Cynthia Breazeal tenía 10 años cuanto vio Star Wars por primera vez y descubrió que los robots de la ficción eran algo más que máquinas programadas para obedecer órdenes. Los androides de la película tenían personalidad, establecían vínculos, mostraban emociones, pensaban y formaban parte de su comunidad. Aquella visión de una relación cercana entre humanos y máquinas acompañaría a Breazeal hasta el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde décadas después se convertiría en una pionera de la robótica social.
Hoy es profesora de Artes y Ciencias de los Medios en el MIT, donde dirige el grupo de Robots Personales del Media Lab. También es decana del MIT para el aprendizaje digital e impulsa proyectos relacionados con la educación, la innovación tecnológica y el acceso responsable a la inteligencia artificial. Su trayectoria combina investigación científica con su preocupación por crear tecnologías que mejoren la vida de las personas sin sustituir la dimensión humana.

Breazeal llegó al MIT para realizar sus estudios de posgrado en el Laboratorio de Inteligencia Artificial y obtuvo su doctorado en Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación en el año 2000. Allí desarrolló Kismet, considerado el primer robot social del mundo. A diferencia de los robots tradicionales, diseñados principalmente para realizar tareas físicas o industriales, Kismet fue concebido para interactuar con las personas mediante señales emocionales.
“El ser humano es profundamente social y emocional”, ha explicado Breazeal. Por eso, sostiene, “si las máquinas van a convivir con las personas deben comprender esa dimensión”. Su trabajo se en crear algoritmos avanzados y estudiar cómo funcionan las relaciones humanas para trasladarlas al diseño tecnológico.
La creación de Kismet ha dado origen a un nuevo campo de investigación llamado robótica social. Su libro Designing Sociable Robots es una referencia fundamental para esta disciplina de estudio.
La creadora de Jibo
La investigadora también ha llevado sus ideas al ámbito empresarial con la creación de Jibo, una compañía de robótica de consumo. Jibo es un robot doméstico diferente a los asistentes digitales tradicionales que busca responder preguntas o ejecutar ordenes relacionándose de una forma cercana con sus usuarios. Para Breazeal, la diferencia reside en el avance emocional de las tecnologías que suelen moverse de manera rígida y predecible. “Jibo es tecnología cálida”, ha señalado la investigadora, “frente a la tecnología más distante y transaccional de muchos dispositivos digitales. Mi objetivo ha sido crear un compañero capaz de ayudar, pero también de comunicarse de una manera más humana”.
Uno de los campos donde Breazeal ha explorado el potencial de los robots sociales es la salud. Su equipo investiga el uso de Jibo como apoyo emocional para estudiantes universitarios en situaciones de estrés y ansiedad. Sus estudios en residencias del MIT analizan si un robot puede ofrecer herramientas de bienestar emocional basadas en técnicas utilizadas habitualmente por profesionales humanos.

Para Breazeal, estos sistemas no buscan reemplazar a médicos, terapeutas o profesores, sino ampliar su capacidad de acompañamiento. La inteligencia artificial, según su visión, puede convertirse en un aliado que extienda la atención.
Esa idea también define su trabajo por lograr que la inteligencia artificial sea accesible y comprensible para todos. Como directora fundadora de la iniciativa MIT RAISE (Responsible AI for Social Empowerment and Education), Breazeal trabaja para promover una educación sobre inteligencia artificial que llegue a estudiantes de todas las edades y procedencias.
Uno de los proyectos más destacados de esta iniciativa es el programa Day of AI, que ofrece materiales educativos gratuitos para escuelas. La propuesta busca que los alumnos aprendan cómo funciona la inteligencia artificial.
Para Breazeal, la alfabetización en inteligencia artificial debe enseñarse en las escuelas. “Los niños y jóvenes necesitan entender cómo funcionan los sistemas que influyen en sus vidas, desde los algoritmos de recomendación hasta las herramientas digitales que utilizan diariamente” admite. El objetivo es que pasen de ser consumidores pasivos de tecnología a convertirse en creadores capaces de moldearla.
Su iniciativa ha llevado contenidos educativos sobre inteligencia artificial a estudiantes de más de 170 países. Su enfoque parte de la idea de que la IA debe entenderse como una herramienta para potenciar la creatividad. Breazeal insiste, sin embargo, en que el desarrollo tecnológico debe ir acompañado de responsabilidad. “La inteligencia artificial puede reproducir prejuicios, influir en la forma en que las personas toman decisiones o modificar la manera en que se relacionan entre sí. Por eso considero fundamental enseñar a los jóvenes a preguntarse quién diseña estas tecnologías y sus objetivos. Los robots y la inteligencia artificial pueden ayudar a aprender, cuidar o crear, pero no pueden sustituir la importancia de las relaciones personales”.
A lo largo de su carrera, Breazeal ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos su elección como miembro de la Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial (AAAI) y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). También ha sido distinguida con premios como el TR35 de Technology Review, reconocimientos de diseño de organizaciones como Fast Company y Core77, y la inclusión de Jibo entre los mejores inventos de la revista TIME.
Ha presentado su trabajo en escenarios internacionales como TED, el Foro Económico Mundial, Naciones Unidas, SXSW y CES. Pero más allá de los premios y los avances tecnológicos, su objetivo permanece ligado a aquella primera impresión que tuvo al ver La Guerra de las Galaxias e imaginar máquinas capaces de formar parte de la vida humana de una manera más cercana.
Breazeal apuesta por una sociedad en la que las personas comprendan la inteligencia artificial y utilicen estas herramientas para desarrollar aquello que ninguna máquina puede reemplazar.

