Así viven las víctimas de trata los operativos policiales: “Cuando entra la Policía, ellas no sienten que las vienen a rescatar”

En conversación con Artículo14, la ONG Amar Dragoste explica cómo comienza un proceso de recuperación que puede durar años

La inseguridad de las mujeres prostituidas
KiloyCuarto

Fijémonos en este dato: 1.869.

Detrás de esa cifra hay 1.869 mujeres. 1.869 víctimas de trata y explotación. Todas ellas liberadas en un solo año en nuestro país. En 2025, la policía desarticuló 112 organizaciones y grupos criminales que utilizaban a las mujeres como moneda de cambio.

Y detrás de esas cifras hay escenas, terribles, que rara vez trascienden. Una realidad que rompe con la imagen habitual de un rescate: “Lo primero que veo cuando cruzo la puerta no es alivio. Es miedo”.

Kiersti Watt, coordinadora de la asociación Amar Dragoste, es testigo de esos operativos policiales.  Como coordinadora de la ONG especializada en la lucha contra la trata de personas y en el acompañamiento a las víctimas, apoya a los cuerpos de seguridad en estos operativos.

“Sienten la llegada de la policía como una amenaza”

Su prioridad: proteger a las vícitmas. Hacerlas sentir seguras.

Hoy describe a Artículo14 las escenas que, casi siempre, pasan desapercibidas en la sociedad. Lo que hay detrás de una de red de prostitución: pisos sin apenas luz, colchones compartidos, basura acumulada, habitaciones donde varias mujeres sobreviven hacinadas.

“Lo que más impacta es la expresión de ellas. No suelen vivir la llegada de la Policía como un rescate. Lo viven como una amenaza.”

13/07/2026 Detención de tres personas por prostituir a mujeres en locales del sur de Tenerife ESPAÑA EUROPA ISLAS CANARIAS SOCIEDAD POLICÍA NACIONAL
Agentes durante un operativo policial

Mientras los agentes terminan de asegurar el inmueble e identificar a las posibles víctimas, ella espera su turno. No entra para investigar un delito ni para interrogar a nadie. Su trabajo comienza cuando el miedo ya ha llenado toda la habitación.

Ella se presenta despacio: “Les digo que somos una ONG especializada y que estamos allí para ayudarlas. Que, si quieren salir de allí, existe un lugar seguro al que pueden ir. Que nadie las va a obligar.”

El primer objetivo es que, por primera vez en mucho tiempo, sientan que pueden decidir. Incluso si esa decisión es responder: “No me quiero marchar”.

Desmontar el miedo en 15 minutos

Muchas de las mujeres que atiende Amar Dragoste están convencidas de que la Policía ha entrado para detenerlas.

Durante meses —y, en ocasiones, durante años— sus explotadores les han repetido el mismo mensaje: que, por encontrarse en España en situación administrativa irregular o por ejercer la prostitución, acabarán siendo deportadas si hablan con las autoridades.

“Ellas vienen con experiencias muy duras con la policía en sus países de origen. Muchas asocian las fuerzas de seguridad con corrupción o violencia. Y además llevan meses escuchando que, si hablan, serán expulsadas. Así que cuando la Policía entra, creen que todo aquello era verdad”, explica Watt.

Por eso, la conversación nunca empieza hablando de trata. Empieza desmontando mentiras.

“Normalizan tanto la violencia que no saben cómo describirla”

Les explican que ejercer prostitución no constituye un delito en España y que la investigación no se dirige contra ellas, sino contra quienes las explotan. También que la intervención policial no responde a algo que hayan hecho, sino a una investigación previa sobre una organización criminal.

Watt debe intentar desmontar ese mundo manipulado en apenas 15 minutos: “Tenemos muy poco tiempo. En ese rato tenemos que generar confianza, entender su historia y detectar si detrás de lo que cuentan hay indicios de trata. Muchas ni siquiera son conscientes de haber sido víctimas.”

Hay mujeres que comenzaron a ser explotadas siendo niñas. Otras han normalizado tanto la violencia que ya no saben ni como describirla.

“Algunas creen que aquello siempre fue una decisión suya. Han vivido tantos años así que piensan que esa es su vida.”

B13. Barcelona, 10/02/06.- Uno de los momentos de la redada efectuada en un conocido local de Alterne de la calle Aribau de Barcelona en el que la Policía ha detenido esta madrugada a ocho mujeres extranjeras en situación irregular que ejercían la prostitución y ha citado a los dos dueños del establecimiento para que testifiquen por un presunto delito contra el derecho de los trabajadores. EFE[Imagen tomada de vídeo]
Una imagen de archivo de una redada de prostitución en Barcelona
Efe

“Denunciar también da miedo”

Cuando transcurren esos 15 minutos, toca salir del piso. Y eso significa sentirse libre.

Salomé Ballesteros, trabajadora social de Amar Dragoste, acompaña a muchas de ellas en uno de los momentos más difíciles: sentarse frente a un agente de Policía Nacional o Guardia Civil para denunciar.

“La desconfianza sigue ahí. Primero tenemos que construir un vínculo entre la mujer y la Policía o la Guardia Civil porque, por lo general, llegan con experiencias muy negativas de sus países.”

Revivir acompañadas

La denuncia obliga a revivir todo: cómo fueron captadas, quién las trasladó hasta España, qué deuda les impusieron, quién las amenazaba, qué sufrían cada día y quiénes integraban la red criminal.

Es entonces cuando aparecen el miedo, los nervios y la culpa.

“Muchas sienten que están siendo desleales con quienes las explotaban. Es una consecuencia de toda la manipulación psicológica que han sufrido. Nuestro trabajo consiste en recordarles que esas personas solo buscaban aprovecharse de ellas.”

También hay detalles que pueden marcar la diferencia.

“Cuando tienen que describir episodios de violencia sexual es muy importante que puedan hacerlo acompañadas por otra mujer. Si quien toma declaración es un hombre, siempre intentamos que exista sensibilidad para que puedan relatar esos hechos con la mayor intimidad posible.”

El operativo policial es solo el principio

La imagen pública de una operación policial suele terminar cuando los agentes abandonan el edificio y los detenidos suben al coche patrulla.

Para Amar Dragoste, ese es solo el principio. Si una mujer decide salir de la red, son ellas quienes la trasladan a un lugar seguro, quienes la acompañan durante la denuncia y quienes permanecen a su lado durante un proceso judicial que puede prolongarse seis, siete o incluso ocho años.

“Nuestro trabajo empieza el día del operativo y termina cuando termina su proceso de recuperación. Y eso puede ser muchos años después.”

“Trabajamos desde la confianza para que haya justicia”

Ese acompañamiento, explica Watt, no solo protege a las víctimas. También resulta clave para que las investigaciones prosperen.

“Trabajamos desde la confianza con la Policía Nacional y la Guardia Civil. Esa coordinación permite garantizar los derechos de las mujeres y también perseguir el delito. Si ellas confían, pueden declarar. Si pueden declarar, es mucho más probable que haya justicia.”

Porque antes de que exista una denuncia, antes incluso de que una mujer se atreva a decir su nombre, hay un paso mucho más difícil: conseguir que, por primera vez en mucho tiempo, crea que la persona que tiene delante no ha venido a utilizarla, sino a ayudarla.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.