Una serie. Abandonados, de la factoría Carles Porta. Para verla clínex en mano, porque hay momentos que son todo ternura. Pero sobre todo es un giro de guion imposible que cumple aquello de la realidad supera a las ficción. Todo arranca en 1984, cuando tres niños de 2, 4 y 6 años son abandonados en la estación de tren de Barcelona, sin ninguna indicación. No tenían mal aspecto, pero no había forma de saber por qué los habían dejado allí, así. ¿Qué padres se esfumarían sin dejar rastro? ¿Por qué lo hicieron? ¿Por qué los abandonaron a su suerte sin buscarlos tiempo después?
Son las preguntas a las que intentan dar respuesta los tres hermanos, cuarenta años después. Del trío, la que guarda menos recuerdos es Elvira, por ser la más pequeña, pero es también la que tiene más iniciativa. Ricard es el mediano, y se presenta como todo corazón. Y Ramón, el mayor, es el más reservado. Pudieron crecer juntos gracias a que un matrimonio los adoptó al poco de entrar en el centro de acogida. Y siguieron unidos, en familia. En otra familia. La búsqueda de sus padres les lleva a otros supuestos: ¿y si estaban huyendo?, ¿a qué se dedicaban?, ¿quién más podía saber de ellos? Una investigación que no harán solos y les llevará fuera de nuestras fronteras. Y que se ve en un pispas de cuatro capítulos que devorarás como si fueran dos. Se puede ver en Disney +.

Un libro. Mujeres grises sobre fondo negro es un título demasiado etéreo para la dureza de lo que trata, como bien recoge el subtítulo: herramientas de control social para silenciar a las mujeres. Del recorrido, con casos concretos de finales del XIX y principios del XX, se encarga Marisol Donis, a través de decenas de historias de mujeres enfermas, depresivas, incomprendidas, solteras, adúlteras y, por encima de todo, abandonadas por sus familiares por diversas justificaciones o condicionantes.
El primero, ser mujer. Solo por eso, sus padres y maridos tenían la potestad de encerrarlas en manicomios, durante meses e incluso años, bajo el diagnóstico de enajenadas, histéricas o desviadas. Desde Juana Sagrera, el primer caso documentado de detención ilegal en un psiquiátrico de Barcelona, a Adèle Hugo, la hija pequeña de Víctor Hugo que murió encerrada siendo una octogenaria. Sobre sus vidas y lo que otros hicieron con ellas a su antojo escribe Donis Alrevés Editorial.
Un plan. Disfrutar del último disco -discazo- de Silvia Pérez Cruz, que se olvida de sí cuando canta: “Soy otra, soy yo”. A eso suena Oral Abisal, a samba, bolero y música mediterránea. Con su inconfundible voz, que recuerda por momentos al cantar de un jilguero, Silvia le dedica a su hija ‘Capitana’: “Para que las mujeres no solo seamos sirenas, sino también capitanas”. Por supuesto, si hay disco hay concierto para darse el gusto de verla en directo.

