“Agárrame el bolso que voy a ver el encierro de cerca” le pidió Yomara Marso a su madre hace ahora once años. Era el encierro de Valdefresno de su pueblo Almazora en Castellón, tenía 20 años, y pensaba en principio “acercarme para ver los toros pasar desde los laterales”, pero sintió una sensación que ahora describe como “valor” y se puso en mitad de la calle delante de los seis toros. “Me enamoraron esos animales”.
“La manada iba abriendo un toro y yo me puse delante”, recuerda, “además por la inexperiencia me puse en el sitio más complicado, cogiendo la curva, ahora mismo pienso donde me metí yo, pero salió todo muy bien, aunque acabé cayéndome al suelo”, recuerda de aquella jornada de 2014. “Mi madre no sabía si darme un beso o matarme. Fue una dosis de adrenalina, ¡eso había que repetirlo!”.
Una década corriendo
A partir de ahí, Yomara fue corriendo cada vez encierros más importantes, como los de San Sebastián de los Reyes hasta que, hace tres años, llegó la oportunidad de correr en San Fermín. “Pamplona es la cuna, es el lugar más importante”, asume de unas fiestas que había visto con devoción desde muy pequeña.

Su familia, relacionada siempre con el mundo del toro le sirvió como guía, “mi padre es mi referente ha sido volador toda la vida y mi tío adquirió una ganadería de toros bravos cuando tenía cinco años, así que yo por suerte, lo he mamado desde niña”. Eso le hizo llegar a San Fermín en 2022 para correr allí por primera vez con una emoción especial. “Los minutos antes te recorre una sensación que no se puede explicar”.
Pamplona, la cuna
Su primer encierro en Pamplona fue más corto de lo que le hubiese gustado, “me caí en una montaña de gente en seguida, pero al día siguiente ya me puse en el otro lado de la calle Estafeta y pude disfrutar unos metros y aprovechar más la carrera“. Aunque su mejor experiencia la vivió el año pasado “cuando ya pude correr delante y sentir los toros cerca”. En esa última ocasión iba con una recortadora de su cuadrilla, una compuesta por 14 mujeres que se denomina De Taurinas Maneras. “Le hice un poco el lío y acabamos corriendo las dos”, recuerda riendo.
“Me sentía responsable de ella porque pensaba que si le pasaba algo ella estaba allí por mí”, en un momento de la carrera la vi muy cerca del toro y le avisé. Ella me dijo que entre toda la gente sólo oyó mi grito de cuidado. Acabamos la carrera y nos dimos un abrazo, había salido todo bien”.
No es fácil para una mujer, pero el tema del valor o la valentía como puedan pensar muchos tiene poco que ver “el tema es la fuerza, para poder estar delante hay que aguantar braceos, empujones, y por lógica los hombres tienen más fuerza”, asegura. “También es verdad que cuando alguna vez me he caído si que he visto que me ayudaban rápido, no he sentido afortunadamente machismo o comentarios discriminatorios, casi más es extrañeza cuando ven a una mujer y más pequeñita como soy yo que corre delante, algunos alucinan”, reconoce.
Yomara nos atiende desde Castellón y no desde Pamplona, donde ha estado los últimos tres años corriendo los sanfermines, por una fractura en el dedo gordo del pie en un episodio en que hace un mes y medio, sufrió una cogida cuando trató de ayudar a una compañera. Porque para ella San Fermín representa algo mucho más poderoso que la lógica. “Hasta miré para ir y volver en el día, pero con el pie así no puedo. Pero me pongo el despertador todos los días para ver el encierro, se me pone la piel de gallina sólo con oír los cánticos”.
El toro embolado
Correr encierros es una parte importante. La otra, es embolar toros. Una tradición muy arraigada en su localidad. El festejo consiste en atar al toro en un armazón metálico con bolas a las que se les prende fuego. Una persona corta la cuerda que ata al toro mientras otra sujeta al animal por el rabo antes de dejarlo suelto. “Ahí lo hacemos juntas las mujeres de la peña, y todas somos importantes, desde la rabera, hasta la que se pone delante”.
La sensación previa antes de que todo suceda es tan fuerte que “he llegado a vomitar. Porque es nervio y puro miedo lo que sientes. Te pones en peligro pero te da la vida“, asegura mientras añade que “lejos de lo que muchos puedan pensar “nosotros sentimos un respeto máximo hacia el animal, que no sufre”.
Su profesión está muy alejada del mundo taurino “soy dependienta de El Corte Inglés de Castellón. Cuando alguna vez me ven nerviosa de cara a una noche de embolada los clientes no se imaginan a lo que me voy a enfrentar”, se ríe.
Sara Puñal, predestinada desde niña
Y de una dependienta a una administrativa. “Paso tantas horas sentadas que yo creo que esto lo hago como contraste, para sentir adrenalina”, nos dice, tras haber corrido el encierro de este mismo viernes. “Hoy no ha ido muy bien, había muchísima gente y casi no he podido ni verlos”, relata a Artículo14 desde Pamplona.

Podemos decir que Sara estaba predestinada ya desde niña “yo nací en la calle Estafeta y mi madre, que podemos decir es la responsable de que yo ahora corra, me sacaba al balcón desde muy pequeña. No me he perdido los encierros ningún año”, recuerda de una tradición que creía que “no iba a poder hacer nunca”. Sin embargo, y tras haber corrido en algunos de pueblos navarros como los de Tafalla, en 2024 se animó a San Fermín. Era precisamente “7 de julio y agradezco muchísimo al amigo que me convenció, te diría que fue uno de los mejores encierros de mi vida, “es curioso que los mejores suelen ser los primeros, porque no sabes a lo que vas”, asume en un claro paralelismo a la historia de Yomara.
Para Sara no hay rituales ni supersticiones antes de correr. “Los que de verdad corremos estamos concentrados, blancos, no hablamos, cuando ves a alguien riéndose sabes que no tiene experiencia”. “Yo siempre digo que es más peligrosa la gente que el toro”. Un animal al que ella le tiene una profunda admiración “es noble y bravo a la vez, es increíble”.
Por suerte “nunca me ha pasado de un toro separado de la manada, que es lo más peligroso“, aunque también reconoce que evita el encierro de la ganadería con más fama de toros bravos, la de Cebada Gago.
Sara Puñal: “De los peores momentos que tienes en la vida, este es el mejor”
Cuando le preguntamos por percances o cogidas, recuerda un encierro de Tudela en el que “me choqué con un chico que se staba subiendo a una barrera, me caí y me caí sentada, me quedé clavada, me había roto el sacro. Con el dolor no me tumbé ni me cubrí la cabeza como es recomendable, pero afortunadamente aunque pasaron dos toros muy cerca son tan buenos que no me hicieron nada”. Meses con muletas no le quitaron las ganas de seguir haciendo una de las cosas que más le gustan “y eso que cuando se acerca el momento, la hora antes siempre pienso qué necesidad tengo de estar haciendo esto”, comenta entre risas. “De los peores momentos que tienes en la vida, este es el mejor”
“De hecho no sé si me gustaría que el día de mañana si tengo hijos corrieses, tengo sentimientos encontrados“, confiesa muy sincera.
Su madre, cada día de encierro la espera en la plaza del Ayuntamiento. Su hermana en cambio no es capaz de levantarse de la cama a verlo “ella ya prefiere saber que estoy bien cuando pasan las ocho”. Para Sara Puñal, a la que podremos ver este lunes por televisión, correr los sanfermines, “es como una droga que engancha”.

