El madrileño pabellón de Magariños no es solo una cancha de baloncesto; es un templo donde la tradición y el futuro del basket se dan la mano cada fin de semana. En ese ecosistema, rodeada de una afición que respira baloncesto, crece y se consolida Carla Osma. La jugadora de Movistar Estudiantes encara una nueva temporada en la Liga Femenina Endesa con una mentalidad renovada.
La evolución deportiva y personal de Osma es el fiel reflejo de una nueva generación de deportistas: jóvenes sobradamente preparadas que no solo deslumbran por su talento físico y técnico, sino que alzan la voz para reclamar su espacio, exigir mejoras estructurales en el deporte femenino y, sobre todo, poner la salud mental en el centro de la ecuación del alto rendimiento.
¿Veteranía en una jugadora de 20 años?
El salto a la primera plantilla de un club con la exigencia del Estudiantes no es tarea fácil. La propia Carla reconoce que el proceso de adaptación conlleva su inevitable cuota de incertidumbre. “Con respecto al año pasado es un poco diferente. Llegué con un poquito de miedo, el miedo de ser mi primer año, de no saber qué me iba a encontrar”, confiesa con sinceridad. Sin embargo, el deporte de élite no espera a nadie, y la madurez se acelera cada vez más para las nuevas generaciones. “Este año ya llego muy segura de lo que quiero, de lo que quiero aportar al equipo y de lo que quieren de mí: esa garra, esa actitud y la energía que me caracteriza como jugadora joven. Llego súper ilusionada” aseguraba Osma frente a los micros de Artículo14.
En esa transición hacia la consolidación, el papel del vestuario cobra una importancia enorme. En una época donde el talento joven acapara focos y portadas, Osma reivindica el valor palpable de la veteranía, y más en una sociedad como la actual, llena de inseguridades. Las jugadoras con más galones en el equipo se han convertido en sus mejores mentores. ¿Su consejo más repetido? “Que juegue sin prisas, tranquila, que confíe en mí. Que no tenga miedo de nada, que sea valiente y juegue desacomplejada”, relata la escolta.

Para Carla, la mezcla generacional es una de las claves del éxito. Entiende que, aunque en la pista todas corren y tiran a la misma canasta, la experiencia marca la diferencia: “Las más veteranas tienen más conocimientos, saben leer mejor los momentos específicos de los partidos. Aprender de lo que me dicen cada día en cada entrenamiento es súper importante y me ayuda muchísimo”. En un momento como el que atraviesa actualmente el deporte, con el talento joven cada vez emergiendo cada vez más temprano; cobra mucha mas importancia el entorno, una joven con una talento inmenso pero sin saber gestionarlo y teniendo alrededor las guías equivocadas, puede echar a perder toda una carrera.
Este aprendizaje acelerado ha sido vital para digerir el salto al baloncesto profesional. Un cambio que, según relata, se nota especialmente en dos vertientes: la física y la táctica. “Es un salto brutal, sobre todo físicamente. Lo noté un montón al llegar; me dije a mí misma que tenía que ponerme a punto porque esta liga exige muchísimo más. Además, tácticamente todo está mucho más ordenado, las jugadoras saben lo que quieren y el entrenador tiene muy claro por dónde sí y por dónde no. El juego tiene mucho más sentido”.
Un equipo de patio de colegio
Jugar en el Movistar Estudiantes no es solo defender unos colores; es representar a una de las canteras más importantes y sentimentales de Europa. Para una jugadora de la casa, vestir esa camiseta frente a su público es una experiencia que trasciende lo meramente deportivo.
A la pregunta, un equipo que arrastra detrás una masa social enorme y que nunca ha dejado de identificarse y quererse como un equipo de colegio ¿Qué se siente al salir a jugar a Magariños y representar a toda una cantera?. “Sin duda, es un orgullo”, afirma Osma con una sonrisa al hablar de su afición. “Cada día que entro a Magariños veo a todo el mundo en la grada desde antes que nosotras. Durante el partido, en los momentos de tensión, sientes a esa grada abrazándote. Es una sensación increíble, a veces hasta se me pone la piel de gallina. Me siento súper feliz y orgullosa de pertenecer a un club que tiene ese cariño. Es súper guay jugar con una afición como la nuestra”.
La importancia de la salud mental
Para muchos poco importante, para otros demasiado. La salud mental, desde luego uno de los puntos más importantes a cuidar en el deprote de élite. La gestión de la presión. Osma, como muchas promesas del baloncesto europeo, probó suerte cruzando el charco para vivir el sueño americano universitario. Sin embargo, la experiencia le sirvió para descubrir qué es lo que verdaderamente necesita para ser feliz en una cancha. “La salud mental es algo primordial en el baloncesto de élite”, sentencia. “Estuve en Estados Unidos un año y una de las principales razones por las que me volví fue precisamente por mi salud mental. Allí sentía que solo se miraba por y para el baloncesto” contaba con seguridad la jugadora.

