Así son los pueblos de Burgos y Cantabria donde se rodó ‘La bola negra’: una aldea deshabitada y otra con 17 vecinos

Los Javis comenzaron el rodaje en Castil de Carrias y llevaron después las cámaras hasta Lafuente, un pequeño núcleo cántabro

Rodaje de La bola negra - Cultura
Fotograma de la película.
Elastica Films

Antes de convertirse en una de las películas españolas más importantes de 2026, La bola negra recorrió durante meses carreteras, montañas y pequeños pueblos de buena parte de España. Javier Calvo y Javier Ambrossi buscaron localizaciones capaces de sostener una historia que atraviesa tres épocas distintas —1932, 1937 y 2017— y terminaron llevando las cámaras desde una localidad abandonada de Burgos hasta una aldea cántabra con apenas 17 habitantes.

El recorrido resulta todavía más llamativo ahora que La bola negra ha sido elegida para representar a España en los Oscar de 2027, ha ganado el Premio del Público en el Festival de Toronto y ha pasado por el Festival de San Sebastián después de conquistar el premio a la mejor dirección en Cannes.

Detrás de esa trayectoria internacional hay escenarios muy alejados de las grandes ciudades. Castil de Carrias, en Burgos, y Lafuente, en Cantabria, son dos de los ejemplos más extremos.

Castil de Carrias, el pueblo abandonado donde empezó todo

El rodaje de La bola negra comenzó el 25 de agosto de 2025 en Castil de Carrias, también conocido como Castrillo. El pequeño núcleo pertenece actualmente al municipio de Belorado, en la provincia de Burgos, y lleva décadas sin población permanente.

Las crónicas locales sitúan en 1994 la muerte de su último vecino estable. Desde entonces, Castil de Carrias conserva viviendas, construcciones agrícolas y las huellas de una localidad que quedó detenida en el tiempo, aunque agricultores, antiguos vecinos y descendientes continúan vinculados al lugar.

Precisamente ese aspecto convirtió al pueblo en un escenario especialmente atractivo para Los Javis. Durante varios días, el equipo de La bola negra transformó de nuevo sus calles. Se instalaron decorados, se utilizaron antiguas construcciones y participaron figurantes procedentes de localidades cercanas.

El resultado fue casi una resurrección temporal. Donde habitualmente domina el silencio aparecieron cámaras, vestuario de época, vehículos técnicos, carpas y centenares de profesionales vinculados a una producción cinematográfica de gran escala.

Castil de Carrias ya había llamado anteriormente la atención de otras producciones audiovisuales, pero el desembarco de La bola negra convirtió durante unos días este despoblado burgalés en uno de los grandes platós de la película.

Lafuente: 17 habitantes entre las montañas de Cantabria

Después de Burgos, el rodaje continuó por diferentes puntos de Cantabria. Uno de los más singulares fue Lafuente, una pequeña localidad perteneciente al municipio de Lamasón que, según los datos del INE de 2024, cuenta con solamente 17 habitantes.

El contraste con Castil de Carrias es evidente. Lafuente no está abandonada, pero pertenece a esa España rural donde la población de todo un pueblo podría caber holgadamente dentro de un autobús.

Los Javis utilizaron este enclave para secuencias correspondientes a la historia situada en 2017, protagonizada por Carlos González. Su aislamiento, la arquitectura tradicional y el paisaje montañoso permitieron a La bola negra construir un escenario completamente distinto al de las secuencias históricas.

Lafuente se encuentra en el valle de Lamasón, en un entorno rodeado de montañas y próximo a las estribaciones de Peña Sagra y los Picos de Europa. También pasa por la zona una de las rutas vinculadas al Camino Lebaniego, lo que hace que la tranquilidad habitual del pueblo se rompa ocasionalmente con la llegada de caminantes.

Una iglesia románica de hace más de 800 años

El principal monumento de Lafuente es la iglesia de Santa Juliana. Se trata de un pequeño templo románico levantado entre finales del siglo XII y comienzos del XIII y declarado Bien de Interés Cultural en 1983.

La iglesia conserva una sola nave, un ábside semicircular y una portada formada por varias arquivoltas. Su sencillez encaja con el paisaje rural que la rodea y constituye uno de los ejemplos del románico que todavía sobreviven en los pequeños núcleos del valle del Nansa.

Lafuente posee además otro elemento curioso: la denominada “Pareja de Lamasón”, dos figuras de piedra de un hombre y una mujer situadas en el muro de una casa y convertidas con el tiempo en uno de los símbolos más peculiares del municipio.

Comillas, la otra cara del rodaje en Cantabria

No todas las localizaciones cántabras de La bola negra fueron pueblos prácticamente desconocidos. El equipo también trabajó en Comillas, uno de los destinos turísticos más reconocibles de Cantabria.

Parte de la grabación se desarrolló en los edificios de la antigua Universidad Pontificia. El Seminario Mayor fue transformado para recrear un hospital de campaña durante la Guerra Civil, aprovechando la monumentalidad y la arquitectura histórica del complejo.

La producción pasó también por Valdáliga, Herrerías y el entorno de Oyambre antes de continuar hacia Granada, Sigüenza, Madrid y otras localizaciones.

Dos pueblos pequeños dentro de una película enorme

La elección de Castil de Carrias y Lafuente resume bien la dimensión visual de La bola negra. La película conecta las vidas de tres hombres separados por décadas, pero unidos por el deseo, la sexualidad, el dolor y aquello que una generación termina dejando a la siguiente.

Para construir esa historia, Los Javis buscaron lugares donde el paisaje pudiera formar parte del relato. Y algunos de los escenarios más llamativos terminaron encontrándolos precisamente lejos de grandes estudios cinematográficos: en un pueblo burgalés sin vecinos permanentes y en una pequeña aldea cántabra donde apenas viven 17 personas.

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