La Guardia Real es una de las unidades más singulares de las Fuerzas Armadas españolas y, desde 2005, cuenta con algo que antes no tenía: un servicio de odontología. Lo creó desde cero la teniente coronel Elena Villalta González, que lleva 30 años en las Fuerzas Armadas y 21 de ellos en esta unidad. Natural de Ceuta, combina su labor clínica con una carrera deportiva de alto nivel. Artículo 14 habló con ella sobre su trayectoria, su visión de la mujer en el Ejército y lo que significa llevar más de dos décadas cuidando la salud de quienes protegen a la Familia Real.
¿Qué la llevó a elegir el Cuerpo Militar de Sanidad?
Soy de Ceuta y aunque en mi familia no había nadie militar, siempre tuve un entorno castrense, porque mis padres tenían amigos que trabajaban en el Hospital Militar. Yo siempre he hecho mucho deporte y compaginaba los estudios con la competición. Mi idea inicial era estudiar Ciencias de la Actividad Física, pero tenía una beca de natación en Sevilla y opté por quedarme allí para estudiar Odontología. Cuando estaba acabando la carrera me comentaron que había plazas de odontólogos militares y que el Ejército fomentaba mucho el deporte. Entre el entorno familiar y mi afición, me animé a opositar al Cuerpo Militar de Sanidad. Acabé la carrera en el 95, me puse a estudiar la oposición y aprobé.

¿Cómo fue ingresar en las Fuerzas Armadas en 1996, cuando la presencia femenina todavía era minoritaria?
Efectivamente, en el año 96 entrar en el Ejército siendo mujer no estaba tan normalizado como ahora, pero yo accedía por el Cuerpo Militar de Sanidad, que engloba a médicos, farmacéuticos, veterinarios, enfermeros y odontólogos. La rama sanitaria siempre ha sido muy femenina. En mi promoción el 60% éramos mujeres, con lo cual desde el principio estábamos muy integradas. Sinceramente, para mí no supuso ningún mundo inhóspito, porque la mayoría de mis compañeros militares eran mujeres. Es verdad que en las academias generales, en Tierra, Aire y Armada, había pocas mujeres, pero en mi especialidad éramos muchas desde el principio.
¿Qué ha cambiado en la presencia de la mujer en las Fuerzas Armadas desde que usted ingresó hasta hoy?
En mi caso no he notado mucho cambio porque siempre me he movido en un ámbito muy sanitario. Las unidades se han ido adaptando poco a poco a la presencia de mujeres, a nivel de instalaciones y uniformidad, pero creo que nos hemos integrado perfectamente. He estado en el Hospital Gómez Ulla, en el Cuartel General del Aire y en la Guardia Real, y en todas las unidades siempre hemos sido un compañero más, un eslabón más de la cadena.

¿Cómo fue el proceso de acceso a la Guardia Real y qué la llevó a querer formar parte de esta unidad?
Cuando salí destinada como teniente estuve cinco años en el Cuartel General del Aire y luego en el Hospital Central de la Defensa. Hubo una reestructuración de la sanidad militar, se cerraron muchas plazas y hospitales, y quedamos en situación de disponibilidad varios odontólogos. Fue en 2005 cuando la Guardia Real sacó por primera vez una plaza de odontólogo. Hasta entonces no había servicio de odontología, pero el coronel de la época quería tenerlo para dar un buen servicio a su unidad. Salió la vacante, la pedí porque me parecía una oportunidad de crear un servicio a mi manera, y me la concedieron por currículum.
Lleva 21 años en la Guardia Real. ¿Qué es lo que más valora de trabajar aquí?
Trabajar en la Guardia Real y dar servicio al personal que trabaja para la Familia Real es un orgullo y un honor. Es una suerte, un privilegio poder estar aquí. El servicio odontológico que tenemos es muy completo, pero más allá de eso, el entorno, los compañeros y el tipo de trabajo del día a día hacen que para mí sea un auténtico privilegio.
¿Cómo compagina su labor como jefa del Servicio de Odontología con la práctica del deporte de alto nivel?
En el Ejército tenemos la obligación de mantener una forma física, y aquí tengo facilidades para sacar tiempo de entrenamiento. Tengo derecho a una hora diaria de deporte. Estoy federada en natación y en pádel, y entreno por las tardes cuando salgo del trabajo. O sea, hay tiempo para ambas actividades.

¿Qué supuso para usted el Campeonato Nacional Militar de Salvamento y Socorrismo?
El Salvamento y Socorrismo es una disciplina que necesita base de natación. En el Ejército no hay competición de natación pura, así que me reconvertí al Salvamento con un equipo que sacó la Guardia Real hace años y competimos en campeonatos militares nacionales. Es una disciplina muy dura y exigente. Ahora la Guardia Real ya no tiene equipo de salvamento, así que a nivel militar lo que hago es pádel. El año pasado quedamos campeonas de Europa militar en Holanda con una compañera.
¿Ha sentido en algún momento que tenía que demostrar más por ser mujer dentro de la institución?
No, en absoluto. Siempre he estado totalmente integrada con mis compañeros, tanto en el ámbito sanitario como en el cuerpo general. Soy una más del equipo. Cuando toca hacer formaciones militares las hago como cualquier otra persona. No he tenido nunca ningún problema ni he tenido que demostrar nada por ser mujer.
¿Qué mensaje daría a una joven que esté pensando en seguir una carrera en el Cuerpo Militar de Sanidad?
Yo todos los años voy a la Universidad de Sevilla a hablar de las salidas profesionales en la odontología militar. La odontología privada es una profesión muy exigente. En el Ejército puedes desarrollar tu función de odontólogo, compatibilizarlo con tu vida privada y hacer deporte. Es una actividad mucho más variada. Además este año han salido cuatro plazas para odontólogo en el Boletín, cuando normalmente solo salía una o dos. Yo siempre lo recomiendo.

¿Cuál es el mayor logro de su carrera militar?
Hay dos. El primero, haber creado el servicio de odontología de la Guardia Real partiendo de cero, con total libertad para montar el servicio que yo quería. Hoy en día creo que probablemente sea de lo mejor que hay en las Fuerzas Armadas a nivel asistencial. Mis pacientes se van con empastes de calidad y tratamientos buenos. Y eso me enorgullece porque lo he construido yo.
El segundo son las dos misiones internacionales que desarrollé en Afganistán. La primera con la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en 2002, en Bagram, dentro de la Operación Libertad Duradera. La segunda en Herat, en un hospital de campaña tipo ROLE-2, en la Operación de Reconstrucción de Afganistán.

