de que le hiciera daño quien todavía era su marido, Manuel Alonso, con el que estaba en proceso de divorcio. Aunque él pretendió hacerlo sin mancharse las manos. El 30 de abril de 2008, un hombre asaltó a Lucía por detrás justo cuando entraba el portón de la finca en la que vivía, Los Naranjos, en Alhaurín de la Torre (Málaga). Su agresor la espero dentro, agazapado.
No tuvo ni que saltar la valla para evitar que algún testigo lo viese. Tenía llaves de la casa y conocía las rutinas de Lucía. A esa hora, la mujer de 48 años estaba sola, desprevenida e indefensa. Así lo recogió la sentencia que tardó 15 años en llegar, y que aún no es firme. El principal acusado, su exmarido, ha hecho lo imposible por dilatar el proceso judicial. Al igual que intentó escapar de la justicia cuando urdió el crimen.

Para el jurado que asistió al juicio celebrado en 2023, en la Audiencia de Málaga, la mente asesina fue Manuel Alonso. Quien planificó el crimen de Lucía Garrido fue él. También, quien la maltrató durante años y a quien ella echó de casa en 2006, harta del maltrato, de sus infidelidades y de sus negocios turbios. Sin embargo, él siguió usando la finca familiar a su antojo para todo tipo de tejemanejes: narcotráfico, contrabando de armas y especies exóticas, como guardería de droga y punto de encuentro con guardias civiles corruptos. Alonso tiene un completo historial delincuencial.
Sospechoso intermitente
“Todo muy metódico. Chirriaba demasiado”, explicaba hace una década sobre el comportamiento de Manuel su excuñada. Fue la voz de Lucía una vez asesinada. A Rocío, su hermana, el cáncer se la llevó antes de ver a los asesinos en el banquillo. El juicio tardó quince años en celebrarse. En ese tiempo, Manuel Alonso se había convertido en sospechoso intermitente. Había conseguido librarse del foco policial, en 2009, cuando se archivó la causa al año del crimen. Le funcionó la coartada. Casualmente, los días anteriores al asalto en la finca, él estaba de viaje. Además, guardaba con meticulosa coincidencia todos los tickets de los lugares donde estuvo y había un registro visual de cada gasolinera en la que había parado. Nunca había sido tan fácil corroborar una localización mientras se estaba cometiendo el crimen.

“Se prefabricó la coartada”, resumió Rosa. Durante años, intentó desmontar la versión de su excuñado, convencida de que era el asesino de su hermana. Si no el ejecutor, sí el autor intelectual. Y no estaba sola en su convencimiento. Contaba con el apoyo de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC). Manuel Alonso aparecía en varias causas con guardias civiles investigados por el Servicio de Asuntos Internos (SAI). Entre sus contactos, desde un jefe Antidroga a un exagente preso a los que apareció vinculado en tramas por narcotráfico y reventa de animales decomisados por el Seprona. Del último delito se libró por prescripción y esquivó los tres años de condena por primero al recurrir. Como ha recurrido la del crimen de su mujer.
A finales de 2023, en el banquillo de los acusados se sentaron Manuel Alonso y Ángel Vaíllo, un delincuente conocido como ‘El Rana’ al que consideraron autor material del crimen. Su ADN apareció en las llaves encontradas en la finca de Los Naranjos. Según se acreditó en el juicio, fue él quien el 30 de abril de 2008 golpeó a Lucía por detrás con un ladrillo y la arrastró inconsciente hasta la piscina donde la tiró tras cortarle la yugular con un cuchillo. Allí, flotando sin vida, la encontraron después.
La mató porque le estorbaba
Rosa no dudó ni un segundo: se había cumplido el aviso de su hermana. “Lo había denunciado ocho veces por maltrato, pero las denuncias no llegaban a puerto”, se lamentaba al recordar las sucesivas amenazas que Lucía le confesó sufría viviendo con Manuel: “Le rompió la lavadora, le echó ratas al depósito del agua y hasta le hizo el gesto de cortarle el cuello“. Un acoso que mutó al abandonar él la finca por el proceso de divorcio. Ella se quedó viviendo allí con su hija menor de edad, pero él no perdió “el pastel donde se cocía todo”. Así definió Rocío la finca que para los investigadores era el corazón de negocios turbios. Y Lucía, la testigo directo de todos los delitos: tomaba notas de cuanto veía y lo guardaba en una carpeta que protegía como si fuera su seguro de vida. A ojos de Alonso, su exmujer era un estorbo que debía quitarse de en medio cuanto antes. De hecho, su condena fue mayor que la del ejecutor. Al ‘Rana’ le cayeron 22 años como autor material y a Alonso 24 como cooperador necesario, con agravante de parentesco. Solo el primero está en prisión.

El asesino reincidente
En casi veinte años, vinculado a todo tipo de delitos, Manuel Alonso solo ha estado seis meses en prisión por no pagar la pensión de su hija. Del juicio por el crimen de su exmujer entró y salió por su propio pie. Por lo que sigue en libertad a la espera del Supremo, al que recurrió la condena fijada hace tres años. Pero su multirreincidencia le ha llevado de nuevo al banquillo. Eta semana tiene que responder por el asesinato de dos hombres que entraron en la finca de Los Naranjos un año después del crimen de Lucía. Por entonces, Alonso aún usaba ese terreno como centro de operaciones. Su defensa y la Fiscalía coinciden en que los mató, aunque entienden que fue en legítima defensa. Sin embargo, la acusación particular pide 40 años para él porque creen que estaba esperando a sus atacantes. Alguien le había avisado de que iba a ser víctima de un vuelco (un ataque entre narcos) y los esperó con nocturnidad y alevosía. Alonso será el último en declarar. A sus 66 años, lleva casi 20 librándose de la justicia.
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