La crítica ★★★★☆

‘Coyote vs. ‘Acme: hilaridad contra los excesos del capital

Entre chiste y chiste la película encuentra espacio tanto para transmitir un mensaje contra la desalmada lógica corporativa

Entre todos los personajes a los que el animador Chuck Jones dio vida para la serie Looney Tunes, posiblemente ninguno otro sea tan capaz de generar empatía como Wile E. Coyote – conocido en España simplemente como el Coyote-, un cánido que nunca se hunde en la desesperación pese a que todos sus intentos de atrapar y comerse al Correcaminos resultan en fracaso y humillación, y que personifica tanto la sensación de que a veces el universo parece decidido a frustrar nuestros planes y robarnos la dignidad, por un lado, como nuestro terco empeño en seguir adelante pese a ello, por el otro.

Los intentos del Coyote de capturar a la veloz ave, recordemos, han contado casi siempre con la ayuda de los productos de Acme Corporation, un conglomerado ficticio que al parecer fabrica todo lo imaginable, desde misiles hasta disfraces de murciélago volador pasando por imanes gigantes. Hablamos de mercancía defectuosa, y por culpa de ella el mamífero ha sido aplastado, apaleado, hecho volar por los aires y brutalmente humillado mientras su presa seguía con su vida. Cualquiera en su situación habría emprendido acciones legales contra la compañía y, de hecho, esa es la premisa del artículo de Ian Frazier publicado en The New Yorker en 1990, Coyote v. Acme, que adoptaba la forma de un documento legal en el que se exponían con detalle los diversos perjuicios que Acme había causado a su más célebre cliente a lo largo de los años. Puede que algo así no parezca una premisa lo bastante sustancial como para sustentar un largometraje pero, ahora, Coyote vs. Acme demuestra lo contrario. Igual que hizo en su día ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988), la nueva película combina hábilmente imagen real y animación para funcionar no solo como un homenaje a los dibujos animados en su conjunto sino también como un thriller cómico sobre la degradación incesante causada por la codicia capitalista. Más concretamente, se dedica a homenajear con humor el género de los dramas judiciales —ejemplarmente encarnado por títulos como Veredicto final (1982) y Erin Brockovich (2000)— para contar la historia de un individuo indefenso que se enfrenta a un gigante corporativo.

Partiendo de esa base argumental, Coyote vs. Acme crea un mundo en el que los humanos y los personajes animados -incluidos varios otros rostros emblemáticos de Looney Tunes– viven codo con codo, y se mantiene fiel pero no excesivamente reverente a su modelo mientras encadena un gag tras otro. Entretanto, presenta un look vistoso y nítidamente definido, en virtud del que los contornos de las animaciones destacan sobre los entornos de imagen real y, al mismo tiempo, se integran perfectamente en ellos. Los personajes animados explotan la intersección entre ambos medios para ofrecer inspirados estallidos de caos cómico, ya sea a través de los diversos carteles que el Coyote sostiene para comunicarse o en algunos momentos de slapstick jocosamente violento. Ningún largometraje podría mantener durante 103 minutos el nivel de hilaridad de los mejores cortos de Looney Tunes, pero el ritmo más pausado de la película le presta más atención a la historia del Coyote y el Correcaminos.

En más de una ocasión, el guion hace referencia a Sísifo, otro personaje de ficción destacable en lo que a mala suerte con las rocas se refiere, y en una escena el Coyote explica como buenamente puede su eterna obsesión por atrapar al pájaro lanzándose repetidamente por un precipicio, lo que demuestra la pulsión mortal que rige su vida y a la que le resulta imposible resistirse. Al mismo tiempo, comprende que la persecución es mejor que la captura, y eso convierte la película en una especie de conmovedora reafirmación del vínculo inmortal entre el Coyote y el Correcaminos, dos adversarios cómicos que resultan ser, bajo el pelaje y las plumas, espíritus afines. Además, decimos, entre chiste y chiste la película encuentra espacio tanto para transmitir un mensaje contra la desalmada lógica corporativa, cuya relevancia queda en evidencia al recordar la intrahistoria de la propia película: se rodó en 2022 y después fue casi arrojada a la basura por una de esas corporaciones, Warner Bros, antes de ser rescatada por una distribuidora mucho más pequeña. Que finalmente haya llegado a estrenarse sugiere que los Coyotes de este mundo -es decir, casi todos- aún podemos derrotar alguna que otra vez a los poderosos.

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