Iglesias como puntos violeta: la polémica medida en Zaragoza que critican las víctimas

Tras eliminar los puntos violeta en las fiestas patronales, el Ayuntamiento de Zaragoza convierte cinco parroquias en espacios para que las mujeres denuncien

Las parroquias serán puntos violeta
Las parroquias serán puntos violeta
KiloyCuarto

La mañana en que se presentó la iniciativa, las puertas del Ayuntamiento de Zaragoza se abrieron a una escena poco habitual: Sotanas, técnicos municipales, cámaras y un discurso institucional que hablaba de “capilaridad”, “confianza” y “romper el silencio”. A un lado, la alcaldesa Natalia Chueca; al otro, el arzobispo Carlos Escribano; y en medio, una idea que ha encendido el debate en la ciudad: convertir cinco parroquias en puntos seguros de detección y derivación para mujeres víctimas de violencia machista.

La propuesta nace de un convenio entre el Ayuntamiento y el Arzobispado de Zaragoza y, según el consistorio, responde a una premisa sencilla: hay mujeres que siguen sufriendo en silencio y que no llegan a los recursos existentes. “Pocos puntos como una iglesia para generar esa confianza y poder romper el silencio”, defendió la alcaldesa durante la presentación.

Desde el Ayuntamiento insisten en que el objetivo no es sustituir ningún servicio, sino ampliar la red de detección. En una respuesta oficial remitida tras la polémica, el consistorio subraya que la iniciativa “fue una propuesta del Arzobispado de Zaragoza, con la que el Ayuntamiento ha querido colaborar porque la lucha contra la violencia machista debe implicar a toda la sociedad”

El Ayuntamiento de Zaragoza ya eliminó los puntos violeta en las pasadas fiestas
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Y añade: “Este programa no trata, en absoluto, de sustituir los servicios especializados ni a los profesionales ni a las fuerzas de seguridad, sino que busca complementar y aportar información de los recursos municipales, con el objetivo de derivar a las mujeres a la Casa de la Mujer”.

Las iglesias como nueva puerta de entrada

Los templos seleccionados, Nuestra Señora de Montserrat, San Lamberto, Santa Engracia, San José de Pignatelli y Sagrada Familia, se incorporarán a una red de espacios que ya incluye centros deportivos, taxis, peñas, locales de ocio nocturno o comercios. Todos ellos forman parte de la estrategia municipal de “puntos seguros”.

El Ayuntamiento defiende que Zaragoza “lleva muchos años demostrando su compromiso con la igualdad y contra la violencia machista”, con una red de atención que en el último año asistió a 931 mujeres, 570 de ellas nuevos casos.

En su comunicado, el consistorio insiste en la lógica de continuidad: “Esta iniciativa complementa otras impulsadas para ampliar la red de espacios seguros de la ciudad”. La formación a párrocos y voluntarios comenzará en las próximas semanas. Aprenderán protocolos de escucha, detección de riesgo y derivación a servicios especializados. El papel de las parroquias, recalcan, será el de un primer contacto: nunca atención directa.

Fe, confianza y una línea delicada

En el acto de presentación, el arzobispo defendió la iniciativa como una forma de aprovechar la cercanía de las parroquias en los barrios. El Ayuntamiento insiste en ese mismo argumento: “Las parroquias actuarán únicamente como espacios de acogida inicial, escucha y derivación a los profesionales competentes”.

La Archidiócesis, por su parte, también ha salido al paso de la polémica. En un comunicado afirma que “Parroquias Seguras no sustituye en ningún caso a los servicios públicos especializados” y que el proyecto “nace para facilitar el acceso a esos recursos, actuando las parroquias como espacios de acogida, escucha y derivación”. Añade además que no existe contraprestación económica y que la participación se realiza desde el voluntariado. “La colaboración se hace desde el compromiso social de las comunidades cristianas”, señala.

La crítica de las asociaciones: “No es un lugar seguro”

Pero mientras en el Ayuntamiento se hablaba de cooperación institucional, en otros puntos de la ciudad la noticia generaba rechazo inmediato. La Asociación Somos Más, formada por supervivientes de violencia de género, ha sido una de las voces más contundentes. “Queremos hacer llegar a la ciudadanía nuestro enfado y malestar no solo por la última noticia, sino por el tsunami de acontecimientos al que intenta acostumbrarnos la regencia de este Ayuntamiento”, señalan en su comunicado.

Un punto violeta en Zaragoza
Ayuntamiento de Zaragoza

La crítica no se limita a esta medida, sino a lo que consideran una tendencia: sustituir “puntos violeta” por “puntos seguros” y ahora incorporar iglesias. “Lo que se oculta y se diluye, desaparece y deja de existir”, denuncian. Su posición es tajante: “Una iglesia NO es un punto de atención a una víctima de violencias machistas. Un cura NO está preparado para atender como se debe a una víctima”. Y cuestionan con dureza el enfoque: “¿Que aguantemos hasta que la muerte nos separe? ¿O hasta que la muerte nos encuentre a manos de un maltratador?”. Para ellas, el problema no es solo técnico, sino simbólico. El primer contacto, advierten, puede marcar la diferencia en un proceso de denuncia.

La mirada profesional: límites y riesgos

La psicóloga especializada en trauma y apego Emma Iglesias introduce una lectura más clínica del conflicto. A su juicio, este tipo de iniciativas deben analizarse desde el impacto emocional en las víctimas. “Cuando no hay cuerpo, hay una parte de toda familia que sigue en modo búsqueda”, explica, en referencia a casos como los que han marcado la agenda mediática reciente en España.

También advierte del impacto de la exposición institucional del dolor: “El malestar no es desproporcionado ni patológico; es una respuesta coherente ante una situación de daño activo”. Y añade una idea clave sobre el acompañamiento: “No podemos empujar a las víctimas hacia una paz que la realidad no permite. Lo primero es validar su experiencia”.

Un debate que va más allá de Zaragoza

La medida ha abierto una discusión más amplia sobre los límites de la colaboración entre instituciones civiles y religiosas en la atención a la violencia de género. El Ayuntamiento insiste en que el sistema es complementario y que forma parte de una estrategia más amplia de detección temprana. “La lucha contra la violencia machista debe ser una tarea que implique a toda la sociedad”, recalca en su respuesta oficial.

Pero para las asociaciones, ese argumento es precisamente el problema: diluir la atención especializada en una red demasiado amplia puede generar confusión en las víctimas. “Menos dinero a las iglesias y más medios para las asociaciones que tratamos con víctimas 24/7”, reclaman desde Somos Más.

Entre dos modelos de protección

En el fondo del debate late una pregunta difícil de resolver, quién está preparado para ser el primer punto de contacto de una víctima de violencia machista. El Ayuntamiento sostiene que ampliar la red es clave para llegar a más mujeres. Las asociaciones advierten de que no todos los espacios son adecuados. La Archidiócesis defiende que su papel es humilde y derivador.

Y entre esas tres posiciones se sitúa una realidad compleja: Mujeres que todavía no han pedido ayuda, que no han cruzado ninguna puerta, y que quizá solo lo harán si sienten que el lugar al que entran es seguro de verdad.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.