Una vida puede contemplarse como un inventario. Los estudios terminados, los trabajos desempeñados, el dinero acumulado, las relaciones construidas y los objetivos alcanzados forman una especie de balance con el que una persona intenta explicar quién es. Sin embargo, para Jean-Paul Sartre, ese recuento siempre será insuficiente.
El filósofo francés lo expresó en una de sus reflexiones más conocidas: «El hombre no es la suma de lo que tiene, sino la totalidad de lo que todavía no tiene, de lo que podría tener». La frase aparece en un ensayo dedicado a analizar el tratamiento del tiempo en El ruido y la furia, la novela de William Faulkner.
Su significado va más allá de una invitación convencional a perseguir sueños. Sartre sostiene que una persona no puede explicarse únicamente mediante lo que posee, lo que ha hecho o aquello que le ocurrió. La existencia también está formada por las posibilidades que siguen abiertas, por las decisiones pendientes y por el futuro hacia el que cada conciencia se proyecta.
Una persona nunca es un resultado definitivo
Para Jean-Paul Sartre, el ser humano no posee una identidad cerrada desde el nacimiento. No existe una esencia inmutable que determine para siempre el carácter, la profesión, los valores o el destino de alguien. Cada persona va construyéndose a través de sus elecciones.
Esta idea permite comprender por qué el filósofo rechaza que alguien sea simplemente la suma de lo que tiene. Las posesiones pueden desaparecer. Los títulos pueden perder valor. Un empleo puede terminar y un antiguo éxito puede dejar de explicar la vida presente. Incluso los errores, aunque tengan consecuencias, no convierten necesariamente a quien los cometió en una figura condenada a repetirlos.
La identidad nunca queda completamente clausurada porque siempre existe la capacidad de responder de otra manera. Una persona es también aquello que aún puede decidir, corregir, aprender o abandonar. Mientras haya posibilidades, la vida continúa sin estar terminada.
El futuro da sentido al presente
La reflexión de Jean-Paul Sartre nació en su análisis del tiempo narrativo de Faulkner. El escritor estadounidense presentaba personajes dominados por recuerdos, culpas y acontecimientos ya consumados. El pasado pesa sobre ellos como una sentencia y reduce el futuro hasta convertirlo en una continuación de lo sucedido.
Sartre discute esa visión. La conciencia, explica, se encuentra orientada hacia lo que todavía no existe. Incluso una acción sencilla adquiere significado porque anticipa un resultado: se levanta una mano para alcanzar un objeto, se abre una puerta para cruzarla o se comienza una tarea pensando en terminarla.
La vida presente está atravesada constantemente por ese «todavía no». El estudiante se relaciona con el profesional que espera llegar a ser. Quien comienza una novela se proyecta hacia el libro terminado. Una persona que pide perdón imagina una relación distinta de la que tenía unos minutos antes.
El futuro no es únicamente algo que llegará después. También interviene en la forma en que se comprende el presente, porque cada decisión contiene una imagen de aquello que se pretende alcanzar.
No se trata de tener más, sino de poder ser distinto
La cita puede confundirse con una defensa de la ambición material. La expresión «lo que podría tener» parece sugerir que el valor de una persona depende de las propiedades, los cargos o los reconocimientos que todavía pueda conseguir. Pero ese no es el centro del pensamiento de Jean-Paul Sartre.
Lo importante no es aumentar el inventario, sino conservar la apertura de las posibilidades. «Tener» significa aquí poder llegar a realizar algo que todavía no está presente: una capacidad, una experiencia, una relación o una forma diferente de vivir.
Una persona satisfecha con lo conseguido tampoco necesita perseguir objetivos de manera compulsiva. Puede elegir detenerse, cambiar de dirección o renunciar a una meta. La libertad sartreana no obliga a triunfar. Obliga, en cambio, a reconocer que incluso la renuncia constituye una elección de la que cada individuo debe responsabilizarse.
La libertad también puede resultar incómoda
Considerarse una obra inacabada ofrece esperanza, pero también impide refugiarse completamente en el pasado. Si una persona siempre conserva alguna posibilidad de elección, resulta más difícil justificar todas sus decisiones mediante el carácter, las circunstancias o las expectativas ajenas.
Sartre denominó mala fe al intento de comportarse como si uno fuera una cosa con una naturaleza fija. Aparece cuando alguien afirma que no puede cambiar porque «siempre ha sido así», que su trabajo lo define por completo o que solo cumple el papel que otros le asignaron.
Las circunstancias condicionan y pueden limitar de forma drástica las alternativas disponibles. No todo depende de la voluntad individual. Pero incluso dentro de esas restricciones permanece la pregunta por la respuesta que cada persona dará ante su situación.
Ahí reside la vigencia de la frase de Jean-Paul Sartre. Una vida no se comprende solo mirando hacia atrás ni contando aquello que ya posee. También debe observarse el espacio todavía vacío, ese territorio incierto donde continúan existiendo decisiones, riesgos y maneras diferentes de llegar a ser.

