Playas llenas, prostíbulos también: así transforma el verano el negocio de la prostitución

Allí donde crecen el turismo, la fiesta y el anonimato, también aumenta la demanda de prostitución

Personas en una playa.
Personas en una playa.
Ana Capdepón

Cuando las playas se llenan y las terrazas rebosan, también se mueve un negocio mucho menos visible. Mientras millones de personas hacen las maletas rumbo a la costa para disfrutar de sus vacaciones, otras mujeres recorren el camino contrario al ocio: son trasladadas a los principales destinos turísticos porque allí donde crecen el turismo, la fiesta y el anonimato, también aumenta la demanda de prostitución. No es una imagen que aparezca en los folletos de viaje ni en las campañas de promoción estival, pero forma parte de una realidad que las entidades especializadas llevan años denunciando.

Cada verano, el debate suele centrarse en la masificación turística, el precio de los alojamientos o la saturación de las playas. Mucho menos se habla de cómo ese mismo fenómeno repercute en uno de los negocios más lucrativos de la explotación de mujeres. ¿Realmente aumenta la prostitución durante los meses estivales o lo que cambia es la forma en la que opera?

Para Carolina Pulido, experta en igualdad y violencia de género, la respuesta obliga a mirar más allá de las cifras. La ausencia de datos oficiales suficientemente completos dificulta medir con precisión el fenómeno, pero quienes trabajan sobre el terreno sí detectan patrones que se repiten cada año.

No aumenta solo la prostitución, aumenta quien la consume

Hablar de un incremento de la prostitución durante el verano puede resultar simplificador. Lo que cambia, según explican las organizaciones que atienden a mujeres en contextos de prostitución, es el escenario en el que se desarrolla y, sobre todo, el volumen de hombres que pagan por acceder al cuerpo de las mujeres.

Carolina Pulido subraya que el foco debe ponerse precisamente ahí: “Es difícil cuantificar un incremento de la prostitución durante el periodo estival porque no existen datos oficiales suficientemente completos sobre un fenómeno que, en gran medida, permanece oculto. Sin embargo, las entidades que trabajan directamente con mujeres en contextos de prostitución sí observan un cambio claro en el escenario. Muchas mujeres son desplazadas hacia zonas de costa y destinos turísticos, donde aumenta la demanda”.

La especialista insiste en que el verano reúne varios factores que alimentan ese incremento del consumo. “Más que hablar únicamente de un aumento de la prostitución, habría que hablar de un incremento del consumo de prostitución. El verano concentra más turismo, más ocio nocturno y un contexto de mayor anonimato y desinhibición, factores que favorecen el crecimiento de la demanda masculina y, con ella, el desplazamiento de los circuitos de prostitución”, explica.

No se trata únicamente de una cuestión estacional. El verano funciona como un acelerador de dinámicas que ya existen el resto del año. Allí donde aumenta el número de potenciales clientes, el mercado responde.

Las redes criminales

La movilidad no afecta solo a las mujeres, las organizaciones criminales también adaptan sus estrategias para aprovechar ese incremento del consumo. Pulido explica que la trata con fines de explotación sexual responde a una lógica económica muy concreta. “La trata con fines de explotación sexual responde a la misma lógica que cualquier mercado ilícito: se desplaza allí donde existe demanda. Si durante el verano aumenta el consumo de prostitución en determinados destinos turísticos, las redes criminales adaptan también su actividad a esos espacios”.

Eso no significa necesariamente que surjan nuevas mafias cada verano. Lo que ocurre, señala, es una reorganización de las ya existentes: “Es habitual que las entidades especializadas detecten una mayor presencia de situaciones de explotación sexual en zonas costeras y enclaves turísticos durante los meses de verano. No significa necesariamente que aparezcan nuevas redes, sino que las ya existentes reorganizan sus circuitos para responder a un incremento de la demanda”. Detrás de ese movimiento existe una estructura perfectamente organizada que traslada mujeres allí donde el negocio promete mayores beneficios durante unas semanas especialmente rentables.

