La Sép7ima todavía no ha emitido un solo minuto de programación y ya arrastra una etiqueta que la persigue desde antes de nacer: la de ser una televisión afín al Gobierno. El apodo, repetido en redes y en algunos medios, no ha surgido de la nada. Tiene una historia previa que ayuda a entender por qué tantos observadores dan por hecho un vínculo entre el nuevo canal de la TDT y el entorno de Pedro Sánchez, aunque las pruebas concluyentes de ese control brillen, por ahora, por su ausencia.
El origen de la sospecha hay que buscarlo dentro de otro grupo mediático: Prisa. En 2024, el histórico productor televisivo José Miguel Contreras fue nombrado director de contenidos de Prisa Media con una misión muy concreta: devolver al grupo editor de El País y la Cadena SER a la televisión en abierto, algo que llevaba años deseando el entorno socialista. El plan se llamaba entonces La Séptima y contaba con el respaldo de varios accionistas de Prisa próximos al Partido Socialista.
El proyecto no llegó a despegar. A principios de 2025, Joseph Oughourlian, máximo accionista de Prisa a través del fondo Amber Capital, frenó la iniciativa y destituyó a Contreras. Sus razones, según ha trascendido, fueron tanto económicas —el elevado coste de levantar un canal desde cero— como reputacionales: el temor a convertir Prisa en una plataforma con un perfil demasiado partidista. Ese portazo no cerró la historia, solo la trasladó de escenario.
De Prisa a una licencia pública

Meses después, el Gobierno sacó a concurso una nueva licencia estatal de TDT. Se presentaron varios aspirantes, entre ellos Mediaset España, pero la ganadora fue Servicios Integrados de Entretenimiento Televisivo (SIETE), la sociedad que hoy opera bajo la marca La Sép7ima. La adjudicación, del 26 de mayo de 2026, quedó formalizada en el Boletín Oficial del Estado tras un proceso público, lo que descarta cualquier ilegalidad en la concesión en sí misma.
Lo que sí ha alimentado el debate es quién está detrás de esa sociedad. El propio Contreras reaparece como asesor estratégico y editorial del proyecto, aportando el mismo perfil profesional con el que en su día lanzó laSexta bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Esa trayectoria, sumada al hecho de que la idea original nació dentro de Prisa con apoyo de accionistas cercanos al sanchismo, es la base sobre la que se ha construido buena parte de la narrativa que vincula el canal con Moncloa.
Lo que dicen unos y lo que dicen otros
Aquí conviene separar el hecho del relato. Algunos medios de línea editorial conservadora dan por probado que La Sép7ima nace para servir de altavoz al Gobierno, y para ello utilizan el término despectivo con el que ya se rebautizó a la cadena en redes sociales. Esa lectura procede de fuentes con una postura crítica declarada hacia el Ejecutivo, por lo que su interpretación debe tomarse como eso, una interpretación política, no como un hecho contrastado de forma independiente.
Frente a esa narrativa, los responsables del canal insisten en que la cadena nace plural y sin adscripción partidista. Contreras ha rechazado públicamente cualquier etiqueta ideológica, defendiendo que un canal identificado con un partido sería un error estratégico. Ningún documento público acredita hasta ahora que el Gobierno participe en la financiación, la gestión o la línea editorial de La Sép7ima.
Una sombra que persigue al proyecto
Lo cierto es que la sombra de Moncloa acompaña a La Sép7ima desde su gestación, incluso habiendo cambiado de piel: dejó de ser un proyecto interno de Prisa para convertirse en una licencia pública ganada en concurso, con accionariado propio y sin dependencia formal del grupo editorial. El hilo que conecta ambas etapas sigue siendo el mismo hombre, Contreras, y el mismo objetivo de fondo: construir una televisión generalista capaz de competir con laSexta y Cuatro desde una sensibilidad de centroizquierda.
La pregunta de si La Sép7ima terminará siendo una caja de resonancia del Gobierno o una cadena genuinamente independiente solo podrá resolverse cuando empiece a emitir, previsiblemente a partir del 5 de noviembre. Hasta entonces, lo que existe es un patrón de indicios —una trayectoria compartida, un intento previo frustrado y una orientación editorial declarada hacia la actualidad progresista— y una acusación política que, de momento, no ha sido demostrada con datos verificables sobre el control efectivo del canal.
Lo que sí parece claro es que, gane quien gane el pulso narrativo, La Sép7ima llega al mapa televisivo español marcada por una pregunta que no se despegará fácilmente de su nombre: ¿de quién es realmente esta televisión?

