Qué hace de ‘El buen mal’, de Samanta Schweblin, una obra merecedora del I Premio Aena de Narrativa

Las claves literarias del libro de Samanta Schweblin ganador del Premio Aena y el valor de su escritura en el cuento contemporáneo

Samantha Schweblin - Cultura
La escritora argentina Samantha Schweblin posa para los medios tras proclamarse ganadora del primer Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana.
EFE

La victoria de El buen mal en la primera edición del Premio Aena de Narrativa no parece un accidente ni una simple consagración de prestigio. El jurado, presidido por Rosa Montero, justificó el fallo hablando de “nuevos mundos turbadores, fascinantes y complejos”, de una “prosa hipnótica” y de un libro que sitúa “la tradición del cuento en su punto más alto”. Esa formulación no solo elogia a Samanta Schweblin: también marca con bastante precisión qué tipo de literatura ha querido distinguir el premio en su estreno.

Un libro que confirma la centralidad del cuento

Lo primero que vuelve significativo el reconocimiento a El buen mal es que premia un libro de relatos en un ecosistema donde la novela suele monopolizar la conversación literaria. La propia Schweblin subrayó, al recibir el galardón, que el premio funcionaba también como una declaración de principios a favor del cuento, un género que con frecuencia ocupa un lugar secundario en el mercado y en la conversación pública pese a su enorme exigencia formal. Que el I Premio Aena haya nacido distinguiendo precisamente un volumen de cuentos dice mucho de la ambición simbólica del fallo.

No es un detalle menor. Samanta Schweblin lleva años siendo una de las grandes renovadoras del relato en español. Y El buen mal llega después de libros decisivos como Pájaros en la boca y otros cuentos o Siete casas vacías, este último premiado con el National Book Award. En ese sentido, el premio reconoce una obra concreta, sí, pero también la madurez de una autora que ha hecho del cuento un territorio de radical precisión.

La rareza como forma de conocimiento

La sinopsis editorial de El buen mal parte de una idea elocuente: “Lo extraño siempre es una advertencia”. Esa frase resume bien el mecanismo central de Samanta Schweblin. Sus relatos no se limitan a introducir un elemento inquietante en la vida cotidiana; utilizan esa grieta para revelar algo que ya estaba ahí, aunque aún no tuviera nombre.

Qué hace de 'El buen mal', de Samanta Schweblin, una obra merecedora del I Premio Aena de Narrativa
Portada de ‘El buen mal’ de Samanta Schweblin.
Planeta de Libros

En El buen mal, según la editorial y las reseñas aparecidas desde su publicación, lo familiar se tuerce apenas unos milímetros. Y precisamente por eso la perturbación resulta más honda.

Ese es uno de los grandes argumentos a favor del premio. El buen mal no trabaja la extrañeza como ornamento ni como puro juego fantástico. La convierte en una forma de conocimiento moral y emocional. Una entrevista reciente en Babelia afinaba esa clave al recoger cómo la autora vincula el libro al cuidado, al daño involuntario y a la irrupción de lo impensable dentro de lo normal. En manos de Samanta Schweblin, lo anómalo no rompe la realidad: la desenmascara.

Familias, cuidado y daño: el verdadero centro del libro

Si algo distingue a El buen mal dentro de la trayectoria de Samanta Schweblin es su manera de llevar esa poética de la inquietud al terreno de los vínculos. Sus relatos giran alrededor de las relaciones familiares, la soledad, la fragilidad y el modo en que el cuidado puede contener también una forma de poder. Ahí está una de las razones de su fuerza. No inquieta solo por lo extraño, sino por la cercanía de lo que pone en juego.

Una reseña de Babelia definía el libro como una “extraña tensión entre el aislamiento y la necesidad de vínculo”. La fórmula es certera porque ayuda a entender que El buen mal no es solo un libro de atmósferas turbias; es un libro sobre personas que necesitan a los demás incluso cuando esa dependencia las hiere. En esa ambivalencia, en esa mezcla de ternura, culpa, miedo y vulnerabilidad, Samanta Schweblin encuentra una materia literaria de enorme densidad.

Un premio coherente con una voz ya imprescindible

Qué hace de 'El buen mal', de Samanta Schweblin, una obra merecedora del I Premio Aena de Narrativa
La escritora Samanta Schweblin, durante una rueda de prensa de los finalistas del I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana.
David Zorrakino - Europa Press

También hay una cuestión de estilo. La prosa de El buen mal ha sido leída como sintética, concisa y sin ornamentos innecesarios, pero capaz de perturbar de forma muy íntima. Esa contención explica buena parte de su potencia. Samanta Schweblin no sobreexplica, no subraya, no fuerza la metáfora. Deja que la inquietud se instale poco a poco en la respiración del texto. Por eso su literatura resiste la moda y la simplificación.

El I Premio Aena de Narrativa, en su primera edición, ha querido distinguir justamente eso: una escritura que no confunde intensidad con estridencia y que devuelve al cuento su rango mayor. El buen mal merece ese reconocimiento porque condensa lo mejor de Samanta Schweblin: precisión formal, extrañeza sin truco y una capacidad infrecuente para hacer visible el temblor secreto de lo cotidiano.

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