Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982), hija de Eneas/Carlos, se ha definido alguna vez como una persona que se pasa el día escribiendo. Como tiene el mismo talento para la literatura que Guti –¿seguirá creyendo en su resurrección futbolística? – con el balón, pero más constancia, es archiconocida por sus frutos: ha firmado tres novelas estupendas –la última, Nazarena (Alfaguara, 2026)– y acumula más premios que Zidane –el último, el prestigioso Mariano de Cavia de ABC, diario en el que ejerce su magistral periodismo cultural–. Aquí hablamos de piscinas y de Reyes Magos.
¿Quién dice la gente que es Karina Sainz Borgo?
La KSB.
¿Qué tal se lleva con el espejo?
Mejor ahora.
¿En qué cree?
En los Reyes Magos.
¿Cuál fue su último desengaño?
Hacienda.
¿Cuál es su mayor certeza?
La muerte.
¿Y sobre qué duda?
De todo.
¿De qué está orgullosa?
De mi padre.
¿Cuándo le pincha la conciencia?
Todo el rato.
¿Qué le agrada?
Las sábanas blancas.
¿Y qué le ofende?
La mala educación.
¿Tiene alguna obsesión confesable?
Me dan asco las piscinas.
¿Qué tal conjuga en primera persona del singular el verbo “amar”?
¡Qué cursi! No se me dan bien los seres vivos.
¿El amor caduca?
Se transforma.
¿Prefiere un malo a un tonto?
A un malo, sin duda.
¿La utopía es un caramelo envenenado?
No me gustan el azúcar ni el veneno, mucho menos las utopías.
España: ¿drama, tragedia o farsa?
¡Fiesta!
La IA: ¿oportunidad o meteorito?
Turbina.
Dígame una canción y un poema sin los que no entendería su vida.
El poema, El remordimiento, de Borges. Y la canción… las olvidé todas.

