Apunta la novela que ha enamorado a Julia Otero: “Les advierto que se van a emocionar con su historia”

Ousman Umar relata su travesía desde Ghana hasta Barcelona y cómo transformó aquella experiencia en un proyecto educativo para otros jóvenes

Julia Otero - Cultura
Una fotografía de archivo de la periodista.
Onda Cero

Hay libros que nacen de la imaginación y otros que parecen imposibles precisamente porque sucedieron de verdad. Viaje al país de los blancos, el testimonio autobiográfico de Ousman Umar, pertenece a esta segunda categoría: la historia de un niño de Ghana que atravesó el Sáhara, sobrevivió al Mediterráneo y llegó a España después de perder por el camino a la mayoría de sus compañeros.

Julia Otero quedó profundamente conmovida después de entrevistar a su autor. “La historia de Ousman Umar es una de las más hermosas que la radio me ha permitido compartir”, escribió la periodista. “Sé que muchos oyentes han estado al borde de las lágrimas. Yo, también. Ya les aviso que se van a emocionar con su historia”.

Su recomendación ha vuelto a poner el foco sobre Viaje al país de los blancos, una obra publicada originalmente en 2019 que no intenta convertir la migración en una estadística ni en un debate abstracto. Umar cuenta lo que sucede cuando detrás de una patera hay un nombre, una infancia y una persona que todavía no comprende el verdadero precio del viaje que acaba de comenzar.

El avión que cambió la vida de Ousman Umar

Ousman Umar creció en la sabana de Ghana. No sabía con exactitud el día ni el año de su nacimiento, porque en su comunidad esos datos no tenían la importancia que poseen en otros lugares. Su vida transcurría entre la escuela, los juegos y los trabajos cotidianos de una familia humilde.

Todo cambió cuando vio un avión cruzando el cielo. Aquel objeto despertó una curiosidad que terminó convirtiéndose en una obsesión. Umar quería saber quién había construido aquella máquina, cómo podía mantenerse en el aire y qué existía más allá del mundo que conocía.

Europa comenzó a aparecer en su imaginación como el lugar donde estaban todas las respuestas. Era el “país de los blancos”, un territorio idealizado en el que suponía que podría estudiar, trabajar y convertirse en ingeniero o piloto.

Con apenas trece años emprendió un recorrido que terminaría prolongándose durante varios años. Lo que comenzó como una búsqueda de oportunidades se transformó pronto en una lucha diaria por seguir vivo.

El Sáhara, el hambre y la pérdida de sus compañeros

Viaje al país de los blancos - Cultura
Portada de la obra de Ousman Umar.
Plaza & Janés

El viaje descrito en Viaje al país de los blancos desmonta cualquier visión romántica de la migración. Umar atravesó el desierto en vehículos abarrotados, fue abandonado por traficantes y caminó durante días bajo unas condiciones extremas.

La sed, el hambre y el agotamiento fueron eliminando a los integrantes del grupo. En algunos momentos, los supervivientes se detenían para enterrar a quienes habían muerto y recogían sus documentos con la esperanza de comunicar algún día la noticia a sus familias.

El libro muestra cómo el dolor acaba alterando incluso la manera de mirar la muerte. Al principio, cada pérdida resultaba insoportable. Después, la necesidad de sobrevivir obligaba a continuar caminando sin tiempo para despedirse ni comprender completamente lo sucedido.

Umar pasó también por Libia, donde sufrió violencia, explotación y una espera interminable antes de reunir el dinero necesario para intentar cruzar el Mediterráneo.

Una patera no es el final del viaje

El mar aparece como otro de los grandes escenarios del relato. Cruzarlo no significaba únicamente soportar el miedo a morir ahogado. También implicaba confiar la vida a embarcaciones precarias, traficantes y rutas en las que cualquier avería podía convertirse en una condena.

Umar consiguió llegar a Fuerteventura y después fue trasladado a la Península. En febrero de 2005 alcanzó Barcelona, pero aquel momento no se pareció al final feliz que había imaginado durante su infancia.

No conocía el idioma, apenas podía orientarse y terminó durmiendo en la calle. El país con el que había soñado no lo estaba esperando. Después de sobrevivir al desierto y al mar, descubrió una forma diferente de peligro: la invisibilidad.

Su vida cambió cuando Montse, una mujer catalana, decidió ayudarlo y terminó acogiéndolo en su familia. La primera noche bajo un techo seguro, rodeado de comodidades que nunca había conocido, Umar se echó a llorar. Había alcanzado aquello por lo que había sufrido durante años, pero no podía dejar de preguntarse por qué el camino había sido tan cruel.

De no saber leer a convertir la educación en su misión

La acogida abrió una etapa completamente distinta. Umar aprendió castellano y catalán, retomó su formación y terminó cursando estudios superiores. Sin embargo, su historia no se detuvo en la integración personal.

En 2012 fundó NASCO Feeding Minds, una organización dedicada a crear aulas informáticas y ofrecer educación tecnológica en zonas rurales de Ghana. Su objetivo consiste en proporcionar a otros jóvenes las oportunidades que él no tuvo y evitar que la única salida imaginable sea emprender una ruta mortal hacia Europa.

La respuesta de Umar a la migración no es levantar más obstáculos en el camino, sino reducir las razones que obligan a recorrerlo. Su proyecto parte de una convicción sencilla: alimentar a una persona resuelve una necesidad inmediata, pero educarla puede transformar toda su vida.

Un libro para mirar más allá de las cifras

Viaje al país de los blancos no presenta a su autor como un héroe invulnerable. Umar habla del miedo, de las decisiones equivocadas, de la culpa por haber sobrevivido y de la contradicción de desear durante su infancia dejar de ser quien era.

El libro tampoco ofrece una respuesta simple al fenómeno migratorio. Su fuerza reside en obligar al lector a abandonar durante unas páginas las grandes cifras y acompañar a una sola persona.

Julia Otero entendió esa capacidad cuando escuchó su historia en la radio. La emoción no nace únicamente del sufrimiento, sino de la manera en que Umar convirtió todo lo vivido en una forma de ayudar a los demás.

El autor explica que necesita contar su recorrido “hasta que no haya más historias como esta que contar”. Esa frase resume el verdadero sentido del libro. No busca que el lector admire una hazaña, sino que comprenda por qué ningún adolescente debería necesitar repetirla.

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