España ha acelerado su inversión en defensa más rápido que casi todos sus aliados europeos, pero esa mejora no le ha permitido entrar en el grupo de los cinco países que marcan el ritmo de la seguridad continental: Alemania, Francia, Italia, Polonia y Reino Unido. Un análisis del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), firmado por el coronel y doctor en Seguridad Internacional, Juan C. Castilla, sugiere que la razón no es únicamente presupuestaria.
“La exclusión de España del formato E5 en vísperas de la cumbre aliada responde posiblemente a los desacuerdos públicos sobre los objetivos financieros de La Haya y a otras tensiones con la Administración estadounidense”, escribe Castilla. El documento argumenta que la brecha numérica entre España y las cinco potencias se está cerrando con rapidez, pero que existe una “jerarquía aliada informal” en la que Madrid ocupa una posición inferior en relación a su dimensión económica y su reciente esfuerzo inversor.
La precisión es importante: el informe no afirma que España haya alcanzado la paridad militar con el E5, sino que cuestiona si la diferencia cuantitativa basta para explicar su exclusión política.

Del 1,42% al 2%: el salto más acelerado
El cambio más visible es el crecimiento del gasto básico de defensa. España pasa del 1,42% del PIB en 2024 al 2% estimado para 2025 y 2026. En términos monetarios, el aumento va de 22.693 millones de euros a 35.419 millones previstos en 2026: un incremento del 56% en apenas dos años.
Ningún otro país del E5 crece a ese ritmo. Alemania pasaría del 2% al 2,69%; Francia, del 2,04% al 2,22%; Italia, del 1,52% al 2,10%; Polonia, del 3,75% al 4,68%; y Reino Unido, del 2,28% al 2,56%. España alcanza el suelo del 2%, pero cuando el grupo de referencia ya se mueve por encima de esa cota.
En perspectiva histórica, la trayectoria española es más impresionante. Entre 2014 y 2026, España registra el segundo mayor incremento real acumulado del gasto básico de defensa: un 183%, solo superado por Polonia con un 284%. Alemania crece un 155,2%; Italia, un 108,2%; Reino Unido, un 41,7%; y Francia, un 39,4%.
La comparación con Polonia es especialmente reveladora. Varsovia no solo encabeza el E5 en porcentaje del PIB, sino que eleva su esfuerzo hasta el 4,68% estimado para 2026. Castilla interpreta esa diferencia como una cuestión de prioridad estratégica: Polonia, en el flanco oriental de la OTAN y con percepción inmediata de amenaza rusa, ha convertido la defensa en prioridad presupuestaria central. España, en cambio, ha comenzado una corrección intensa pero desde un nivel de exigencia relativo menor.

Las limitaciones que explican la exclusión
Sin embargo, los números revelan por qué España sigue sin estar en el E5. El gasto por habitante es revelador. España pasa de 480 dólares por persona en 2024 a 700 en 2026, un avance del 45,8%. Es superior al de Alemania, Francia, Polonia y Reino Unido, pero el resultado final mantiene a España en última posición: Alemania alcanza 1.427 dólares por habitante; Reino Unido, 1.274; Francia, 1.022; Polonia, 1.007; e Italia, 839.
La masa militar es aún más limitante. España conserva entre 116.700 y 119.900 efectivos, por debajo de todos los del E5. Francia ronda los 202.000; Italia, casi 192.000; Alemania, 183.000; Reino Unido, cerca de 126.000; y Polonia supera los 263.000.
Castilla advierte de que el incremento presupuestario español no se está traduciendo en “una ampliación sustantiva de la fuerza militar en personal”. El patrón de gasto apunta a modernización de capacidades: más tecnología, más equipo, pero sin crecimiento paralelo de efectivos. Esa opción puede ser racional en un entorno donde los sistemas no tripulados, la defensa aérea y la ciberdefensa ganan importancia. Pero también comporta un límite: las Fuerzas Armadas necesitan personal para operar, sostener y desplegar esos sistemas. La tecnología multiplica capacidades; no elimina la necesidad de masa.

¿Convergencia o exclusión política?
Castilla llega a una conclusión política ambiciosa: la ausencia española del E5 obedece “menos a los indicadores objetivos de inversión que a factores políticos y de percepción estratégica”. España aún no iguala a las cinco potencias en masa y recursos, pero sus datos ya no bastan para justificar que se la trate como un actor periférico.
El informe deja abierta una pregunta crítica: si el rápido crecimiento del gasto se traducirá en influencia estable en la OTAN. Para ello, España tendrá que sostener la inversión más allá del cumplimiento formal del 2%, ampliar la capacidad operativa de sus Fuerzas Armadas y convertir la modernización presupuestaria en poder militar y político tangible.

