La primera noche de la histórica residencia de Bad Bunny en Madrid no solo reunió a 64.000 espectadores en el estadio Metropolitano. También convirtió La Casita, el pequeño escenario instalado en mitad del recinto y concebido como el corazón emocional del espectáculo, en uno de los lugares más observados y exclusivos de la noche. Mientras decenas de miles de personas seguían cada movimiento del artista puertorriqueño desde la pista y las gradas, un reducido grupo de invitados compartía con él algunos de los momentos más íntimos de un concierto que ya forma parte de la historia reciente de la música en España.
Entre los rostros más fotografiados estuvieron las actrices Ester Expósito y Ana de Armas, dos de las intérpretes españolas con mayor proyección internacional. Ambas acompañaron a Bad Bunny durante parte de la actuación desde este escenario secundario que, paradójicamente, se ha convertido en uno de los grandes protagonistas visuales de la gira Debí tirar más fotos. Junto a ellas también se dejó ver María León, que disfrutó del concierto entre bailes, abrazos y continuas muestras de complicidad con el ambiente festivo que dominó la noche.
Ya tengo algo en común con Marta Ortega, y no, no es el dinero, si no lo arrítmica que es… 🫶🏻 #amamos pic.twitter.com/lN4I2yxcq2
— carlos (@carlos_peris) May 31, 2026
La presencia femenina no terminó ahí. Entre los asistentes más comentados figuró también Marta Ortega, presidenta de Inditex e hija del fundador de la compañía, una de las personalidades más discretas e influyentes del panorama empresarial español. Su presencia confirmó hasta qué punto el fenómeno Bad Bunny ha trascendido el ámbito estrictamente musical para convertirse en un acontecimiento social y cultural capaz de reunir perfiles procedentes de mundos muy distintos.
La música también tuvo representación propia. Miembros de Rawayana, una de las formaciones latinoamericanas más influyentes de los últimos años, siguieron de cerca el espectáculo desde La Casita mientras el público coreaba algunos de los grandes éxitos del repertorio del artista, desde Tití me preguntó hasta Me porto bonito o Safaera. La presencia de músicos latinoamericanos reforzaba además uno de los mensajes centrales del espectáculo: la reivindicación de las raíces culturales caribeñas y del espacio común que comparte buena parte del mundo hispanohablante.
El deporte tampoco faltó a la cita. Entre los invitados aparecieron los futbolistas Isi Palazón y Sergio Camello, dos de los jugadores más queridos por la afición del Rayo Vallecano. Ambos compartieron escenario con el cantante durante algunos de los momentos más celebrados de la noche y se sumaron a una lista de invitados que reflejaba la diversidad de perfiles atraídos por el fenómeno Bad Bunny.
Lo de ver a Isi Palazón y Camello en la casita de Bad Bunny que ha sido??????
Xddddd pic.twitter.com/fXSqoYCe3C— Ana (@Janibananis) May 30, 2026
La Casita se ha convertido en una de las grandes señas de identidad de esta gira mundial, aunque también ha sido criticada por la cosificación de las mujeres que son invitadas allí y el clasismo: se trata de una cuestión de estatus que “traiciona” las raíces de Puerto Rico que Bad Bunny trata de defender.
Más que un simple escenario secundario, funciona como una sala de estar levantada en medio de un estadio gigantesco. Allí Bad Bunny canta, conversa, recibe invitados y transforma durante unos minutos el espectáculo multitudinario en una reunión aparentemente íntima. Cada noche cambia la lista de asistentes, pero el simbolismo permanece. Estar en La Casita significa formar parte del círculo más próximo al artista durante unas horas.
La primera noche madrileña confirmó algo que ya se intuía desde el inicio de la gira: conseguir un lugar en La Casita es casi tan difícil como conseguir una entrada para ver a Bad Bunny. Y, probablemente, mucho más exclusivo.