El verdadero motor del negocio

Cuando se habla de prostitución, gran parte del debate suele girar alrededor de las mafias. Sin embargo, la experta considera que reducir el problema únicamente a las organizaciones criminales deja fuera el elemento esencial. “Los principales beneficiarios son, en primer lugar, quienes obtienen beneficios económicos de la explotación sexual de las mujeres, especialmente las redes criminales que controlan estos circuitos. Pero también se benefician determinados sectores económicos cuando la prostitución queda integrada como un elemento más de la oferta de ocio de algunos destinos turísticos”, afirma.

No obstante, insiste en que la raíz del problema no puede desligarse de quienes pagan: “Es importante no perder de vista que el verdadero motor del negocio es la demanda. Sin hombres que paguen por acceder al cuerpo de las mujeres, este mercado no existiría. Las organizaciones criminales simplemente aprovechan ese incremento estacional del consumo y reorganizan sus dinámicas para maximizar los beneficios”.

La reflexión desplaza el foco desde la oferta hacia quienes sostienen económicamente el sistema y recuerda que el negocio no se mantiene únicamente por la existencia de redes criminales, sino porque existe un mercado dispuesto a consumir.

Más aislamiento y mayor riesgo de violencia

El traslado de mujeres hacia zonas turísticas también implica un aumento de su vulnerabilidad. Muchas llegan a lugares donde no conocen a nadie, alejadas de cualquier red de apoyo y con mayores dificultades para acceder a recursos especializados. Pulido advierte de que el contexto vacacional añade factores de riesgo: “Muchas son trasladadas lejos de los lugares donde cuentan con referencias o apoyos, lo que incrementa su aislamiento y dificulta el acceso a recursos especializados”.

A ello se suma el ambiente propio de las vacaciones. “El contexto vacacional suele estar asociado al consumo de alcohol y otras sustancias, así como a una mayor sensación de impunidad y anonimato por parte de quienes demandan prostitución. Esa combinación puede favorecer conductas más agresivas, una mayor presión para aceptar prácticas de riesgo y situaciones de violencia que resultan más difíciles de denunciar”, agrega. El resultado es un escenario donde la explotación permanece aún más oculta mientras aumenta la exposición a situaciones de violencia que rara vez trascienden.

Varios centenares de personas congregándose a las puertas del palacio de justicia de Murcia para protestar por las resoluciones de los juicios de 7 empresarios que pertenecían a una red de prostitución con menores de edad.
EFE

La prevención también pasa por hoteles y alojamientos

Para la experta, combatir esta realidad exige actuar en varios niveles. A largo plazo, considera imprescindible intervenir sobre la demanda masculina para romper el motor económico que sostiene la explotación sexual. “La medida más eficaz a largo plazo pasa por actuar sobre la demanda de prostitución y dejar de situar toda la responsabilidad sobre las mujeres. Mientras exista una demanda elevada seguirán existiendo redes que obtengan beneficios de la explotación sexual”, sostiene.

Mientras tanto, cree que durante los meses de verano deben reforzarse especialmente los mecanismos de detección en los lugares donde la explotación permanece más invisibilizada. En ese sentido, destaca iniciativas como el proyecto europeo HOST, impulsado por Fundación Amaranta, que busca implicar al sector turístico en la identificación temprana de posibles víctimas.

“Capacitar al personal de hoteles y alojamientos turísticos para identificar indicadores de control, coerción o acompañantes sospechosos, establecer protocolos de actuación claros y mejorar la coordinación entre establecimientos turísticos, empresas de ocio nocturno, fuerzas y cuerpos de seguridad y entidades especializadas puede marcar una diferencia importante en la identificación temprana de las víctimas”, explica.

Porque mientras miles de turistas hacen el check-in para comenzar sus vacaciones, otras mujeres llegan a esos mismos destinos sin haber elegido estar allí. Y detrás de cada habitación ocupada, de cada noche de fiesta y de cada playa abarrotada, también puede esconderse una realidad que solo se hace visible cuando alguien decide mirar más allá del escaparate del verano.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

TAGS DE ESTA NOTICIA