El nombre que ni el CSIC ni el mar podrá borrar: Mari Carmen Fernández Vázquez

¿Qué pasa cuando una mujer desaparece en mitad del océano tras haber denunciado una agresión sexual en su propio barco? Charlamos con Lara Graña, la periodista que investigó la desaparición de Carmen Fernández Vázquez

Mari Carmen Fernández Vázquez (i) y la periodista Lara Graña
Mari Carmen Fernández Vázquez (i) y la periodista Lara Graña
Salvados/Cedida

Es fin de semana e imagino que llevaba días esperando esta pausa (si está trabajando, quizá esa pausa sea aún más ansiada).

Ese vino tranquilo, la calma del café, un paseo sin prisa, la conversación pendiente con una hermana, una madre, una amiga. A veces buscamos esos momentos; otras, simplemente, llegan. Y cuando llegan, te cambian el día. Te cambien el cuerpo.

Como la conversación que se cuela hoy en Artículo14 con la periodista de investigación en El Faro de Vigo, Lara Graña. Lo que hoy sucede aquí es un refugio entre mujeres que empieza hablando de otra mujer: Mari Carmen Fernández Vázquez, camarera desaparecida hace tres años en alta mar a bordo del buque oceanográfico del CSIC García del Cid.

El mismo buque donde, tiempo antes, Mari Carmen había denunciado una agresión sexual por parte de un compañero con el que el sistema la obligó a seguir compartiendo espacio de trabajo.

Compartir el peso de investigar y denunciar la violencia sexual

Hablar con Lara de Mari Carmen es, al final, mirarnos a nosotras mismas. En las violencias que nos atraviesan, en quienes las investigan y en ese frío oceánico que a veces se siente al hacer preguntas necesariamente incomodas.

«Creo que nos sentimos súper solas muchas veces las periodistas que hacemos este tipo de trabajos», me dice Lara nada más empezar, con la honestidad a flor de piel. Por eso reconforta cruzarse en el camino: «Somos pocas, pero somos. Es vital que nos hablemos, nos conozcamos y compartamos este peso, porque buena falta hace».

La periodista Lara Graña
Cedida

Lara lleva tres años haciendo preguntas: al aire, a los papeles y a las instituciones pertinentes. Cuando tropezó con Mari Carmen, con su desaparición, no intuía ni de lejos, dice, lo que significaría para ella: descolocar los cimientos de su propia profesión.

Mari Carmen como “mujer y como persona, no como caso”

Ella venía de un terreno periodístico muy distinto. Investigaba estafas empresariales, concursos de acreedores, despidos colectivos, querellas y demandas. “Trabajaba con números”, dice. Y este dato, quiere que lo tengamos presente. Era su hábitat cotidiano.

Hasta que llegó aquella llamada del abogado de la familia tras la noticia de la desaparición de una tripulante frente a las costas de Gandía durante una campaña oceanográfica.

La única manera que tuvo de seguir trabajando en el caso de Carmen cuando empezó a encontrarse con todos los silencios que rodearon su desaparición fue pensar en ella como “mujer y como persona, no como caso”, cuenta.

Buque García del Cid del CSIC
laSexta

El letrado le dio los trazos humanos y el contexto que lo cambió todo: la mujer desaparecida se llamaba Mari Carmen, era madre de tres hijos —dos de ellos menores— y guardaba en el archivo una denuncia por agresión sexual en su propio camarote a manos de otro tripulante de la misma embarcación. «Claro, joder, yo en ese momento alucino», recuerda Lara.

A partir de ahí arrancó un minucioso trabajo de investigación periodística que chocó de inmediato contra la opacidad institucional.

El (inquebrantable) muro institucional: “Queda mucha tela que cortar”

Lara empezó a llamar (una y otra y otra vez, hasta agotar las vías existentes) en las puertas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) por escrito.

Preguntó una vez. Preguntó otra. Solo encontró silencio. A falta de transparencia institucional -extraña práctica que se empeñan en compartir según qué casos nuestras instituciones- la periodista logró verificar la información y publicó que Carmen había denunciado una agresión sexual previa en su camarote, destapando las sombras que rodeaban al caso.

En la búsqueda de la verdad, cuando los canales ordinarios de comunicación se cerraron, Lara acudió al Portal de Transparencia, “como una ciudadana particular más”: solicitó documentación interna, buscó actas, revisó protocolos y rastreó expedientes.

Cuestionó – y sigue haciéndolo- la gestión directiva y puso la lupa sobre fallos de protección sistemáticos: Mari Carmen había solicitado expresamente no volver a coincidir en el mismo buque con el hombre al que había denunciado, una petición que no impidió que volviera a verse obligada a embarcar con él.

