ENTREVISTA

“Remamos con diferentes colores, pero en el mismo mar”: Noctiluca BCS, las mujeres que encontraron en el remo una nueva etapa tras el cáncer de mama

Kiki, integrante de la asociación, comparte con Artículo14 su experiencia tras el diagnóstico, desde los tratamientos hasta el descubrimiento del remo y los vínculos que ha creado con sus compañeras

Algunas de las integrantes de la asociación Noctiluca BCS durante una sesión de remo
Algunas de las integrantes del Club de Remo de Pedregalejo una sesión de remo
Noctiluca BCS

Cuando María Ángeles, a quien todo el mundo conoce como Kiki, se acercó por primera vez al remo, no imaginaba hasta dónde la llevaría aquella decisión. Hace cuatro años y medio, una amiga la animó a participar en una jornada de puertas abiertas. Aunque en su entorno había quien no terminaba de entenderlo, ella decidió probar. Y se enamoró.

Lo que comenzó como una actividad nueva terminó convirtiéndose en una parte esencial de su vida. También le permitió conocer a otras mujeres que habían atravesado una experiencia capaz de cambiar su relación con el cuerpo y con el futuro: el cáncer de mama.

Kiki recibió el diagnóstico en abril de 2021 y fue operada el 6 de mayo. Después llegaron dos tipos de quimioterapia, un año de tratamiento dirigido, radioterapia y, actualmente, tratamiento hormonal con tamoxifeno. A sus 52 años, no oculta la dureza de lo vivido, pero tampoco permite que la enfermedad sea lo único que defina su historia: “El cáncer te obliga a aceptar, o al menos a intentar aceptar, lo que la vida te ha puesto delante. Es como una parada en el camino y tienes que intentar llevarla de la mejor manera posible“, explica.

Antes de descubrir el remo, Kiki ya había comenzado a practicar ejercicio para afrontar mejor los tratamientos. Poco después, una jornada de puertas abiertas cambió su relación con el deporte. Hoy, como integrante de Noctiluca BCS, el equipo BCS del Club de Remo de Pedregalejo, comparte entrenamientos con otras mujeres operadas de cáncer de mama que han encontrado en el ejercicio una vía de recuperación y un espacio de apoyo mutuo: “Yo digo que soy una versión mejorada de mí misma, porque todo esto me ha hecho ver la vida de otra manera, valorarla más y querer disfrutarla todo lo que pueda”.

Un barco en el que ninguna rema sola

El remo exige coordinación, fuerza y confianza. Las paladas deben acompasarse y cada integrante tiene que adaptarse al ritmo de las demás para que la embarcación avance. En el Club de Remo de Pedregalejo, esa necesidad de trabajar juntas adquiere un significado que trasciende lo deportivo: “Es una unión especial. Tenemos que remar todas a la vez, coordinarnos. Si cada una va por su lado, el barco no funciona igual. Al final, hacemos equipo y construimos una red en la que unas sostenemos a las otras“, cuenta Kiki.

Los primeros entrenamientos no fueron sencillos. Aprender los movimientos y conseguir que todas se coordinaran exigía paciencia: “Al principio era un poco caótico, pero poco a poco vas aprendiendo. Yo llevo cuatro años y medio y todavía sigo aprendiendo“.

En ese proceso ha sido fundamental Chari, su entrenadora y timonel, además de amiga. La timonel dirige la embarcación y marca el rumbo, una responsabilidad especialmente importante en una modalidad en la que las remeras avanzan de espaldas al sentido de la marcha: “Chari nos acoge, nos enseña y nos entiende. Es quien nos guía, porque nosotras vamos remando y no vemos hacia dónde vamos. Es la que nos lleva”.

La confianza también se demuestra cuando alguna compañera no puede entrenar al mismo ritmo que las demás. Si siente molestias o no está en condiciones de remar, el equipo se adapta para que pueda seguir participando: “Si alguna está pachucha, le duele algo o no puede remar, nos cambiamos de estribor a babor. Y hay veces que la llevamos de paseo para que pueda venir con nosotras“.

Esa solidaridad nace, en parte, de una experiencia compartida. Cada proceso oncológico es diferente, pero haber pasado por una enfermedad similar permite comprender situaciones que no siempre son fáciles de explicar: “Puedes tener una familia maravillosa que te ayuda muchísimo, como es mi caso, pero hay cosas que no te entiende igual alguien que no ha pasado por lo mismo. Cuando llega una revisión, una prueba o una operación, nosotras nos comprendemos de otra manera“.

En el barco, esa comprensión se convierte en compañía y en la posibilidad de compartir tanto las dificultades como los logros.

Algunas de las integrantes del Club de Remo de Pedregalejo
Noctiluca BCS

El ejercicio después de un cáncer

La recuperación del cáncer de mama no termina necesariamente con la operación o con el último tratamiento. Algunas mujeres experimentan fatiga, pérdida de fuerza, limitaciones de movilidad o cambios en su relación con el cuerpo. En ese proceso, la actividad física adaptada puede ayudar a recuperar capacidades y mejorar la calidad de vida.

