Redacción en serie

He visto ‘Envidiosa’ y esto es lo que he aprendido de la envidia, la amistad y la presión social

La serie protagonizada por Griselda Siciliani convierte la ansiedad por llegar tarde a la vida adulta en una comedia emocional sobre amistad, deseo, inseguridad y esa necesidad constante de medirnos frente a los demás

He visto 'Envidiosa' y esto es lo que he aprendido
He visto 'Envidiosa' y esto es lo que he aprendido
Montaje: kiloycuarto

Tengo que admitir que comencé Envidiosa con una mezcla de escepticismo, desconfianza y curiosidad. Y terminé encontrándome con una serie que utiliza el humor, la incomodidad y la fragilidad para hablar de algo profundamente humano. Y no, no es solo la envidia.

Su protagonista, Victoria, es una niña de 40 años con hambre real: hambre de comida, de afecto, de validación y de amor. Es intensa, infantil, de buen corazón y, por momentos, absolutamente insoportable. Y ahí está precisamente uno de los grandes aciertos de la serie argentina: se atreve con la imperfección. No intenta convertir a sus personajes en versiones aspiracionales de sí mismos. Aprendemos a quererlos como se quiere a las personas en la vida real, con contradicciones, defectos y momentos difíciles de defender.

En ese espacio seguro que representa la consulta de su terapeuta —paciente, lúcida y brillante—, la serie encuentra algunos de sus mejores momentos. Allí aparece una especie de catarsis sin tabúes que provoca una risa incómoda: la de escuchar en voz alta pensamientos que muchas veces atraviesan a las mujeres, pero que casi nunca se verbalizan públicamente. Y es también en esas escenas donde Envidiosa entiende algo muy preciso sobre la comparación constante entre mujeres: muchas veces la envidia no nace de desear realmente lo que otra persona tiene. ¿De verdad Vicky quiere exactamente esa boda, esa maternidad o esa vida? ¿O lo que teme es quedarse atrás mientras todos los demás parecen avanzar?

Una escena de la terapia en la serie 'Envidiosa'
Una escena de la terapia en la serie ‘Envidiosa’

Aunque la premisa pueda parecer la de una comedia sobre la soltería a los 40, el verdadero núcleo emocional de la serie está en la relación entre Victoria y sus amigas. La amistad funciona aquí como un personaje más, probablemente el mejor construido de todos. Los vínculos entre ellas resultan realistas, honestos y cotidianos. No son amigas perfectas ni salvadoras emocionales; son mujeres que acompañan como pueden, cada una desde sus propias limitaciones, cansancios y afectos.

Al final, el gran triunfo del personaje de Griselda Siciliani es precisamente su valentía. La valentía de equivocarse en público, de exponerse emocionalmente y de no esconder nunca del todo lo que siente. Al verla comer con desesperación, buscar cariño a toda costa y exponer sus emociones sin filtro, la distancia como espectador se rompe. Ya no la miras desde fuera y terminas la serie con la sensación de que Vicky se convirtió en una amiga más a la que quieres proteger.

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