Lara investigó también el tratamiento posterior de la desaparición y la bruma que envolvió al García del Cid, un buque veterano que terminó siendo enviado al desguace sin que la alta dirección de la institución ofreciera explicaciones públicas y transparentes sobre su retirada o sobre lo acontecido en sus pasillos.

“En casa, cuando hablo de Carmen, todos saben de quien hablo”

Durante todo este proceso, la ausencia de Mari Carmen empezó a hacerse un hueco físico en la vida de la periodista. Sus familias no se conocían, aunque ambas hundían sus raíces en las Rías Baixas, en el municipio pontevedrés de Cangas de Morrazo. Sin embargo, hoy, cuando Lara pronuncia su nombre en casa, todo el mundo sabe de quién habla.

«Se convirtió en alguien latente en mi cabeza. Me he imaginado un montón de cosas sobre ella, probablemente el 90% me lo haya inventado. Pero era la única manera que encontré para seguir trabajando ante tanto silencio: pensar en Carmen como mujer, ponerle cuerpo y dolor, y no tratarla como un expediente».

Una mujer, no unas siglas: “Mari Carmen no se llamaba MCFV”

A los números no se les ponen ojos ni lágrimas. A Carmen, sí. «Lo llevé a máximos para sentirme acompañada por la imagen que yo misma me construí de ella. Necesitaba que fuera alguien».

Por eso hoy aún duele tanto la frialdad burocrática con la que se trató a Mari Carmen. Cuando el CSIC despachó su pérdida en un comunicado interno bajo las iniciales «MCFV», a Lara le ardió la indignación: «Me parece impúdico y vergonzante que ni en ese momento la nombres. Se llamaba María del Carmen Fernández Vázquez. La madre, la amiga, la hija. No tres siglas heladas».

Brechas sin cerrar

Tres años después, quedan brechas sin cerrar. «Estoy decepcionada. Tengo un montón de interrogantes que no he conseguido contestar». Pero el intento, la periodista, ha abierto ventanas por las que ha entrado luz y también un tufo amargo a realidad.

Antes de Mari Carmen, Lara tenía al CSIC «por las nubes», pero la investigación le demostró que la violencia machista no entiende de prestigio académico ni institucional. Tras la publicación de sus artículos, otros trabajadores de la institución la buscaron para compartir situaciones similares de acoso laboral, sexual y por razón de sexo, revelando que los abusos no solo ocurrían a bordo de los buques oceanográficos, sino también en las oficinas y centros de investigación en tierra.

Ahí brota el aprendizaje más íntimo de Lara (y ahora también, deseo, un poco el de todas): el periodismo no puede ser un espectador pasivo que se limite a esperar a que las historias lleguen a la redacción. «Hace falta un periodismo de investigación independiente, desde un punto de vista feminista y 100% proactivo. Que cualquier mujer que esté sufriendo este tipo de circunstancias sepa que puede confiar en ti para sacarlo a la luz, corregir errores y depurar eventuales responsabilidades. Que sepan que están  acompañadas”.

Usó esa palabra: acompañadas. Para las que sufren y para las que cuentan. Una alianza pura: “Somos pocas, pero somos. Y la basura guardada debajo de la alfombra huele mal desde hace muchísimo tiempo”.

“Nos educaron en una sociedad superpatriarcal donde aprender a no mirar lo evidente”

La investigación deja al descubierto los vacíos en la protección de las trabajadoras, el desguace silencioso de las pruebas o las naves, y la distancia de la alta dirección. Pero en ese examen, Lara tampoco se quita la culpa de encima: “Nos educaron en una sociedad superpatriarcal donde aprendes a no mirar lo que salta a la vista de manera tan evidente”.

Hoy, sin todas las respuestas en la mano tras años de pesquisas y llamadas sin contestar, a Lara le queda al menos un poso de serenidad profesional y, sobretodo, humana. “Estoy un poco en paz conmigo misma, porque lo he intentado todo”.

Hoy aún, tres años después, no sabemos qué ocurrió exactamente en mitad del mar aquella noche del 9 de septiembre. Lo que sí sabemos es que Mari Carmen existió. Tuvo luces y tuvo sombras. Risa y miedo. Tuvo tres hijos. Fue madre, hermana y amiga. Y antes de convertirse en un mero trámite administrativo para las instituciones, también fue víctima de violencia machista.

Hoy, tres años después, la certeza es que sigue habiendo compañeras al otro lado de la libreta que se niegan a soltar su mano: gracias, Lara Graña.

 

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.