¿Qué lleva a alguien a ayudar a un asesino machista? ¿Qué hace que un amigo, un familiar o un conocido participe en la ocultación de un crimen?
Para Miguel Lorente, médico forense y exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género, no es un fenómeno nuevo ni excepcional. “Hay gente que sabe que su amigo, su hermano, su hijo o su padre es un maltratador y no hace nada”, explica. Lo que aparece después de un asesinato —la ayuda para ocultarlo, el silencio, la llamada que no se hace— forma parte, a su juicio, de una cultura que ya había tolerado la violencia anterior.
Este año, al menos cuatro personas han sido detenidas por encubrimiento en dos asesinatos machistas: el de Cristina, en Rincón de la Victoria, y el de Meriane, en Benidorm. En ambos casos, los investigadores sostienen que los presuntos asesinos recibieron ayuda después de matar.
Cristina y el pozo de Rincón de la Victoria
Cristina tenía 35 años y llevaba desaparecida desde el 31 de marzo cuando su cuerpo apareció el 1 de julio en un pozo de Rincón de la Victoria, en Málaga. Su expareja confesó el asesinato y señaló a los agentes el lugar en el que había ocultado el cuerpo.

Junto a él fueron detenidas otras dos personas. Un hombre ingresó en prisión provisional investigado por encubrimiento. Una mujer, pareja de ese investigado, quedó en libertad con medidas cautelares por el mismo delito.
La instrucción tendrá que determinar qué hizo cada una de las personas detenidas y cuál fue su participación concreta. Pero el caso dejó una escena que se repite en las investigaciones por encubrimiento: el hombre que asesina no siempre intenta borrar las huellas de lo ocurrido solo.
Los dos detenidos por el asesinato de Meriane
A finales de septiembre, la Policía Nacional detuvo en Benidorm a otros dos hombres por encubrimiento tras el asesinato machista de Meriane, una mujer brasileña de 33 años.
Según las primeras pesquisas, su pareja la asesinó en el domicilio que compartían y después intentó deshacerse de su cuerpo en una zona rural entre Benidorm y Finestrat. Los dos detenidos habrían colaborado en el traslado: uno facilitó el vehículo y el otro ayudó a mover el cuerpo.
Fueron ellos quienes acudieron después a la comisaría para comunicar que el presunto asesino les había confesado que había matado a su pareja. A partir de ese aviso, los agentes localizaron el cuerpo y detuvieron al presunto asesino.
El vínculo con el agresor
Lorente sitúa el vínculo afectivo en el centro de esta clase de conductas. “Cuanto mayor es el vínculo, más grave es el crimen que estás dispuesto a ocultar”, afirma.
No se trata solo de lealtad. El médico forense señala el peso de las justificaciones que acompañan a la violencia machista y que colocan el foco sobre la víctima. “Igual que cuando alguien le pega un bofetón a una mujer se piensa ‘algo habrá hecho’, cuando la asesinan también se tiende a justificar: ‘no está bien, pero ella le provocó’”.
La cercanía con el agresor modifica la forma en que se interpreta lo que ha hecho. “Hay una carga crítica hacia la mujer, no hacia la agresión”, sostiene Lorente.
Para explicarlo, propone una comparación incómoda: “Si alguien mata a un niño, lo ves como algo gravísimo. Pero si mata a su pareja, aparecen las justificaciones: ‘algo habrá hecho’, ‘se le fue la mano’, ‘lo había dejado’, ‘le había sido infiel’”.
La diferencia, dice, no está en el daño causado, sino en la forma en que la cultura machista ha enseñado a mirar los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas. “No se juzga el crimen, sino a la víctima”.
“Esa pasividad encubridora existe todos los días, aunque no la veamos”, concluye Lorente.
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