Se fueron avisando unas a otras, sin hacer ruido. Este viernes, las mujeres que ven en este reportaje, acudieron a la rueda de prensa del alcalde de Valladolid con unos cuantos folios y una idea sencilla: recordar al Ayuntamiento algo que las leyes llevan años reconociendo.
Esperaron en silencio. Cuando Jesús Julio Carnero, el alcalde de Valladolid, terminó de presentar la campaña municipal contra las agresiones sexistas y comenzó a responder a los periodistas, levantaron sus carteles: “VIOLENCIA DOMÉSTICA NO ES IGUAL QUE VIOLENCIA DE GÉNERO”.
No hubo gritos ni consignas. Solo un grupo de mujeres tratando de explicar por qué una palabra puede cambiar la forma en la que se reconoce y protege a una víctima. Y por qué eliminarla de un protocolo municipal no es, para ellas, una simple modificación administrativa.
Para el Ayuntamiento violencia domestica es violencia de género
Todo ha sucedido mientras la ciudad se preparaba para sus días grandes. La Virgen de San Lorenzo vuelve a las calles, los conciertos llenan las agendas y el Ayuntamiento presenta sus Puntos Violeta para unas fiestas libres de agresiones sexistas.

Todo muy bien hasta que una mira los papeles.
Mientras el Ayuntamiento habla de prevenir la violencia contra las mujeres, su Gobierno decidía hace solo unas semanas que en el protocolo de acceso al parque público de viviendas de Valladolid (VIVA) ya no hace falta incluir a las víctimas de “violencia de género”. Basta con incluir a las de “violencia doméstica”.
La explicación, dice el consistorio, es que este último es un término más amplio y que las víctimas de violencia de género siguen estando incluidas. Todo dentro. Todo junto. Todo para todos.
El lenguaje sí importa
¿Qué importa entonces que hace décadas se reconociera por ley que existe una violencia específica contra las mujeres? ¿Qué importa haberle puesto nombre, haberla reconocido y haber creado herramientas para proteger a quienes la sufren, si ahora podemos meterla toda dentro de un concepto más amplio y dar el asunto por resuelto?
Esas son las preguntas que desde hace días hacen las feministas vallisoletanas al Gobierno de Jesús Julio Carnero. Preguntas, aseguran, que no fueron respondidas.
Asique este viernes hay mujeres que han decidido que, aunque ya está bien de explicarlo, iban a intentarlo una vez más.
Cuando el alcalde- en rueda de prensa tras su presentación de la campaña ‘Valladolid Libre de Agresiones Sexistas’- empezaba a responder a los periodistas, las mujeres levantaron papeles: “VIOLENCIA DOMÉSTICA NO ES IGUAL QUE VIOLENCIA DE GÉNERO”.
No es “solo” un termino
La imagen —mujeres pidiendo garantías para las víctimas frente a un Gobierno municipal que acaba de presentar una campaña contra las agresiones sexistas— quizá sea la mejor manera de resumir lo ocurrido estas últimas semanas en Valladolid.
Un Ayuntamiento que dice que protege a todas las víctimas y unas mujeres que le están pidiendo que escriba, negro sobre blanco, que las víctimas de violencia de género existen.
“No es una pelea por una palabra”, cuenta Dunia Etura a Artículo14. “Es el motivo por el que deja de estar ahí”.
Como directora de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid y representante del Consejo Municipal de las Mujeres, Etura tiene una pregunta que se ha convertido en el centro de la protesta:“¿En qué mejora el protocolo de VIVA que desaparezca el concepto de violencia de género?”
“¿En qué mejora el protocolo?”: No sé, no respondo
Todo empezó con un cambio en el protocolo de VIVA. Entre las modificaciones destinadas a agilizar y simplificar el procedimiento desapareció la referencia específica a las víctimas de violencia de género, que hasta entonces, contaban con una puntuación propia para acceder a estas viviendas.
En su lugar apareció la violencia doméstica.
Desde entonces, las organizaciones de mujeres llevan advirtiendo al consistorio del retroceso y del peligro que puede provocar este borrado. Etura, de hecho, planteó directamente al concejal responsable del asunto la pregunta que, para ellas, concentra todo el conflicto.
