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De rozar una final olímpica en atletismo a brillar en la WAFCON: la historia de Racheal Nachula

La zambiana cambió la pista por el césped y terminó convirtiéndose en una de las trayectorias más sorprendentes del deporte africano

Racheal Nachula posando con la camiseta de la selección de Zambia
Racheal Nachula posando con la camiseta de la selección de Zambia
CAF

Pocas deportistas pueden presumir de haber alcanzado la élite dos veces y en disciplinas completamente distintas. Esa es la historia de Racheal Nachula, una de las veteranas de la selección de Zambia que disputa la WAFCON, pero también una atleta que, años antes de hacerse un nombre en el fútbol, ya había competido entre las mejores velocistas del mundo.

Su carrera comenzó lejos de los terrenos de juego. La velocidad era su gran virtud y los 400 metros, la prueba en la que empezó a destacar desde muy joven. Todo apuntaba a que el atletismo marcaría su futuro, hasta que decidió cambiar de rumbo y afrontar un reto que muy pocos se atreverían a asumir: empezar de cero en otro deporte. Aquel giro, que parecía una apuesta arriesgada, acabó convirtiéndola en una de las figuras más singulares del deporte africano.

La velocidad la llevó hasta Pekín

Mucho antes de vestir la camiseta de las Copper Queens, Nachula ya era una de las grandes promesas del atletismo zambiano. Sus resultados la llevaron rápidamente a las competiciones internacionales y, en 2008, consiguió clasificarse para los Juegos Olímpicos de Pekín.

Lejos de limitarse a participar, firmó una actuación sobresaliente al alcanzar las semifinales de los 400 metros, un resultado que confirmó que podía competir al máximo nivel. Aquellos Juegos también le dejaron otro reconocimiento especial: fue la encargada de portar la bandera de Zambia en la ceremonia de clausura, un honor reservado a los deportistas más destacados de la delegación.

Racheal Nachula durante una competición de atletismo en los Juegos Olímpicos de Pekín
Olympics

Cambiar de deporte para seguir compitiendo

Cuando muchos imaginaban que continuaría persiguiendo éxitos sobre el tartán, Nachula apostó por el fútbol, una disciplina completamente distinta y en la que partía con desventaja frente a jugadoras que llevaban toda la vida formándose.

El cambio exigía aprender casi desde el principio. Debía adaptarse a un deporte colectivo, mejorar técnicamente y entender un juego muy diferente al que había conocido como atleta. Pero también contaba con una ventaja difícil de igualar: la velocidad y la potencia que había desarrollado durante años.

Esas cualidades encontraron un lugar perfecto en el campo. Con paciencia y trabajo fue creciendo hasta dejar de ser una atleta reconvertida para convertirse en una delantera capaz de marcar diferencias con la selección de Zambia.

El salto a Europa

Su progresión no pasó desapercibida. Después de consolidarse en Zambia, donde defendió la camiseta de Green Buffaloes, dio el salto al fútbol europeo. Su primera experiencia llegó en España, con el Zaragoza CFF, antes de continuar su carrera en el Hapoel Katamon de Israel. Competir en ligas diferentes le permitió ampliar su experiencia, adaptarse a nuevos estilos de juego y seguir evolucionando en una carrera que había comenzado mucho más tarde que la de la mayoría de sus compañeras.

Mientras acumulaba experiencias lejos de casa, también aumentaba su importancia dentro de la selección nacional. Zambia empezaba a consolidarse entre las selecciones más competitivas de África y Nachula aportaba algo que pocas futbolistas podían ofrecer: la experiencia de haber competido en la élite desde dos perspectivas completamente distintas.

Un regreso olímpico inesperado

Para la mayoría de los deportistas, unos Juegos Olímpicos representan el punto más alto de su carrera. En el caso de Nachula, aquella experiencia terminó siendo solo el principio.

Años después volvió a representar a Zambia en la cita olímpica, aunque esta vez lo hizo sobre un terreno de juego. Había cambiado la pista por el césped y el cronómetro por un deporte colectivo, pero seguía defendiendo el mismo escudo en el mayor escaparate del deporte mundial.

Muy pocos atletas consiguen participar en unos Juegos. Menos aún logran hacerlo en dos disciplinas diferentes. Ese regreso convirtió a Nachula en un ejemplo poco común de adaptación y constancia, capaz de reinventarse sin renunciar a competir al máximo nivel.

Racheal Nachula durante un partido con la selección de Zambia en los Juegos Olímpicos
Olympics

Mucho más que una futbolista

La WAFCON ha vuelto a poner su nombre en el foco. A sus 40 años continúa siendo una pieza importante ara Zambia y una referencia para las nuevas generaciones, que ven en ella una trayectoria difícil de encontrar en el deporte de élite. Además, se ha convertido en la futbolista de mayor edad en anotar un gol en la historia de la WAFCON.

Sin embargo, lo que hace especial su historia es la capacidad para empezar de nuevo cuando ya había alcanzado la cima en otra disciplina. En lugar de conformarse con lo conseguido como atleta, decidió construir una segunda carrera desde el principio.

Primero se abrió camino entre las mejores velocistas africanas. Después encontró un lugar en el fútbol internacional y regresó incluso a unos Juegos Olímpicos con otra camiseta y otro papel. Su historia demuestra que el talento puede abrir muchas puertas, pero que son la perseverancia y la capacidad de adaptarse las que permiten seguir cruzándolas cuando el camino parece haber llegado a su fin.