Para Osma, el foco no debe se unidireccional, exclusivamente en el rendimiento deportivo; sino que el foco puesto en el deporte de élite debe ser bidireccional, apuntar obviamente al deporte, pero sin descuidar las cosas que hacen a las profesionales sentirse bien y felices, casi tan importante para un buen rendimiento que ser bueno o malo. Su rutina pasa por una desconexión radical una vez que el balón deja de botar. “Para mí es muy importante saber que, en cuanto me quito las zapatillas y termino de entrenar o jugar, tengo mi vida aparte. Ver a mi familia, hacer planes con mis amigos, salir… Es crucial tener un psicólogo a estos niveles, e incluso para gente que no es deportista, para saber diferenciar los distintos aspectos de tu vida” sentencia además que para eso la capital es genial.
Esa desconexión la cultiva en Madrid le encanta pasar tiempo con ella misma, pasar tiempo sola, una madurez atípica para su edad. “Me gusta muchísimo hacer planes sola. Aquí en Madrid hay mil cosas que hacer, así que me guardo ideas, y cuando tengo un día libre, me voy a leer a un sitio tranquilo o hago alguna actividad. Luego voy a ver a mis amigos, que es secundario, pero yo y mi tiempo a solas vamos primero”.
Los avances del deporte femenino
Es imposible obviar el contexto sociolaboral en el que se enmarca la carrera de Carla. El baloncesto femenino, y el deporte femenino en general, vive una época de crecimiento exponencial impulsado por las redes sociales y el empuje incansable de las propias protagonistas.”Cada vez se le está dando más visibilidad, es algo que con el esfuerzo de todas hemos conseguido y que va creciendo año a año. Mientras se siga por esta línea, todo va a ir con mucha más fuerza”, analiza la jugadora, reconociendo que el nivel actual de la liga es “altísimo”.

Sin embargo, el crecimiento deportivo y mediático debe ir acompañado de derechos. A la pregunta sobre los recientes avances en el fútbol femenino, como la inclusión en convenio de ayudas para la congelación de óvulos que permita alargar la carrera deportiva de las mujeres para una futura maternidad sin presiones biológicas, Osma es asiente: el baloncesto debe tomar nota.
“Totalmente. Creo que todo lo que suponga una mejora y una oportunidad para las mujeres en ese sentido es bienvenido. Deberíamos ponernos las pilas; siempre estaré a favor de cualquier cosa que suponga un avance para el baloncesto femenino”. En cuanto a las deudas históricas y condiciones laborales respecto al circuito masculino, la escolta se muestra muy optimista y valora los avances: “Poco a poco esas cuentas pendientes se van arreglando. Cada vez hay más gente poniendo sobre la mesa las oportunidades que nos merecemos, al igual que los hombres. Si miras años atrás y nos miras ahora, el cambio es brutal”.
El sueño de la Selección
Carla es una jugadora movida por la ambición. A la reflexión de cómo quiere verse a sí misma pero dentro de 5 años, la escolta responde: “soy súper ambiciosa, siempre quiero ir a más. Siempre con los pies en el suelo, me gustaría ver a una Carla establecida y consolidada en la liga, que tiene oportunidades, que se hace valer, que tiene confianza en sí misma y que sigue disfrutando del baloncesto como hasta ahora”. 
¿Y la Selección Española Absoluta? La sonrisa se le escapa al realizar la pregunta. “Es un sueño. Todas las jugadoras españolas tenemos esas ganas de llegar algún día a la absoluta. Creo que, trabajando y esforzándome día a día como lo hago, es una oportunidad que quién sabe si llegará de cara al futuro. Sería mi sueño, ojalá”, responde la jugadora.
Con la cabeza amueblada, el talento en las manos y una consciencia social y personal poco común a su edad, Carla Osma representa el presente y el futuro brillante de un baloncesto femenino que ya no pide permiso, sino paso. Y lo hace, sobre todo, cuidando a la persona que hay detrás de la jugadora.

