Gira 'Debí tirar más fotos'

Bad Bunny conquista Madrid con una fiesta latina de tres horas: identidad, perreo y orgullo de barrio

El artista puertorriqueño inaugura su histórica residencia en el Metropolitano ante 64.000 personas con un espectáculo que une salsa, reguetón y memoria cultural

El regreso de Bad Bunny a Madrid no fue únicamente un concierto. Fue una celebración colectiva que convirtió durante casi tres horas el estadio Metropolitano en una gigantesca pista de baile donde convivieron varias generaciones, miles de acentos y una misma sensación de acontecimiento histórico. Seis años después de su última visita a la capital, Benito Antonio Martínez Ocasio regresó convertido en algo más que una estrella global: en el artista que mejor ha sabido traducir al lenguaje del pop contemporáneo la identidad cultural de Puerto Rico y de toda una generación hispanohablante.

Desde horas antes del inicio, los alrededores del estadio ofrecían una imagen poco habitual incluso para los grandes conciertos internacionales. Sombreros de paja inspirados en los que el cantante popularizó durante la promoción de Debí tirar más fotos, banderas puertorriqueñas, abanicos, camisetas de antiguas giras y grupos llegados desde distintos puntos de España y América Latina componían una fotografía que hablaba tanto de música como de pertenencia. Entre los asistentes predominaban los jóvenes, aunque resultaba imposible no reparar en la presencia de padres acompañando a sus hijos, parejas de mediana edad y grupos de amigas que llevaban semanas contando los días para este momento.

Las primeras 64.000 personas de las 640.000 que pasarán por estos diez conciertos en el estadio Metropolitano de la capital española han disfrutado ya de la tremenda descarga de energía de la gira de este ‘Debí tirar más fotos’ que ya ha marcado registros únicos, como el primer Grammy al “album del año” para un disco en español.

MADRID, 30/05/2026.- El cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny durante el concierto que ha ofrecido este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/ Juanjo Martín
El cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny durante el concierto que ha ofrecido este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/ Juanjo Martín

“Mi primera noche en Madrid en mucho tiempo y quiero disfrutarla al máximo con ustedes, vamos a hacer que merezca la pena. ¡Si ustedes se van de aquí sin haber perrado no pueden decir que han venido a un concierto de Bad Bunny, y yo quiero ver a Madrid perreando!”, ha proclamado el artista puertorriqueño en uno de los muchos momentos álgidos de este “show”.

Cuando las pantallas comenzaron a proyectar las primeras imágenes y el estadio entero empezó a corear “Benito”, la expectación alcanzó una intensidad difícil de describir. La aparición del artista en el centro del escenario, vestido con un impecable traje claro, provocó uno de esos rugidos colectivos que parecen mover físicamente el aire. Durante varios minutos apenas pudo escucharse otra cosa que los gritos de 64.000 personas celebrando la llegada de quien se ha convertido en uno de los grandes iconos musicales de la década.

Lejos de arrancar con una exhibición de reguetón explosivo, Bad Bunny apostó por una declaración de principios. La primera parte del espectáculo estuvo marcada por los sonidos tradicionales puertorriqueños que atraviesan Debí tirar más fotos, el álbum con el que ha reivindicado las raíces culturales de la isla frente a la uniformidad global. Sobre el escenario aparecieron músicos, percusionistas y secciones de viento que transformaron el estadio en una verbena caribeña. La salsa, la plena y los ritmos populares de Puerto Rico ocuparon el centro de una producción concebida para recordar de dónde viene el artista antes de celebrar en qué se ha convertido.

Seis años hacía que el “conejo malo” no se pasaba por aquí, un plazo en el que ha crecido hasta convertirse en una figura tan determinante de la música global que, cuando en el futuro se recuerden los años 20 de este siglo, él aparecerá indisolublemente ligado a ellos de la misma manera que Michael Jackson a los 80 o Nirvana a los 90. Marcaba el reloj puntual las ocho de la tarde aún con buena luz cuando, estimulados por un vídeo previo, el público se ha sumado a la invocación del artista utilizando para ello los primeros versos de La mudanza, los de “Benito, hijo de Benito, le decían Tito”.

MADRID, 30/05/2026.- El cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny durante el concierto que ha ofrecido este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/ Juanjo Martín
El cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny. EFE/ Juanjo Martín

Temas como Baile inolvidable, Pitorro de coco o Nuevayol encontraron una respuesta entusiasta en un público que cantaba cada palabra con la misma convicción con la que después recibiría los grandes éxitos de su etapa más urbana. La fuerza de esas canciones no reside únicamente en la nostalgia. También reflejan un momento cultural en el que la música latina ya no necesita traducirse ni adaptarse para conquistar el centro de la conversación global.

