En el lenguaje de la seguridad, los nombres importan. Una operación militar o policial se bautiza para decir algo, para marcar un propósito encubierto, para fijar un símbolo, para explicar qué se quiere proteger. Entre códigos fríos y acrónimos técnicos, a veces las operaciones son bautizadas con nombre de mujer. De Sofía a Minerva pasando por Hera o Artemisa. Nombres de mujer que parecen a ver sido elegidas por el azar, pero a veces están más pensadas de lo que parecen. Se usan como homenaje y también como una forma de entender la protección.

Una de las operaciones que fue rebautizada para llevar nombre de mujer fue la “operación Sofía“. El nombre de la misión naval de la Unión Europea contra las mafias de tráfico de personas en el Mediterráneo no nació en un despacho sino en un buque militar. En mayo de 2015, durante un rescate, una mujer embarazada fue auxiliada por el Schleswig-Holstein. Su hija nació a bordo de la fragata y la llamaron Sofía. La UE decidió que aquella vida recién llegada al mundo sería el nombre de la misión. Una operación que perseguía redes criminales, interceptaba embarcaciones y evitaba muertes en el mar quedó marcada por un nombre que recordaba lo esencial: proteger vidas que apenas empiezan.
Frontera sur
Más al norte, en la frontera sur de Europa, la seguridad también se escribe en femenino: Minerva. Cada verano, en Algeciras, Ceuta y Tarifa, se activa una operación conjunta de Frontex y la Guardia Civil para reforzar el control fronterizo. Minerva es la diosa romana de la inteligencia, la estrategia y la guerra justa. El nombre encaja con la misión que consiste en detectar documentos falsos, interceptar tráfico ilícito, anticipar riesgos y sostener la frontera con cabeza, en lugar de con la fuerza. Minerva no evoca violencia, sino cálculo y criterio. Es la forma de decir que la protección, aquí, se basa en pensar antes de actuar.

En Canarias, la frontera atlántica se defiende con el nombre de Hera. La diosa griega del hogar, la protección y la autoridad doméstica da nombre a la operación que patrulla aguas atlánticas, intercepta embarcaciones irregulares y coordina rescates. Hera simboliza el hogar que se cuida, la casa que se protege, la frontera que se mantiene en pie. En un mar donde la vida y la muerte se deciden en minutos, la operación combina vigilancia y salvamento, seguridad y humanidad.
Operación Artemisa
En el ámbito policial, los nombres femeninos también han marcado investigaciones complejas. Artemisa, diosa de la caza y la puntería, ha sido utilizada para operaciones contra el tráfico de armas y el crimen organizado. El nombre evoca precisión, persecución, puntería. En una de las operaciones bautizadas así, la Guardia Civil desarticuló una red de distribución de armas que operaba entre varias provincias. Artemisa no es un nombre amable sino que fue designado para ser un nombre que apunta, de precisión.

También aparece Diana, la versión romana de Artemisa, en operaciones contra el narcotráfico en Andalucía y Galicia. Diana es la cazadora que no falla. En una de las investigaciones más conocidas, la operación se centró en interceptar narcolanchas y desmantelar redes de distribución en la costa atlántica. La fuerza física no era el centro sino la inteligencia operativa, la vigilancia técnica y la coordinación judicial con la que se buscaba, entre otras cosas, hacer diana. La misión que lleva este nombre fue el primer operativo conjunto entre la Guardia Civil y la GNR portuguesa para frenar el narcotráfico en la frontera del Guadiana. Durante tres semanas, ambos cuerpos desplegaron controles por tierra, mar y aire en municipios de Huelva y en zonas del Algarve, en respuesta al desplazamiento de las rutas de alijo provocado por la presión del Plan Especial del Campo de Gibraltar.
En todas estas operaciones, el nombre femenino no es un adorno. Es una declaración de intenciones, son nombres que humanizan, que mitifican, que explican y que cuentan otra historia: la de una seguridad que también, se escribe en femenino.