Uno de los posibles efectos de determinados tratamientos y cirugías es el linfedema, una acumulación de líquido que puede provocar hinchazón, especialmente en el brazo del lado intervenido cuando se han visto afectados los ganglios linfáticos. El ejercicio progresivo y adaptado puede formar parte de su prevención y manejo, siempre teniendo en cuenta las circunstancias de cada paciente.

Para Kiki, este es uno de los motivos por los que el remo tiene tanto valor. “Al trabajar el brazo de forma progresiva, con el ejercicio adecuado, podemos favorecer su movilidad y mantenerlo activo“.

La investigación respalda los beneficios del ejercicio durante y después del cáncer. La actividad física puede contribuir a mejorar la fuerza, la resistencia y el bienestar, y el ejercicio adaptado no empeora por sí mismo el linfedema. Sin embargo, la práctica debe ajustarse a cada situación clínica y contar con orientación profesional cuando sea necesario.

Un estudio publicado en 2025 en la revista científica International Journal of Environmental Research and Public Health, titulado Feasibility and Impact of 6-Month Rowing on Arm Lymphedema, Flexibility, and Fatigue in Breast Cancer Survivors (Viabilidad e impacto de seis meses de remo sobre el linfedema del brazo, la flexibilidad y la fatiga en supervivientes de cáncer de mama), analizó a 20 mujeres que participaron durante seis meses en un programa de actividad física que combinaba caminatas y remo. Durante la intervención, no se observó la aparición ni el empeoramiento del linfedema, y también se registraron mejoras en la flexibilidad del brazo intervenido. No obstante, el reducido tamaño de la muestra obliga a interpretar los resultados con prudencia, ya que no permiten concluir que el remo, por sí solo, prevenga el linfedema.

Para Kiki, los beneficios van más allá de lo físico: “El deporte te ayuda a tolerar mejor los tratamientos, tanto física como psicológicamente. Te mantiene ocupada y también te ayuda a descansar. Yo noto que, cuando hago ejercicio, descanso y duermo mejor“.

Sabe que empezar no siempre resulta sencillo. La fatiga asociada a la enfermedad y a los tratamientos puede dificultar incluso las actividades cotidianas. Por eso, su mensaje no consiste en exigir a todas las mujeres el mismo esfuerzo, sino en animarlas a encontrar una actividad adecuada para ellas: “Sé que cuesta. Si no estás acostumbrada a hacer deporte, puedes pensar que, si ya estás cansada, cómo vas a ponerte a entrenar. Pero, cuando encuentras una actividad adecuada, puedes llegar a sentirte más fuerte y mejor“.

No tiene por qué ser remo. Caminar, practicar marcha nórdica o trabajar la fuerza con ejercicios adaptados también pueden ser opciones. Lo importante es encontrar una actividad apropiada para cada situación, sin comparaciones ni exigencias innecesarias.

Algunas de las integrantes del Club de Remo de Pedregalejo
Noctiluca BCS

Descubrir que también se puede ganar

El Club de Remo de Pedregalejo no se limita a entrenar. Sus integrantes participan en competiciones de remo a nivel andaluz y nacional, y afrontan cada temporada con objetivos deportivos propios. El equipo ha llegado a proclamarse campeón de Andalucía, un logro que refleja su esfuerzo colectivo.

Kiki recuerda especialmente su primera competición, una experiencia que le permitió descubrir una emoción que hasta entonces desconocía: “La primera vez que fuimos a competir, recuerdo pensar: ‘¿Pero qué hago yo aquí? ¿En qué momento de mi vida he llegado hasta este punto?‘. Era una sensación de adrenalina que no conocía“.

Competir también significa preparar una prueba, intentar mejorar y aspirar a ganar. El diagnóstico no elimina el deseo de ponerse a prueba ni las ganas de conseguir objetivos deportivos: “Lo importante es participar, claro, pero también quieres ganar. Prepararte, superarte y ver que puedes hacerlo… Es una sensación maravillosa“.

Uno de los grandes retos del equipo es la regata nacional, en la que han participado en distintas ediciones. Para Kiki, la experiencia tiene valor independientemente de la posición que ocupen al llegar a la meta: “A veces quedas tercera, otras veces terminas en otra posición, pero lo que te llevas es la unión que tienes con las demás mujeres. Eso es algo que hay que vivir“.

En estas competiciones coinciden equipos de mujeres operadas de cáncer de mama que comparten el esfuerzo deportivo, pero también la amistad y el apoyo mutuo. La rivalidad queda en el agua y deja espacio a una relación que continúa fuera de la competición. Kiki lo resume con una frase que refleja el espíritu de estos encuentros: “Remamos con diferentes colores, pero en el mismo mar“.

Cada equipo tiene su identidad y sus objetivos, pero todas comparten la posibilidad de disfrutar del deporte desde un lugar distinto al de la enfermedad. Son deportistas que entrenan, compiten, aprenden y celebran sus avances: “El remo te enseña a superarte cada día. Te demuestra que puedes hacer cosas que quizá no imaginabas. Hay que trabajar, hay que prepararse, pero puedes hacerlo“.

