Victoria Ocampo, escritora: “No, en el arte no bastan la verdad, la voluntad ni la honestidad intelectual”

Ocampo publicó a Woolf, Camus y Borges, trajo a Stravinsky a Argentina y fundó la revista Sur, y aun así pasó décadas dudando de su talento

Victoria Ocampo - Cultura
Una fotografía de archivo de la escritora argentina.
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Victoria Ocampo llevó a Argentina a Igor Stravinsky y a Rabindranath Tagore. Financió traducciones, publicó a Virginia Woolf y a Albert Camus cuando casi nadie en el continente los conocía, convirtió su propia casa en un salón donde se cruzaban Borges con Ortega y Gasset, y fundó una revista, Sur, que durante décadas fue la referencia intelectual de América Latina. Con ese currículum, la pregunta que la atormentaba en privado resulta desconcertante: ¿era ella una creadora o solo una facilitadora?

La respuesta más honesta que se permitió darle la dejó escrita en la primera línea de sus memorias: «No bastan la verdad, la sinceridad, la voluntad, la perseverancia, la honestidad intelectual: hace falta talento». No lo decía de los demás. Lo decía de sí misma. Era una mujer que tenía todo lo que menciona la frase, y que aun así se preguntaba si tenía lo único que, según ella, de verdad importaba.

Las memorias que solo podían publicarse después de morir

Ocampo comenzó a escribir su autobiografía mucho antes de que viera la luz, pero dejó instrucciones precisas: el texto no podía publicarse mientras ella viviera. Autobiografía I: El archipiélago apareció en 1979, el año de su muerte, editada por su propio sello, Sur. La cautela no era modestia sino una forma de control sobre algo demasiado expuesto. En esas páginas no estaba la Ocampo pública, la mecenas y la directora de revista. Estaba la joven que quería actuar y escribir y que chocó durante décadas contra los mandatos de su clase social y de su época.

El primer tomo es un retrato de la Buenos Aires de la Belle Époque desde dentro, escrito por alguien que la vivió con todos sus privilegios y toda su asfixia. Una familia aristocrática de las más acaudaladas del país, institutrices francesas y británicas, la prohibición tácita de hacer con la vida lo que ella quería hacer. Cuando se sienta a escribir en la vejez, sabe lo que ha construido. Y sin embargo la pregunta persiste.

El dilema de quien lo tiene todo menos certeza

Victoria Ocampo, escritora: "No, en el arte no bastan la verdad, la voluntad ni la honestidad intelectual"
Victoria Ocampo.

Para justificar la exigencia de la frase, Ocampo se apoya en una idea del escritor Aldous Huxley: que en el terreno de la creación las virtudes morales no son suficientes si falta ese fuego que llamamos talento. Lo que convierte la cita en algo más que una reflexión general es que Victoria no estaba teorizando sobre los demás: se estaba aplicando el criterio a sí misma.

Su temor tenía una lógica concreta. La riqueza y el rol de anfitriona cultural podían eclipsar la propia escritura. Era más fácil que la recordaran como la mujer que publicó a Camus en español que como autora de sus propios diez volúmenes de Testimonios. Repudiaba la idea de que una mujer escribiera como desahogo sentimental o pasatiempo de clase. Si tomaba la palabra, debía hacerlo con el mismo peso que Borges o cualquier otro escritor al que ella misma había publicado. Esa exigencia no era falsa modestia. Era el estándar más alto que conocía aplicado sin excepciones a su propio trabajo.

La mujer que desafió todo lo que podía desafiarse

Nacida en Buenos Aires en 1890 en el seno de una de las familias más acaudaladas del país, Ocampo estudió en París, aprendió varios idiomas y construyó desde joven una mirada cosmopolita que chocaba frontalmente con los límites que su clase social y su época imponían a las mujeres. Cofundó la Unión Argentina de Mujeres en 1936. Combatió al fascismo. Desafió al peronismo, lo que le costó un mes en el penal de El Buen Pastor en 1953. Se plantó ante la jerarquía eclesiástica para defender el derecho de las mujeres a decidir sobre sus vidas.

En 1977 se convirtió en la primera mujer incorporada a la Academia Argentina de Letras. Murió dos años después, el 27 de enero de 1979, en Villa Ocampo, su residencia en Beccar, que había donado a la UNESCO. La Autobiografía que no quiso ver publicada en vida se completó en seis volúmenes y es hoy uno de los primeros y más logrados ejercicios de memoria en primera persona escrito por una mujer en América Latina.

Por qué la frase sigue importando

En un momento cultural en el que las redes sociales han multiplicado hasta el infinito la posibilidad de publicar, opinar y crear, la advertencia de Ocampo resulta más pertinente que nunca. Hay más honestidad intelectual disponible que nunca, más voluntad de crear y más perseverancia visible. Lo que sigue siendo escaso es exactamente lo que ella señalaba: el talento, que no depende del esfuerzo ni de la buena intención y que es, como escribió apoyándose en Huxley, el único factor que ninguna virtud moral puede sustituir.

Que lo dijera alguien con la trayectoria de Ocampo, alguien que tenía sobrados motivos para creer que lo que había construido era suficiente, es lo que convierte la frase en algo más que un aforismo literario. Es el testimonio de una mujer que se negó a rebajarse el listón aunque nadie se lo hubiera pedido.

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