El 0-0 ante el Eibar no cuestiona el proyecto de Pau Quesada, pero sí pone sobre la mesa una de las primeras advertencias de la temporada. Si se quiere dar un salto más y competir con el Barça, no pueden quedar estos puntos atrás. El conjunto madrileño dominó, pero no marcó y no pasó del empate. Y el término, “flow”, que el técnico utilizó para describir el estado de ánimo de su vestuario tras la clasificación europea se convirtió, apenas unos días después, en el protagonista involuntario de las crónicas del primer tropiezo blanco.
Pau Quesada usó esta palabra después de la clasificación del Real Madrid para la fase liga de la Champions. Lo hizo para describir el momento que atravesaba su equipo. No hablaba únicamente de resultados ni de una racha de victorias. Hablaba de sensaciones, de conexión, de un vestuario que disfrutaba del día a día y de una plantilla que, según explicaba, había generado una relación especialmente buena entre las futbolistas y el cuerpo técnico.
“Hay un estado de flow en el día a día muy positivo”, explicó el entrenador madridista después del partido ante el Ajax en el estadio Alfredo Di Stéfano. Y añadió un apunte más: “El flow es difícil mantenerlo”. El propio Quesada asumía que ese estado de gracia tendría obstáculos y que algún tropiezo acabaría llegando.
No tuvo que esperar demasiado. Cuatro días después, el Eibar apareció en Valdebebas y convirtió aquella palabra en el argumento perfecto para contar el primer pinchazo liguero del Real Madrid. El 0-0 dejó dos puntos en el camino y, sobre todo, mostró una versión bastante menos fluida del conjunto blanco en los metros decisivos. No es casualidad que algunos medios hayan construido sus crónicas alrededor de aquella expresión. “El Eibar rebaja el ‘flow’ del Madrid”, tituló el Diario AS. Mientras, Marca publicó su crónica con el siguiente titular: “El Real Madrid se queda sin flow”.
El resultado aprieta las tuercas a un Real Madrid al que no le bastó con dominar. El conjunto de Quesada tuvo la pelota, llevó la iniciativa y acumuló aproximaciones, pero se encontró con un Eibar perfectamente reconocible: ordenado, intenso y dispuesto a convertir cada ataque blanco en un problema de circulación. La cuestión no era tanto si el Real Madrid iba a llegar sino cómo iba a llegar.
Keukelaar y Linda Caicedo encontraron espacios para progresar por las bandas, pero el equipo tuvo más dificultades cuando el balón debía abandonar esos costados y viajar hacia zonas interiores. Faltó acelerar la circulación, conectar con las atacantes entre líneas y fabricar situaciones verdaderamente limpias cerca del área.
El dato resulta significativo. El Eibar terminó sin remates entre los tres palos, mientras que su guardameta, Anna Wellmann, tuvo que intervenir en varias ocasiones para mantener el empate. El Madrid, por tanto, no sufrió atrás. Su problema estuvo principalmente en transformar su dominio territorial en un gol que nunca llegó.
Y ahí aparece uno de los nombres que ayudan a entender el partido: Felicia Schröder. La sueca se había convertido en una de las grandes protagonistas del arranque de temporada, con goles en sus tres primeros partidos oficiales. Su capacidad para atacar el espacio y finalizar las jugadas ofrece al Madrid una amenaza diferente tras su fichaje millonario y de récord -el club blanco habría pagado por ella alrededor de 1,5 millones de euros-. Pero ante el Eibar estaba sancionada por la expulsión sufrida en el derbi, una ausencia que modificó el escenario ofensivo. Quesada recurrió a Lineth Beerensteyn, que afrontaba una oportunidad importante después de un comienzo condicionado por problemas físicos.
No sería justo explicar el 0-0 únicamente por la ausencia de Schröder. Pero sí resulta evidente que el Real Madrid todavía está construyendo automatismos y repartiendo responsabilidades en ataque. Linda puede desequilibrar desde fuera, Keukelaar tiene capacidad para romper líneas y Beerensteyn ofrece movilidad, pero ante un rival que cerró bien los espacios faltó una pieza capaz de convertir esa superioridad territorial en una ocasión incontestable.
El Eibar entendió perfectamente el partido que debía jugar. No necesitó dominar ni generar un volumen alto de ocasiones. Le bastó con resistir, mantener el bloque compacto y obligar al Madrid a circular alrededor de la defensa. El equipo blanco insistió hasta el final, pero cada minuto que pasaba aumentaba la sensación de que el partido exigía algo diferente a seguir haciendo lo mismo.
El “flow” no era ganar siempre
Por eso las declaraciones de Quesada adquieren ahora un significado especial. El técnico había hablado del “flow” para describir una sensación colectiva de confianza, la percepción de que el equipo estaba disfrutando del proceso y que las cosas fluían tanto dentro como fuera del terreno de juego. Pero, al mismo tiempo, había introducido una advertencia. Ese estado no es permanente.
También señaló la necesidad de que el equipo mejorara la calidad de sus ocasiones y fuera capaz de “penalizar más”. Una frase que encaja casi de forma perfecta con lo ocurrido ante el Eibar. El Madrid generó suficiente dominio como para ganar, pero no produjo la contundencia necesaria para hacerlo.
Convertir el “flow” en una obligación sería, por tanto, un error. Si la palabra significa ganar todos los partidos con naturalidad, el 0-0 es una ruptura. Si significa confianza, conexión y una buena dinámica de trabajo, un empate sin goles no tiene por qué borrar nada de lo construido durante las primeras semanas.
De hecho, el contexto invita a relativizar el tropiezo. El Madrid había comenzado la Liga con una victoria en el derbi ante el Atlético, después había viajado a Ámsterdam para superar al Ajax y, en la vuelta, había certificado en el Di Stéfano su presencia por sexto año consecutivo en la fase liga de la máxima competición europea. Todo ello en apenas unos días.
Quesada ya había advertido del desgaste después del partido ante el Ajax y de la necesidad de recuperar frescura. Ante el Eibar, esa frescura ofensiva no apareció con continuidad.
Y ahora, el PSG de Olga Carmona
El calendario tampoco permite demasiado tiempo para darle vueltas al empate. El Real Madrid ya conoce su recorrido en la fase liga de la Women’s Champions League. El PSG de su excapitana, Olga Carmona, será su primer rival europeo, el 22 de septiembre en el Alfredo Di Stéfano. Después, llegarán desplazamientos de máxima exigencia ante Manchester City y Bayern de Múnich, además de los encuentros frente a Paris FC, Inter y Roma.
La exigencia será considerablemente mayor. Los cuatro primeros clasificados accederán directamente a cuartos de final, mientras que los equipos que terminen entre el quinto y el duodécimo tendrán que superar un playoff.
Ahí es donde el Real Madrid tendrá que demostrar si el “flow” del que hablaba Quesada es algo más profundo que una buena racha.
Porque el partido ante el Eibar deja precisamente ese aprendizaje. El Madrid sabe dominar, sabe presionar y tiene futbolistas capaces de desequilibrar. Lo que todavía necesita perfeccionar es su capacidad para encontrar soluciones cuando el rival consigue bloquear sus caminos habituales.
El 0-0, por tanto, es el primer aviso de una temporada en la que el Madrid tendrá que aprender a convivir con partidos así. Y buscar soluciones para aspirar a mucho más.

