La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, ha reclamado una reducción de las barreras regulatorias que dificultan el crecimiento de las empresas europeas. Durante su intervención en el Foro ICEX 2026, celebrado en Madrid, la banquera sostuvo que la fragmentación del mercado comunitario limita la capacidad de las compañías para ganar tamaño y competir frente a sus rivales internacionales.
“El exceso de regulación es un impuesto a todos los ciudadanos europeos”, afirmó Ana Botín durante una mesa redonda en la que también participaron el vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, y el consejero delegado de Inditex, Óscar García Maceiras.
La presidenta del Santander aclaró que no propone eliminar las reglas, sino avanzar hacia una “regulación inteligente” que proteja a los ciudadanos sin frenar la inversión. “No digo que no se regule, pero nos hemos pasado”, señaló antes de advertir de que Europa deberá acelerar sus reformas si quiere mantener su competitividad.
Ana Botín señala a Europa como el principal problema
La reflexión más contundente de Ana Botín llegó cuando se dirigió directamente a Carlos Cuerpo. “El problema que tiene España no es España, es Europa”, aseguró. Con esta frase, la presidenta de Banco Santander situó el origen de buena parte de las dificultades empresariales en la fragmentación del mercado comunitario.
Aunque la Unión Europea funciona teóricamente como un mercado único, las empresas continúan encontrándose con regulaciones, procedimientos administrativos y requisitos diferentes en cada país. La existencia de 27 marcos nacionales eleva los costes y complica la expansión de una compañía más allá de sus fronteras.
Botín utilizó una imagen para resumir esta desventaja. Explicó que está dispuesta a competir e incluso a “cruzar el Amazonas”, pero advirtió de que resultará mucho más difícil hacerlo si las instituciones introducen “piedras en los bolsillos” de las empresas europeas.
La banquera reconoció los esfuerzos realizados por los gobiernos y las instituciones comunitarias, aunque reclamó que los cambios se adopten “más, más rápido”. A su juicio, el ritmo actual no responde a una economía transformada por la inteligencia artificial, la digitalización y la competencia entre grandes bloques comerciales.
Estados Unidos atrae más inversión por su mercado único

Ana Botín puso como ejemplo la estrategia internacional de Banco Santander. La entidad está aumentando sus inversiones en Estados Unidos porque allí encuentra un mercado amplio y homogéneo, sin la necesidad de adaptarse a decenas de marcos regulatorios diferentes.
“Invertimos más en Estados Unidos porque es un mercado grande y único”, explicó. En Europa, en cambio, las empresas deben operar sobre una estructura formada por 27 economías nacionales que todavía conservan numerosas particularidades jurídicas y administrativas.
La fragmentación no afecta únicamente a las grandes corporaciones. Botín señaló que las pequeñas y medianas empresas sufren con mayor intensidad el coste de cumplir normativas diferentes, porque disponen de menos recursos económicos, técnicos y humanos para gestionar la burocracia.
Una gran entidad puede crear departamentos especializados para cada mercado, pero una empresa pequeña puede renunciar directamente a internacionalizarse. Esa diferencia termina reduciendo el número de compañías europeas capaces de alcanzar la escala de sus competidores estadounidenses o asiáticos.
Carlos Cuerpo comparte la necesidad de eliminar barreras
El ministro de Economía reconoció que la simplificación normativa constituye un objetivo compartido. Carlos Cuerpo admitió que las empresas deben enfrentarse a demasiados niveles administrativos y defendió que una parte de esas cargas debería dejar de ser visible para quienes desarrollan una actividad económica.
Para ilustrar las barreras internas, aseguró que las empresas españolas han invertido durante la última década más en Uruguay que en el conjunto de los países del este de Europa. El dato resulta especialmente significativo al comparar el tamaño de Uruguay con economías comunitarias como Polonia.
El vicepresidente primero también destacó que España mantiene una relación comercial más intensa con Portugal que con Estados Unidos. Ambos países trabajan en fórmulas destinadas a reducir los obstáculos a uno y otro lado de la frontera, facilitando la actividad de las empresas que operan en los dos mercados.
El “Estado 28” como respuesta a las 27 burocracias

Entre las soluciones analizadas aparece el denominado “Estado 28”, inspirado en las propuestas europeas para revitalizar el mercado único. No se trataría de crear un nuevo país, sino de ofrecer a las empresas un marco jurídico comunitario al que pudieran acogerse voluntariamente.
Una compañía podría nacer, financiarse y desarrollar su actividad en toda la Unión Europea bajo unas mismas reglas, sin tener que adaptarse desde el principio a 27 sistemas nacionales. El objetivo sería crear una especie de ventanilla única legal y digital para favorecer el crecimiento empresarial.
Cuerpo aseguró que España ya trabaja con mecanismos comparables para reducir las diferencias administrativas entre comunidades y ciudades autónomas. La misma filosofía se está aplicando en la cooperación con Portugal para facilitar el comercio transfronterizo.
La discusión entre Ana Botín y el ministro no giró, por tanto, alrededor de la necesidad de regular, sino de la forma en que se diseñan y aplican las normas. La presidenta del Santander reclama velocidad, homogeneidad y capacidad para competir. El Gobierno reconoce el diagnóstico y señala hacia una simplificación que todavía deberá materializarse.
Europa se encuentra ante una decisión estratégica: mantener un mercado compuesto por 27 sistemas parcialmente conectados o convertir la integración económica en una realidad más profunda. Para Ana Botín, el coste de no avanzar ya no lo pagan únicamente las empresas, sino también los ciudadanos mediante menos inversión, menor crecimiento y una pérdida progresiva de competitividad.

