ATLETISMO

“Siempre hay otro ángulo”: la batalla de una fotógrafa contra la sexualización de las atletas

Gaëlle Mobuchon reclama responsabilidad detrás de la cámara para que el rendimiento siga siendo protagonista frente a imágenes innecesariamente provocativas

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La cámara debería poner el foco en lo que sucede durante la competición: el esfuerzo, la tensión, la emoción de una victoria o la frustración de un intento fallido. Sin embargo, no siempre ocurre así. En algunas imágenes, la atención termina desplazándose del rendimiento al cuerpo de la deportista. Las redes sociales han amplificado este fenómeno y han cambiado la vida útil de una fotografía: una imagen publicada en un medio puede acabar poco después circulando por Instagram o TikTok ante miles de usuarios. En este contexto, elegir un encuadre no es una decisión menor.

Gaëlle Mobuchon, fotógrafa francesa y ganadora del Premio Richard-Martin en 2025, explica que quienes trabajan detrás de la cámara deben preguntarse qué están mostrando y por qué. La creatividad, defiende, no está reñida con la responsabilidad.

La trampa de la viralidad

Las redes sociales han cambiado por completo la forma en la que las fotografías deportivas llegan al público. Una imagen que antes podía quedar limitada a las páginas de un periódico o una revista ahora puede alcanzar miles de reproducciones en cuestión de horas. Y esa nueva dinámica también influye en qué imágenes consiguen mayor repercusión.

Para la fotógrafa, uno de los principales problemas es que ciertos encuadres pueden acabar premiando el atractivo físico de las deportistas por encima de lo que sucede en la competición: “Lo que me ha llamado la atención es la sexualización del cuerpo de las atletas, cuando precisamente es su herramienta de trabajo“, explica.

El riesgo, advierte, aparece cuando el cuerpo se convierte en una vía para conseguir visitas: “No hay que utilizar a la mujer y su cuerpo como un acelerador del algoritmo, de las visitas o de los seguidores“, señala. La responsabilidad tampoco desaparece después de pulsar el disparador: escoger una fotografía entre muchas, editarla y decidir dónde publicarla también forma parte de la manera en que el público termina viendo a una atleta.

Las atletas del 4×400 posan con la medalla de oro conseguida en el Mundial de China
RFEA

Dos formas de mirar el deporte

El problema no está únicamente en las redes sociales. La forma de representar a hombres y mujeres en el deporte también ha sido objeto de análisis durante años. Una revisión académica publicada en 2021 sobre la cobertura de las deportistas en los Juegos Olímpicos concluyó que ellas aparecen sexualizadas con más frecuencia que ellos y que también es más habitual mostrarlas en posiciones alejadas de la acción.

Esta diferencia está relacionada con el concepto de male gaze, una mirada que tiende a poner el foco en el físico de las mujeres. En el deporte, puede aparecer en una decisión aparentemente tan sencilla como elegir dónde colocar la cámara.

Un mismo movimiento puede fotografiarse de muchas maneras. El objetivo puede recoger la fuerza, la velocidad o la concentración de una atleta, pero también puede detenerse en una parte de su cuerpo que no aporta nada a la escena deportiva: “Los encuadres se dirigen hacia zonas que no tienen nada que ver con el rendimiento: los glúteos, el pecho…”, explica Mobuchon.

Y ahí aparece la contradicción: una atleta puede protagonizar un salto, una carrera o una actuación extraordinaria y, sin embargo, acabar siendo recordada por una fotografía que pone el foco en su anatomía.

La ropa no es el problema

Hablar de la sexualización de las deportistas suele llevar inevitablemente al debate sobre sus equipaciones. Pero, para Mobuchon, centrar la discusión en la ropa deja fuera una parte fundamental del problema: la forma en la que se decide fotografiarla.

La fotógrafa pone como ejemplo lo ocurrido con una biatleta francesa durante un descenso. Aunque llevaba una combinación que cubría prácticamente todo su cuerpo, una grabación a cámara lenta terminó utilizando un plano muy cerrado de sus glúteos al quedar visible la ropa interior.

La situación ha llegado hasta el punto de que algunas deportistas optan por llevar pantalones cortos debajo de sus equipaciones para evitar que determinadas imágenes puedan resultarles incómodas.

La paradoja es evidente. No siempre hace falta que una atleta lleve una determinada prenda o deje parte de su cuerpo al descubierto para que una imagen resulte sexualizada. A veces, todo depende de dónde se coloca la cámara y de qué decide mostrar: “Es el male gaze, esa mirada que tiende a sexualizar el cuerpo femenino“, resume Mobuchon.

Las atletas Cristina Montesinos, Raquel González y Laura García Caro
Las atletas Cristina Montesinos, Raquel González y Laura García Caro
EFE

La responsabilidad detrás del objetivo

Las federaciones deportivas también han empezado a tomar conciencia del problema. World Athletics, por ejemplo, ha adoptado medidas para tratar de evitar determinados planos y presta mayor atención a las imágenes antes de que lleguen al público.

Pero las normas no pueden sustituir la mirada de quien está detrás de la cámara. La primera decisión se toma incluso antes de disparar: desde qué lugar se va a fotografiar y qué se quiere mostrar: “Cuando hago una fotografía tengo que preguntarme en qué posición estoy capturando a la atleta“, explica Mobuchon.

A veces, la solución puede ser tan sencilla como cambiar unos metros de posición, esperar a que termine un movimiento o elegir otro momento. La rapidez forma parte de la fotografía deportiva, pero no debería estar por encima del criterio profesional.

Y la responsabilidad continúa después. Un fotógrafo puede hacer cientos de imágenes durante una competición, pero no todas tienen que terminar publicadas. Seleccionar una y descartar otra también significa decidir qué imagen de una atleta se quiere poner delante del público.

Siempre hay otro ángulo

Para Gaëlle Mobuchon, poner límites a la sexualización de las deportistas no significa hacer una fotografía menos interesante. Al contrario: puede obligar a buscar nuevas perspectivas y a contar la competición desde otros lugares: “Siempre hay otro ángulo. Hay otra posibilidad de pensar las cosas y de ser creativo. No hay que verlo como una limitación“, afirma.

Una mirada, una expresión de concentración, el instante previo a un salto o la reacción después de conseguir una marca pueden transmitir mucho más que un plano centrado en el cuerpo. Son detalles que permiten mostrar qué hay detrás de una actuación deportiva: el esfuerzo, los nervios, la presión o la emoción.

No se trata de esconder el cuerpo de las atletas, sino de que no sea lo único que la fotografía tenga que contar.

Cuando una imagen no aporta

Las atletas tampoco se han quedado al margen de este debate. Marie-Julie Bonnin, plusmarquista francesa de salto con pértiga, ha contado que durante mucho tiempo terminó aceptando como algo habitual encontrarse con fotografías suyas que le resultaban incómodas: “Creo que era algo que habíamos aceptado en el fondo de nosotras mismas: el hecho de que hubiera imágenes que no fueran normales“, explicó.

Con el tiempo, esa normalización empezó a cambiar. Bonnin comenzó a cuestionarse el sentido de algunas de las fotografías que se publicaban y por qué tenían espacio en los medios o en las redes: “¿Por qué se publica esto? No tiene ningún interés deportivo”

Su posición queda resumida en una frase: “Estamos en ropa interior, pero no aceptamos planos que no sirven para nada“.

Una fotografía puede mostrar mucho más. Y ahí vuelve la idea de Mobuchon: cambiar la perspectiva puede ser suficiente para contar otra historia. Solo hay que buscar otro ángulo.

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