Algunas de las integrantes de la asociación Noctiluca BCS
Algunas de las integrantes del Club de Remo de Pedregalejo posando con sus medallas
Noctiluca BCS

“El mar cura”

Hay una parte de la experiencia de Kiki que no se mide en entrenamientos ni en resultados. Aparece en mitad del mar, cuando el barco avanza y, por unos instantes, el ruido del mundo parece quedar lejos: “Cada vez tengo más claro que el mar cura“, dice.

El sonido del agua, la respiración y el silencio le permiten desconectar de las preocupaciones cotidianas: “Cuando estás en mitad del mar, te paras y escuchas la respiración, el ruido del agua… Es una pasada. Miras alrededor y piensas que el resto del mundo está allí, pero tú estás en el mar, flotando, en silencio. Eso es precioso“.

El remo no borra lo vivido ni elimina las incertidumbres que pueden acompañar a la enfermedad, pero ofrece un espacio propio en el que hay lugar para la tranquilidad y la alegría.

Por eso, Kiki quiere que otras mujeres conozcan el Club y se animen a descubrir el remo. El equipo, formado por 16 integrantes, organizó una jornada de puertas abiertas el pasado sábado 17 de octubre y fue todo un éxito: las plazas disponibles se cubrieron por completo, una muestra del interés que despierta esta iniciativa: “Queremos que nos conozcan más mujeres y poder ayudarlas. Que descubran el remo y todo lo bonito que nos aporta. Queremos compartirlo con las demás”.

Algunas de las integrantes de la asociación Noctiluca BCS durante una sesión de remo
Algunas de las integrantes del Club de Remo de Pedregalejo durante una sesión de remo
Noctiluca BCS

La lucha no termina en octubre

El 19 de octubre, Día Mundial contra el Cáncer de Mama, concentra campañas de sensibilización y actos públicos. Sin embargo, Kiki insiste en que las necesidades de las mujeres afectadas no desaparecen cuando termina el mes: “El cáncer de mama no es solo el 19 de octubre ni el mes de octubre. Es algo del día a día. La prevención, la visibilidad, el cuidado y la información tienen que estar presentes durante todo el año“.

La dimensión del problema explica la importancia de mantener esa atención. La Sociedad Española de Oncología Médica estimó que en 2025 se diagnosticarían en España 37.682 nuevos casos de cáncer de mama. La detección precoz, la investigación y los avances en los tratamientos son fundamentales, pero también lo es mejorar la atención durante la recuperación.

Kiki considera que todavía queda camino por recorrer para que más mujeres puedan acceder a recursos de rehabilitación, fisioterapia y ejercicio adaptado: “Es muy importante que haya más fisioterapeutas y profesionales del deporte que ayuden a las personas con cáncer. Cada vez hay más, afortunadamente, pero todavía hace falta más información, más apoyo y más conocimiento sobre lo que el ejercicio puede aportar”.

Su compromiso con la visibilidad del cáncer de mama también se refleja en su colaboración con CUIMA, de la que es imagen de paciente. Desde esta implicación, Kiki contribuye a acercar a la sociedad las experiencias de las mujeres que atraviesan la enfermedad y a destacar la importancia de contar con información y acompañamiento durante todo el proceso, también después de finalizar los tratamientos.

Remar juntas para llegar más lejos

La próxima temporada comienza el 24 de octubre. El equipo afronta el nuevo curso con la intención de seguir mejorando y mantener su nivel competitivo. Ser campeonas de Andalucía es un motivo de orgullo, pero no significa que el trabajo haya terminado: “Nuestro objetivo es mejorar día a día, como en la vida misma. Si podemos ganar, maravilloso. Y si no, seguiremos entrenando para intentarlo otra vez“.

Para Kiki, la superación no es una meta definitiva, sino una sucesión de pequeños avances. A veces significa ganar una competición; otras, completar un entrenamiento difícil o acompañar a una compañera que necesita adaptar su ritmo. Después de cuatro años y medio, todavía sigue aprendiendo. A su lado están Chari y sus compañeras, con quienes ha descubierto que avanzar no siempre significa ir más rápido: a veces consiste en ajustar el ritmo para que ninguna se quede atrás.

Cuando el barco se desliza por el agua y las paladas empiezan a sonar al unísono, todas tienen que hacer su parte. Ninguna puede remar por las demás, pero cada una contribuye a que el conjunto avance: “Tenemos que remar todas iguales, como si fuéramos una banda de música. Mi entrenadora siempre dice que tiene que sonar bonito“.

A veces, la victoria llega al cruzar la línea de meta. Otras, mucho antes, en el momento en que una mujer se sube a una embarcación sin saber muy bien qué esperar y descubre que todavía le quedan muchas cosas por vivir. Kiki llegó al remo sin imaginar que acabaría compitiendo, que encontraría en el mar un lugar donde sentirse en calma y que, entre paladas, construiría una familia con la que compartir mucho más que entrenamientos. Ahora, cuando el barco avanza y los remos se mueven al unísono, ya no se pregunta cómo ha llegado hasta allí. Simplemente rema, junto a las demás, hacia todo lo que aún está por venir.

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