“No han sido capaces de explicarnos”
La respuesta, según cuenta, no llegó: “En nada, pero no han sido capaces de explicarnos, de darnos respuesta a esa pregunta”.
Y ahí está buena parte de la preocupación. Las mujeres no se oponen a que se proteja también a las víctimas de violencia doméstica. Al contrario. Lo que defienden es que ampliar la protección no exige eliminar una categoría específica.

Su propuesta es sencilla: “violencia doméstica y/o de género”. Que estén las dos. Porque no son lo mismo.
La violencia doméstica puede tener como víctimas a mujeres, hombres, menores o personas mayores. La violencia de género tiene un reconocimiento jurídico específico y responde a una violencia que sufren las mujeres por el hecho de serlo.
No es una distinción inventada ahora para una pelea política. Está en nuestra legislación.
Por eso el Consejo de las Mujeres reclama que vuelva a aparecer de forma expresa en el protocolo de VIVA y que las víctimas de violencia de género mantengan su consideración específica como colectivo prioritario.
El alcalde no cede
Carnero, sin embargo, no cede. Su explicación tampoco ha variado: sostiene que las víctimas de violencia de género siguen incluidas y que el nuevo protocolo, lejos de perjudicarlas, mejora su atención.
Pero las mujeres no están pidiendo que el alcalde prometa que todo seguirá igual. Están pidiendo que esté escrito.
“Nos parece muy bien que el alcalde siempre hable de su voluntariedad”, explica Etura. Incluso que diga que “pone la mano en el fuego” porque ninguna mujer víctima de violencia de género se quedará sin acceso a esas ayudas.
Pero “el alcalde, unipersonalmente, no es quien decide esas cosas. Y no pararemos hasta que rectifique”.
Tiene que estar escrito. Tiene que estar en el protocolo, dicen.
Porque una cosa es que Carnero asegure que ninguna mujer quedará fuera y otra que esa protección aparezca expresamente reconocida en el documento que regula el acceso a esas viviendas.
Ahí está la diferencia. Y por eso la explicación municipal resulta tan difícil de digerir para las organizaciones: si incluir la violencia doméstica mejora el protocolo y no pretende sustituir ni rebajar la protección de las víctimas de violencia de género, ¿qué problema hay en que aparezcan las dos?
Es la pregunta que llevan semanas haciendo y sigue sin respuesta: “Por eso decidimos venir hasta aquí. Hasta esta rueda de prensa, en silencio, de forma pacífica. Para seguir pidiendo explicaciones que no quieren dar”.
“No podemos ser el laboratorio de la ultraderecha”
Para entender por qué Dunia Etura utiliza una palabra tan contundente como “laboratorio”, hay que mirar un poco más allá de Valladolid.
La sustitución de la violencia de género por conceptos como violencia intrafamiliar o doméstica lleva años formando parte del discurso de Vox y ha aparecido en distintos acuerdos de gobierno con el PP.
En Castilla y León, el pacto que ambos partidos firmaron en 2022 incluyó el compromiso de impulsar una ley de violencia intrafamiliar. La misma batalla terminológica ha aparecido en otros territorios donde PP y Vox han compartido gobiernos.
No todos los casos son iguales. Ni todos los gobiernos han aplicado exactamente las mismas medidas.
Pero para las organizaciones feministas el patrón es suficientemente reconocible como para que lo ocurrido en Valladolid no pueda analizarse como una simple modificación administrativa.
Primero una palabra. Después otra. Después una categoría.
Y mientras tanto, la violencia de género se va diluyendo dentro de conceptos cada vez más amplios.
“Esto es algo que van a hacer y que, si resulta que no conseguimos que dé marcha atrás, van a hacerlo en muchísimas más cosas. Una vez que ya está hecho en una, lo harán en muchas”, advierte Etura. “Este es su laboratorio”.
Un laboratorio, dice, para comprobar hasta dónde puede llegar la ultraderecha con el borrado de la violencia de género.
Y ellas ya han dejado claro que no están dispuestas a que Valladolid sea el experimento.
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