2 de junio. Detenido un hombre por asesinar presuntamente a su pareja en Callosa del Segura (Alicante). El agresor, de 48 años, la habría estrangulado hasta la muerte en el domicilio que compartían. En el segundo día del mes de junio ya se ha producido un asesinato machista. Desgraciadamente, todo apunta a que no será el último.
Los precedentes invitan a la preocupación. El pasado mes de junio se cerró con nueve víctimas mortales de la violencia machista y vicaria: ocho mujeres asesinadas y un niño de dos años. Un año antes, junio de 2024 dejó otras nueve víctimas: seis mujeres y tres hijos de las víctimas asesinados. En apenas dos años, el primer mes del verano se cobró 18 vidas de mujeres y cuatro de sus hijos.

No se trata de una casualidad. Junio figura de forma recurrente entre los meses más letales para las víctimas de violencia de género y marca el inicio de un periodo especialmente peligroso. Los expertos apuntan a una combinación de factores que se repiten verano tras verano: el cambio de rutinas, el aumento de la convivencia con el agresor, las separaciones, el aislamiento y la pérdida temporal de algunas redes de apoyo.
El cambio de rutinas
El primer factor es el más evidente. Con la llegada del buen tiempo cambian los hábitos cotidianos. Las jornadas se alargan, aumentan las actividades al aire libre, las visitas a familiares y amigos, las escapadas, las vacaciones y el tiempo fuera del hogar.
Para muchas mujeres esto supone recuperar espacios de autonomía y libertad. Sin embargo, en las relaciones marcadas por la violencia de género esos cambios pueden ser interpretados por el agresor como una pérdida de control.
El médico forense y exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género, Miguel Lorente, lleva años explicando que la violencia machista no surge por discusiones puntuales ni por conflictos de convivencia. Su origen está en una dinámica de dominio y control. Cuando la mujer modifica sus rutinas, amplía sus relaciones sociales o toma decisiones de manera más autónoma, el agresor puede percibir que pierde la capacidad de controlar su vida.
Más tiempo de convivencia
A este factor se suma otro igualmente importante: el aumento de la convivencia. Las vacaciones escolares, los periodos de descanso laboral y los viajes familiares hacen que víctima y agresor compartan más tiempo bajo el mismo techo. Desaparecen muchas de las pausas que durante el resto del año proporcionan el trabajo, los estudios o las actividades diarias.
Ese incremento de horas juntos puede traducirse en más vigilancia, más control y más oportunidades para ejercer violencia psicológica, amenazas o aislamiento.
El verano de las rupturas
Los especialistas señalan además que el verano suele coincidir con momentos de reflexión y toma de decisiones dentro de las relaciones de pareja.
Muchas mujeres aprovechan el final del curso escolar o las vacaciones para plantearse una separación, iniciar una nueva etapa o comunicar una ruptura. Son momentos especialmente delicados porque el agresor puede interpretar que pierde definitivamente el control sobre la víctima.
Como recuerda Miguel Lorente, la separación no es la causa de la violencia, pero sí uno de los momentos de mayor riesgo cuando el agresor entiende que su posición de poder está siendo cuestionada.
Menos redes de protección
Durante el curso existen numerosos espacios que pueden actuar como elementos de detección temprana.
Compañeros de trabajo, profesores, personal sanitario, trabajadores sociales, vecinos o familiares observan cambios de comportamiento, señales de alarma o situaciones preocupantes.
Sin embargo, durante el verano muchas de esas rutinas desaparecen. Los colegios cierran, las vacaciones dispersan a familias y amistades y disminuyen los contactos habituales.
La consecuencia es que muchas mujeres quedan más aisladas precisamente cuando más necesitan apoyo.
Más control y más aislamiento
El verano también ofrece al agresor una mayor capacidad para controlar los movimientos de la víctima.
Con quién habla, a quién visita, cuánto tiempo permanece fuera de casa o qué planes realiza son aspectos que pueden convertirse en objeto de vigilancia constante.
Los expertos advierten de que el aislamiento es una de las herramientas más frecuentes utilizadas por los agresores. Cuanto más aislada se encuentra una mujer de su entorno, más difícil resulta pedir ayuda o encontrar apoyo.
Cuando el entorno baja la guardia
Existe un último factor que preocupa especialmente a las instituciones. Durante las vacaciones muchas personas bajan la guardia. Los vecinos pasan menos tiempo en sus domicilios, los compañeros de trabajo dejan de ver a la víctima diariamente y los círculos sociales se dispersan.
Por ello, las asociaciones de víctimas y los especialistas insisten en que el verano debe ser precisamente el momento de permanecer más atentos.

Un llamamiento a no mirar hacia otro lado
La delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Carmen Martínez Perza, en declaraciones a Artículo14 recuerda que “el riesgo de sufrir violencia de género aumenta en los periodos vacacionales, en concreto aumenta y lo vemos año tras año en los meses de verano”. Según explica, una de las principales razones es el incremento del tiempo de convivencia entre la víctima y el agresor.
Por ello, realiza un llamamiento a toda la sociedad para implicarse en la detección de posibles situaciones de riesgo. “Alertar, informar y denunciar es un asunto público, es cuestión de todos y de todas, tenemos el deber de estar ahí”, subraya.
La delegada pide a familiares, amistades, vecinos y compañeros de trabajo que no minimicen señales de alarma y que soliciten ayuda ante cualquier sospecha. Recuerda además que tanto las víctimas como su entorno pueden recurrir al 016, un servicio gratuito y confidencial disponible las 24 horas que ofrece información, asesoramiento jurídico y atención psicológica inmediata por teléfono, correo electrónico, WhatsApp y chat online.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

