El Sahel es un territorio hostil en el que la seguridad de los ciudadanos está al borde del colapso. La ilegalidad y la escasa presencia del Estado han permitido que la delincuencia controle la región. Considerando esto, en el último Informe de Seguridad Nacional 2025 del Gobierno español, se ha situado al Sahel como una de las principales amenazas para la seguridad de España y Europa.
En esta zona se encuentran países como Malí, Níger y Burkina Faso, que se han convertido en el “centro de gravedad del terrorismo mundial“, con grupos yihadistas cada vez mejor armados y organizados.El documento, elaborado por el Departamento de Seguridad Nacional (DSN), dependiente de la Presidencia del Gobierno, advierte del creciente poderío de las filiales de Al Qaeda y de Estado Islámico en la región.

El Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), filial de Al Qaeda, constituye la “mayor amenaza para la seguridad” en estos momentos y ejecuta una estrategia que ya ha llegado a cortar el suministro de combustible a Bamako, capital de Malí. En Burkina Faso, la junta militar que gobierna el país apenas controla la mitad del territorio.
Una advertencia que lleva años formulándose
Esta preocupación no es nueva para el Gobierno español. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ya expresó hace un año su alarma ante la expansión del ISIS por el Sahel, calificándola de “muy preocupante” y de “un serio desafío para la seguridad en África“.

En aquel momento, recordó el liderazgo de España en la coordinación de la asistencia para la creación de capacidades en los países socios africanos, un trabajo que durante más de una década llevaron a cabo las Fuerzas Armadas españolas en Malí, donde formaron a más de 20.000 militares malienses en el marco de la misión europea EUTM Mali.
La salida de España de aquella misión no respondió a una mejora de la situación, sino a un giro geopolítico: las juntas militares que tomaron el poder en la región optaron por sustituir la presencia occidental, dejando atrás años de formación y cooperación. El resultado está hoy sobre la mesa: un Sahel más inestable, con grupos terroristas más fuertes y una amenaza que, según el propio informe, apunta cada vez más hacia el norte de África y, por extensión, hacia Europa.
“Las mujeres nos buscan”
La presencia española en el Sahel también tuvo rostro de mujer. La sargento Marta García, destinada en la base maliense de Koulikoro como parte de la misión europea, fue una de las pocas mujeres integradas en la Fuerza de Protección, la unidad que respondía en primera línea ante cualquier ataque. Desde allí, describía algo que los datos del informe ahora confirman: “Las mujeres y las niñas se acercaban mucho a nosotras; es como que nos buscaban“.

En declaraciones a EFE, reconocía que aquella experiencia le cambió la manera de ver las cosas: convivir con una población cuya esperanza de vida no llega a los 60 años y en la que casi la mitad vive en la pobreza te obliga a replantearte las prioridades. Una realidad que, más allá de lo militar, apunta a algo esencial: la presencia femenina en zonas de conflicto también es estratégica.
El otro modelo: cooperación con rostro humano
El Sahel también ha conocido otro tipo de presencia española. Sor Hortensia Perosanz, misionera burgalesa de 85 años conocida como “la monja pocera“, lleva más de seis décadas trabajando en Senegal, donde ha impulsado la construcción de más de 200 pozos de agua. Su labor, que empezó al observar a mujeres agotadas recorriendo kilómetros en busca de agua, ha transformado comunidades enteras: el acceso al agua ha permitido crear huertos, generar ingresos y que las familias puedan costear la educación de sus hijos.

La propia ministra Robles la recibió recientemente en el Ministerio de Defensa, reconociendo en ella a “una heroína que se ha dedicado toda su vida a luchar contra la pobreza“. Una figura que recuerda que la estabilidad en el Sahel no se construye solo con soldados, sino también garantizando que las mujeres tengan acceso al agua, a la educación y a un futuro.
El Informe de Seguridad Nacional 2025 deja claro que lo que ocurre en el Sahel no es ajeno a España. Y los datos muestran que el peligro es cada vez mayor.

