El principal instituto de análisis estratégico del mundo en materia de defensa, el International Institute for Strategic Studies con sede en Londres, ha publicado un extenso análisis sobre la transformación de la defensa europea tras la invasión rusa de Ucrania. El documento, titulado The Defence of Europe in a New Era, combina el estudio de las capacidades militares, la industria, la logística y las nuevas tecnologías para evaluar hasta qué punto los aliados europeos están preparados para asumir una mayor responsabilidad en la defensa del continente. España ocupa un lugar relevante en ese análisis, con luces y sombras.
En el lado positivo, el informe destaca el creciente protagonismo de España dentro de las estructuras multinacionales de la OTAN. El instituto sitúa a España junto a Grecia, Italia y Turquía como aliados meridionales con capacidad para aportar fuerzas a otros teatros de operaciones, y subraya específicamente que su papel está adquiriendo mayor visibilidad gracias al liderazgo del grupo de combate multinacional desplegado en Eslovaquia y al proceso de ampliación de ese contingente hacia el nivel de brigada. El informe cita además la certificación en 2025 de una brigada mecanizada española para operar dentro de una división multinacional del noreste de la OTAN.

Menos soldados y menos artillería
Sin embargo, el análisis también pone sobre la mesa una evolución cuantitativa menos favorable. Según los datos de la base Military Balance+ utilizada por el instituto, España redujo un 9,4% sus efectivos terrestres activos entre 2011 y 2026. El descenso se produce en un contexto europeo muy desigual: mientras Polonia prácticamente duplica sus efectivos en el mismo periodo, varios de los grandes ejércitos del continente permanecen estancados o disminuyen.
Pero el dato más llamativo es el de la artillería. España recortó un 49,8% sus sistemas de artillería y cohetes entre 2011 y 2026, una reducción que el informe sitúa entre las más pronunciadas de Europa occidental, junto a las de Francia, Alemania, Italia y Reino Unido. La cuestión es especialmente relevante porque el propio estudio identifica los fuegos como una de las áreas en las que Europa debe recuperar capacidades para hacer frente a los nuevos escenarios de conflicto. Recuperar la artillería no significa solo comprar obuses: exige sensores de largo alcance, sistemas de adquisición de objetivos, guerra electrónica, radares de contrabatería, municiones guiadas y reservas de munición suficientes.

España entrará en la producción de artillería autopropulsada
En el terreno industrial, el informe ofrece una perspectiva más alentadora. Hasta mediados de 2026, solo seis países de la OTAN o la UE disponían de líneas activas de producción de artillería autopropulsada: Francia, Alemania, Polonia, Eslovaquia, Suecia y Turquía. El IISS señala que España, junto a Reino Unido y posiblemente Finlandia, dispondrá también de esta capacidad antes del final de la década, lo que elevaría a nueve el número de países europeos con producción propia en este ámbito. El informe no especifica qué sistema producirá España ni en qué instalaciones.

Un retrato complejo
El conjunto del informe dibuja un retrato de España que combina tres realidades. La primera es una creciente integración en las estructuras multinacionales de la OTAN, con el liderazgo en Eslovaquia como ejemplo más visible. La segunda es una reducción considerable de la masa terrestre y de la artillería acumulada durante los últimos quince años. La tercera es una presencia industrial y tecnológica en diferentes cadenas europeas de defensa, con empresas como Expal en munición, participación en sistemas de defensa aérea de MBDA, el programa A400M y una futura línea de artillería autopropulsada.
El IISS sitúa todas estas realidades dentro de la transformación que están viviendo los ejércitos europeos hacia un modelo preparado para operaciones de mayor escala y duración, un proceso en el que España tiene tanto fortalezas que capitalizar como déficits que corregir.

