Precursora

Margarita Robles, primera presidenta de una Audiencia Provincial, 35 años después: “Sabía que la exigencia sería mayor”

Con solo 34 años, la actual ministra de Defensa marcó un precedente en la judicatura española y el arranque de una trayectoria definida por el rigor, la moderación y el servicio público

Margarita Robles, la primera mujer en acceder a la presidencia de una Audiencia Provincial, toma posesión.
EFE/LLuis Gene

Hoy hace 35 años, Margarita Robles cruzaba el umbral de la Audiencia Provincial de Barcelona para tomar posesión como presidenta. Tenía 34 años. No hubo solemnidad extraordinaria ni grandes titulares en aquel momento. El acto fue sobrio, casi austero, como corresponde a la liturgia judicial. Sin embargo, aquel día marcaba un hito: por primera vez en España, una mujer asumía la presidencia de una Audiencia Provincial.

Lo que quedó en la memoria fue la imagen de una magistrada joven, número uno de su promoción, que había recorrido en apenas una década el camino desde los primeros destinos judiciales hasta la presidencia de una Audiencia. En un sistema todavía muy jerárquico y masculinizado, su nombramiento era la confirmación de que el mérito podía abrirse paso incluso en estructuras poco dadas al cambio.

“Significaba asumir un reto importante”

Con los años ha admitido que en aquel momento no era plenamente consciente del alcance histórico de su designación. Estaba centrada en lo inmediato, en organizar un tribunal complejo, coordinar magistrados, hacer frente a una carga de trabajo elevada en una de las grandes capitales judiciales del país. No aspiraba a ser la primera mujer, sino a ser, sencillamente, una jueza que cumplía con su responsabilidad.

“Significaba asumir un reto importante personal y profesionalmente. Y como mujer, sabía que el nivel de exigencia iba a ser superior”, responde a Artículo 14 al preguntarle sobre aquel 17 de abril de 1991. “Fue un paso muy importante para las mujeres en la Justicia y más en una Barcelona en innovación que se preparaba para las Olimpiadas”.

Esa forma de entender el cargo explica en buena medida su legado. Durante su presidencia, la Audiencia Provincial de Barcelona no protagonizó grandes titulares, pero sí consolidó una dinámica interna más ágil y ordenada. “Pusimos en marcha todo lo referente a los juicios rápidos”, dice. Se hizo un gran esfuerzo por mejorar la coordinación entre secciones, reducir retrasos y dotar de mayor coherencia a las resoluciones.

Reunión del Consejo de Asuntos Exteriores (Defensa) en Bruselas.
Ministerio de Defensa

Un trabajo quizá poco visible, pero esencial en una justicia que entonces trataba de modernizarse y ganar eficacia. Apostó por un estilo de liderazgo basado en el respeto profesional entre iguales, algo especialmente relevante en un órgano colegiado. Ese modelo técnico y poco jerárquico contribuyó además a reforzar la estabilidad interna del tribunal.

En una época en la que la presencia femenina en los puestos de poder judicial era todavía limitada, su nombramiento rompió un techo de cristal que hasta entonces parecía difícil de perforar. Lo hizo desde la normalidad, ejerciendo el cargo sin recalcar constantemente su condición de pionera. Con el tiempo, ha tenido ocasión de demostrar que la igualdad se consolida cuando deja de ser excepcional.

Lleva la vocación inscrita en su ADN

Ese carácter discreto, disciplinado y poco dado a la confrontación ya estaba presente en sus años de formación. Nacida en León en 1956, creció en una familia vinculada al Derecho -su padre era abogado-, lo que influyó de manera decisiva en su vocación. A los 12 años se trasladó a Barcelona, un cambio que, según se ha señalado en distintas ocasiones, reforzó su capacidad de adaptación y su autonomía. No fue un tránsito sencillo, pero la experiencia de integrarse en un nuevo entorno cultural y social dejó una huella que se percibe en su trayectoria posterior.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, visita el Grupo de Escuelas de la base aérea de Matacán (Salamanca).
EFE

Desde muy joven destacó por su autoexigencia, el esfuerzo y el rendimiento académico sobresaliente. Convertirse en número uno de su promoción con apenas 25 años no solo evidenciaba talento, sino también una determinación poco habitual. En aquellos años, además, tuvo que enfrentarse a prejuicios de género que hoy resultan más visibles, como la idea de que una mujer debía priorizar otros roles frente a una carrera profesional exigente. Lejos de frenarla, el desafío robusteció su independencia.

Una de las políticas mejor valoradas

Esa misma combinación de rigor técnico y moderación institucional, alejado de la confrontación partidista, ha marcado también su trayectoria política. Robles ha logrado mantenerse como una de las figuras mejor valoradas del Gobierno durante años. Su popularidad, inusualmente estable en el Gobierno de España, alcanzó su punto más alto durante la pandemia, cuando como ministra de Defensa se convirtió en la figura mejor valorada del Gobierno. En aquellos meses difíciles, su intervención en el Palacio de Hielo de Madrid, convertido en morgue improvisada, simbolizó una forma de conectar con una ciudadanía desesperanzada. “No han estado solos”, dijo sobre los fallecidos. Con empatía, pero sin perder la sobriedad que exigían las circunstancias.

En aquel acto del 17 de abril de 1991, Margarita Robles inauguró una etapa en su trayectoria que, con el paso de los años, ha evolucionado a tono con su carácter austero y con la firmeza de quien entiende el servicio público como una tarea cotidiana. Aquella toma de posesión no fue solo un hito en su carrera, también el inicio de una transformación gradual en la fisonomía de la justicia española