El universo de Gilead no ha terminado. Los testamentos, la nueva serie basada en la novela de Margaret Atwood, ya está disponible desde el 8 de abril de 2026 con un estreno inicial de tres episodios y una primera temporada de 10 capítulos, que seguirán llegando de forma semanal. En el ámbito internacional, la serie forma parte de la oferta de Hulu y de Hulu en Disney+ para suscriptores del paquete correspondiente, mientras que en España ha aterrizado como uno de los grandes estrenos de la plataforma.
Lo primero que conviene saber es que Los testamentos no quiere ser una simple repetición de El cuento de la criada. La nueva ficción se sitúa cuatro años después de la caída de Boston en la temporada final de la serie original y desplaza el foco hacia una generación más joven, nacida o criada bajo la sombra del régimen. Ese cambio de mirada es decisivo: ya no se trata solo de observar la maquinaria del terror desde quienes la sufren en primera línea, sino de entrar en la cabeza de chicas educadas para asumirla como algo normal.
Una historia juvenil, pero no ligera
Disney define Los testamentos como un coming-of-age ambientado en Gilead. Esa etiqueta ayuda a entender por dónde quiere ir la serie. En el centro está Agnes, la hija biológica de June, criada dentro del sistema y preparada para convertirse en esposa de uno de los hombres poderosos del régimen.
A su alrededor aparece Daisy, una joven llegada desde Canadá cuya irrupción altera la aparente normalidad de ese mundo cerrado. Ambas se mueven por los pasillos de la escuela de tía Lydia, una especie de academia de adiestramiento para futuras esposas, donde la obediencia, la religión y la vigilancia siguen marcando el ritmo de la vida cotidiana.

Ese punto de partida hace que Los testamentos tenga una textura distinta a la de su predecesora. Sigue siendo una serie sobre la opresión, el control del cuerpo y la violencia estructural, pero adopta una energía algo más juvenil y, por momentos, más luminosa en la forma. Disney habla incluso de un tono “más optimista”, sin renunciar por ello al conflicto central: la historia de unas chicas privilegiadas que empiezan a comprender que el sistema que las protege también las devora.
Qué debe esperar el espectador
Quien llegue buscando una continuación emocional de El cuento de la criada encontrará puentes muy claros. Ann Dowd regresa como tía Lydia, ahora al frente de esa escuela de élite para jóvenes de Gilead. Y la propia plataforma adelanta que la serie profundiza más en sus motivaciones, su pasado y sus planes. No es un personaje decorativo: vuelve a ser una pieza esencial para entender las grietas del sistema.
También hay una conexión directa con June. Elisabeth Moss vuelve a interpretar al personaje, aunque desde una posición diferente, menos central que en la serie original. Según la información adelantada tras el estreno, June reaparece como figura de continuidad y como nexo entre el viejo combate y esta nueva etapa, especialmente en la historia de Daisy. Ese regreso sirve para que Los testamentos no se sienta como un apéndice ajeno, sino como una prolongación natural del universo narrativo que convirtió a Gilead en una de las grandes distopías televisivas de la última década.
Pero el mayor atractivo de la serie no está solo en los regresos. Está en la pregunta que la atraviesa: qué ocurre cuando una generación criada dentro del totalitarismo empieza a mirar alrededor y a sospechar que le han mentido. Ahí aparece el verdadero interés dramático de Los testamentos. La serie no se limita a mostrar el horror; explora el adoctrinamiento, la pérdida de la inocencia, la amistad como forma de resistencia y la posibilidad de rebelarse incluso desde el interior de una jaula dorada.
Un relevo generacional para Gilead
En ese sentido, Los testamentos parece planteada como una serie de relevo. Bruce Miller, que ya estuvo al frente de El cuento de la criada, adapta aquí la novela publicada por Margaret Atwood en 2019 y construye una historia que puede funcionar por sí sola, aunque gana profundidad si el espectador conoce la serie anterior.
La propia Disney subraya que puede verse como una historia nueva, pero también reconoce que El cuento de la criada proporciona un contexto más rico para entender lo que está en juego.

Eso obliga a ajustar expectativas. Los testamentos no parece buscar el mismo impacto frontal y asfixiante que tuvo la primera etapa de June. Su apuesta va por otro camino: menos fijación en el castigo inmediato y más interés por cómo germina la desobediencia entre chicas educadas para callar. Hay, por tanto, menos sensación de repetición y más voluntad de abrir un nuevo ciclo dentro de Gilead.
