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Rocío Tizón, escritora: “El terror todavía está muy masculinizado”

La autora presenta 'Historia de la literatura gótica y de terror: De Frankenstein a Stephen King', un ensayo que recorre la evolución del miedo literario desde el Romanticismo hasta el horror contemporáneo

Rocío Tizón (Madrid, 1979) nos espera en la Feria del Libro para verter algo de oscuridad sobre un día soleado. Su Historia de la literatura gótica y de terror: De Frankenstein a Stephen King (Berenice) nace de una intuición muy clara: muchos de los tropos que asociamos al gótico no han desaparecido, sino que siguen reapareciendo, transformados, en buena parte de la literatura contemporánea.

Licenciada en Periodismo, Tizón ha colaborado en medios y revistas como Dirigido por, Versión Original, Culturamas, Windumanoth o El Círculo de Lovecraft. Es coautora de Las miradas de la noche: Cine y Vampirismo; ha publicado narrativa; ha participado en antologías de terror y fantasía, y ha traducido obras vinculadas al universo de H. P. Lovecraft, Clark Ashton Smith o W. H. Pugmire. También imparte clases de escritura creativa, cuento de terror y novela negra en los Talleres de Escritura Fuentetaja.

Su nuevo libro propone un recorrido por la literatura gótica y de terror desde los castillos lúgubres del Romanticismo hasta los suburbios amenazantes del siglo XXI. En sus páginas aparecen Mary Shelley, Bram Stoker, Edgar Allan Poe, Shirley Jackson, Anne Rice o Stephen King, pero también figuras menos conocidas y temas que atraviesan el género desde hace siglos: el cuerpo monstruoso, la locura, lo sobrenatural, la tecnología, el mal y las ansiedades de cada época.

Y hablando de tropos que se repiten: a Tizón también le cuesta escribir sobre el amor y también es de las que subrayan y anotan en los libros.

‘El camino del artista’, de Julia Cameron.
Aguilar

¿Qué libro recomendarías a alguien que viene hoy a la Feria sin saber qué comprar?

Uno que a mí me ayudó mucho como escritora es El camino del artista, de Julia Cameron. Sirve para pintores, creativos, publicistas, para cualquier persona que quiera desbloquear la creatividad y que sienta que a veces tiene trabas. Es muy interesante.

¿Qué libro te hizo querer escribir?

Creo que fue Héroes, de Ray Loriga, porque quería ser como él cuando empecé a escribir de adolescente. Fue uno de esos libros que me hicieron decir: “Quiero hacer esto”.

¿Qué tiene la Feria del Libro que no tiene una librería?

El ambiente y la posibilidad de hablar con los profesionales. A lo mejor te encuentras con una persona que ha traducido una obra y que también está llevando la caseta, y puedes charlar con ella sobre cómo ha sido el proceso. Eso en una librería no siempre pasa.

¿De qué tema te cuesta más escribir?

Quizá de las relaciones amorosas, las mías o las de cualquiera. Es un tema que me cuesta.

¿Qué autora o libro te ha acompañado más últimamente?

Últimamente estoy leyendo sobre todo a escritoras latinoamericanas: Samanta Schweblin, Agustina Bazterrica, Mariana Enríquez… Todas tienen una visión muy potente de conflictos como el feminicidio, la violencia o incluso el terrorismo de Estado, y lo mezclan con mitos propios de sus países. Me parece muy interesante.

¿Qué tiene que tener una novela de terror para que te atrape?

Creo que, para una novela de terror y para cualquier libro, es fundamental no subestimar al lector. No creer que es tonto, no tratarlo con paternalismo ni con condescendencia. El lector es una persona perfectamente capaz de entender lo que decimos. Eso justifica que muchas veces no se den las cosas mascadas o que haya finales abiertos. Son recursos que en la literatura me parecen muy interesantes.

Hablemos de tu libro.

Empecé dando clases de escritura de terror en los Talleres Fuentetaja y, cuando hablaba a mis alumnos de literatura gótica, me miraban mal. Decían que eso estaba desfasado, que era algo decimonónico, exagerado. Yo les decía: “No, si es que estáis leyendo gótico, aunque no lo sepáis”. Entonces se sorprendían mucho. Cuando hablábamos de escritoras latinoamericanas, de Emilia Pardo Bazán o de Pilar Pedraza, también se sorprendían. Con este libro quería demostrar que hoy en día todavía estamos leyendo gótico, aunque mucha gente no sabe que está leyendo gótico. El género se ha modernizado, ha prescindido de muchos adjetivos y de mucha carga pesada. Es verdad que no todas las novelas góticas son de terror: también puede haber intriga o antecedentes de la novela negra. Pero hay muchos autores que seguimos leyendo hoy y que mantienen tropos de la escritura gótica. Por ejemplo, la casa encantada sigue estando presente, aunque se haya reelaborado. De la maldición familiar o del fantasma quizá hemos pasado a casos como Carcoma, una novela más actual que habla de traumas, de la Guerra Civil, del árbol genealógico y de distintas generaciones. Pero el tropo sigue vigente. Eso era un poco lo que quería hacer con el libro.

La literatura gótica y de terror tiene una genealogía femenina muy potente, de Mary Shelley a Shirley Jackson. ¿Crees que esa tradición se ha reconocido lo suficiente, o el género sigue leyéndose desde una mirada demasiado masculina?

Es verdad que empezó con hombres, pero las escritoras inglesas fueron un revulsivo muy importante. También Shirley Jackson, como has apuntado, o incluso las hermanas Brontë, le dieron otra visión a una literatura que, por otra parte, en Inglaterra llegó a considerarse casi femenina. Era algo así como: “Bueno, pues las mujeres escriben, pobrecitas, que hagan esto”. Aun así, el terror todavía está muy masculinizado. Hay ensayos de terror que son compilaciones de distintos autores y jamás veo autoras. Y piensas: “Bueno, en todo el mundo habrá seguramente una mujer, una doctoranda, una profesora, una autoridad, que tenga algo que decir sobre el tema”. Es algo que todavía echo de menos, aunque poco a poco es indudable que se va ganando visibilidad.

Subrayar y anotar en los libros: ¿a favor o en contra?

Yo soy de las que subrayan. Creo que en ciertos momentos es necesario. Hay párrafos que tengo que subrayar porque los necesito para clase o porque me han gustado especialmente. Eso sí, ahora, con esos pequeños post-its que puedes poner en los libros y que hasta te hacen juego con la portada, se han salvado bastantes libros.

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