La puesta en escena acompañó constantemente esa idea. En lugar de apostar por una estética futurista o tecnológica, el espectáculo estuvo lleno de referencias a los barrios, las casas, las fiestas populares y los paisajes que aparecen en el imaginario reciente de Bad Bunny. El cantante insistió varias veces en una misma invitación: disfrutar, bailar y compartir el momento con quienes estaban alrededor. El mensaje resultó sencillo, casi elemental, pero funcionó como hilo conductor de una noche construida alrededor del encuentro colectivo. Cuando se cumplen aproximadamente 40 años del momento en el que la salsa irrumpió con fuerza en España de la mano de Juan Luis Guerra, este puertorriqueño ha logrado que una nueva hornada de chavales vibre con la excusa de la música urbana de las raíces caribeñas, de sus metales, de sus timbales y sus maracas.

“Este show se trata de disfrutar las cosas pequeñas de la vida como cantar, bailar, sudar, reír y pasarlo bien. Ustedes son los únicos y únicas con el poder de convertir esto en un día mágico que no olvidemos nunca. ¡Madrid, canta y ama sin miedo!”, ha resumido él mismo. Las actrices Ana de Armas y Ester Expósito, miembros de la banda Rawayana y los futbolistas Isi Palazón y Sergio Camello, del humilde pero digno de una proeza continental Rayo Vallecano, le aguardaban para entonces en la ya icónica “casita”, el escenario alternativo que, a decir verdad, es el auténtico escenario de esta gira.

MADRID, 30/05/2026.- La actriz Esther Expósito (c) asiste al concierto del cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/Juanjo Martín
La actriz Esther Expósito (c) asiste al concierto del cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/Juanjo Martín

La segunda parte en La Casita nos entregó al Bad Bunny más cercano al reguetón y al trap que lo convirtió en fenómeno global. El ambiente cambió por completo. Si la primera parte había tenido algo de celebración cultural y familiar, aquí comenzó el territorio del perreo, las luces láser y la energía desbordada de canciones que llevan años sonando en discotecas, fiestas universitarias y festivales de medio mundo. Tití me preguntó, Neverita, Me porto bonito, Yo perreo sola o Safaera provocaron algunos de los momentos más intensos de la noche. Las gradas se transformaron en una enorme coreografía espontánea mientras miles de móviles intentaban registrar un espectáculo que parecía avanzar a un ritmo superior al de cualquier grabación posible. La sensación era la de asistir a una fiesta multitudinaria donde el escenario y el público terminaban formando parte del mismo fenómeno.

Aquí es también donde se produce ese momento especial en el que Bad Bunny interpreta una canción exclusiva que no volverá a sonar en la gira. El de esta noche ha sido Adivino, con su compatriota Myke Towers como invitado. Es también allí donde otra banda de su país, Los pleneros de la cresta, encargados de dar vida a Ábreme paso, hablan de esas “voces silenciadas que hoy, gracias a ustedes, están siendo escuchadas”.

A medida que avanzaba el concierto también se hacía evidente una de las claves del fenómeno Bad Bunny: su capacidad para moverse entre géneros aparentemente incompatibles sin perder identidad. La misma noche podían convivir una plena tradicional, una balada melancólica, un himno de reguetón y una producción cercana al house. Todo formaba parte de un mismo relato.

MADRID, 30/05/2026.- El jugador del Rayo Vallecano Isi Palazón (d) asiste al concierto del cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/Juanjo Martín
El jugador del Rayo Vallecano Isi Palazón (d) asiste al concierto del cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/Juanjo Martín

La Casita es asimismo el lugar donde dedica muchos minutos a sus seguidores, un segmento un tanto anticlimático de no ser por la aparición de un joven seguidor desconsolado al que termina abrazando y que es uno de los elegidos para lanzar su tradicional grito de guerra: “¡Acho, PR es otra cosa!”.

El tramo final reunió algunas de las canciones más coreadas de su carrera. Ojitos lindos, La canción, Dákiti o Yonaguni fueron recibidas como auténticos himnos generacionales por un público que apenas dejó espacios vacíos entre canción y canción. Después llegó DtMF, convertida ya en una de las piezas más importantes de su repertorio reciente, una canción atravesada por la memoria, la identidad y el amor a Puerto Rico que miles de personas cantaron como si se tratara de una declaración personal.

Y cuando parecía que la emoción podía imponerse a la fiesta, Bad Bunny eligió despedirse recordando cuál ha sido siempre el corazón de su propuesta artística. El concierto terminó entre ritmos de reguetón, fuego, luces y una última invitación al baile. Ninguna reflexión solemne, ningún discurso grandilocuente. Solo decenas de miles de personas saltando al mismo tiempo mientras el estadio se convertía durante unos minutos en la discoteca más grande de Europa.

MADRID, 30/05/2026.- Asistentes al concierto del cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/ Juanjo Martín
Asistentes al concierto del cantante y compositor puertorriqueño Bad Bunny este sábado en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/ Juanjo Martín
EFE/ Juanjo Martín

Si algo dejó claro esta primera noche en Madrid es que Bad Bunny ha trascendido hace tiempo la categoría de fenómeno musical. Lo que ocurrió en el Metropolitano fue la celebración de una cultura que durante años ocupó los márgenes y que ahora llena estadios enteros cantando en español. Y pocas imágenes explican mejor el presente de la música popular.

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