Indra prepara un giro decisivo en su estrategia para consolidarse como el gran referente español de la defensa terrestre. La compañía negocia con Santa Bárbara Sistemas la creación de una empresa conjunta para participar en los grandes programas de artillería del Ejército, valorados en más de 7.200 millones de euros.
El acuerdo todavía no está cerrado y quedan por resolver cuestiones esenciales, como el reparto accionarial, las funciones de cada socio y el alcance exacto de la nueva sociedad. Sin embargo, el acercamiento entre las dos empresas transforma por completo el mapa industrial y reduce las posibilidades de recuperar la fallida integración entre Indra y Escribano Mechanical & Engineering.
Indra obtendría con Santa Bárbara algo que necesita con urgencia: capacidad inmediata para fabricar vehículos, barcazas, cañones y sistemas terrestres a gran escala. Esa aportación industrial debilita el principal argumento utilizado hasta ahora para justificar la incorporación de Escribano al grupo tecnológico.
De rivales en los tribunales a posibles socios industriales
El movimiento resulta especialmente llamativo porque Indra y Santa Bárbara llevaban meses enfrentadas por los contratos de artillería autopropulsada sobre ruedas y cadenas adjudicados por Defensa a las uniones temporales formadas por Indra y EM&E.
Santa Bárbara, filial española del grupo estadounidense General Dynamics, denunció que había quedado excluida de unos programas para los que consideraba disponer de experiencia, instalaciones y capacidad industrial. La compañía recurrió tanto la financiación pública como el procedimiento de adjudicación.
La relación ha cambiado con la nueva dirección de Indra. Las conversaciones actuales buscan incorporar a Santa Bárbara a los programas que había tratado de impugnar y poner fin a una batalla judicial que amenazaba con retrasar el plan de modernización del Ejército.
La paz judicial tendría un precio industrial: Santa Bárbara dejaría de ser un proveedor subordinado y pasaría a ocupar una posición relevante dentro de la fabricación.
Una alianza para fabricar los nuevos obuses

Los dos programas suman aproximadamente 7.240 millones de euros. Uno contempla el suministro de obuses autopropulsados sobre cadenas y el otro la adquisición de sistemas montados sobre ruedas.
En el programa de cadenas, Indra controla el 57,11% de la unión temporal, mientras que EM&E posee el 42,89%. En el proyecto sobre ruedas, el reparto se invierte: Escribano cuenta con el 65,56% e Indra con el 34,44%.
La entrada de Santa Bárbara obligaría a reorganizar esos porcentajes o a crear una estructura paralela para asumir una parte importante de la fabricación. Por eso, aunque las negociaciones se desarrollan directamente con Indra, sus consecuencias afectarán inevitablemente a EM&E.
Indra había elegido el sistema K9 de la surcoreana Hanwha como base para el obús de cadenas y mantenía conversaciones con Rheinmetall para el vehículo de ruedas. Santa Bárbara podría encargarse de producir bajo licencia componentes estructurales, barcazas y otros elementos de las plataformas.
La compañía ya dispone de plantas, personal especializado y experiencia en grandes vehículos militares, una ventaja esencial cuando Defensa reclama acelerar las entregas y convertir los contratos anunciados en producción real.
La fusión con Escribano pierde su razón de ser
Sobre el papel, Santa Bárbara y Escribano aportan capacidades diferentes. La primera está especializada en plataformas terrestres, artillería de gran calibre y fabricación pesada. EM&E desarrolla estaciones de armas remotas, sistemas electroópticos, robótica y tecnología de guiado.
Por esa razón, una alianza con Santa Bárbara no impide técnicamente que Indra mantenga acuerdos comerciales con Escribano. Lo que queda prácticamente descartado es la gran operación corporativa que debía integrar a EM&E dentro del grupo.
Las negociaciones de fusión ya habían quedado paralizadas en marzo por el conflicto de intereses derivado de la doble posición de los hermanos Escribano: propietarios de la empresa que Indra pretendía adquirir y, al mismo tiempo, accionistas y responsables de la propia Indra.
La SEPI, primer accionista del grupo, reclamó que Ángel Escribano abandonara la presidencia antes de seguir estudiando la integración. EM&E terminó retirándose formalmente de las conversaciones y la crisis provocó una profunda reorganización interna.
La posterior salida de los hermanos Escribano del capital de Indra eliminó el conflicto accionarial, pero no reconstruyó la confianza necesaria para retomar la operación.
El problema de Tess Defence
La posible alianza también abre interrogantes sobre Tess Defence, el consorcio integrado por Indra, Santa Bárbara, Escribano y Sapa para desarrollar los principales blindados terrestres del Ejército.
Su programa más conocido es el vehículo de combate 8×8 Dragón, afectado durante años por retrasos, problemas técnicos y sobrecostes. El consorcio también participa en el Vehículo de Apoyo de Cadenas, otro proyecto estratégico cuya ejecución avanza con dificultades.
Una empresa conjunta entre Indra y Santa Bárbara podría desplazar el centro de poder dentro de Tess Defence. Las dos compañías pasarían a coordinar capacidades tecnológicas y fabriles al margen de los otros socios, aunque siguieran colaborando con ellos en contratos concretos.
Para Escribano, el riesgo es quedar relegada al papel de suministrador tecnológico dentro de los grandes programas terrestres, sin la capacidad de influencia corporativa que habría obtenido mediante la fusión.
Indra busca convertirse en el campeón terrestre español

El Gobierno lleva años intentando construir un gran grupo nacional de defensa con capacidad para competir en Europa. Navantia ocupa una posición central en el ámbito naval y Airbus domina el sector aeronáutico, pero la industria terrestre continúa fragmentada entre varias empresas.
La integración de Indra y EM&E pretendía resolver esa debilidad. Ahora, la alianza con Santa Bárbara ofrece una alternativa con mayor capacidad industrial, aunque incluye a una compañía controlada por General Dynamics, un gigante estadounidense.
Indra aportaría electrónica, mando y control, radares, comunicaciones y gestión de programas. Santa Bárbara sumaría las fábricas y la experiencia necesarias para construir las plataformas en serie.
La combinación permitiría a Indra pasar de diseñar sistemas a entregar vehículos militares completos, una transformación indispensable para cumplir con la avalancha de contratos aprobados por el Ministerio de Defensa.
Una operación que todavía debe concretarse
El acuerdo no puede considerarse definitivo. Las empresas deben decidir qué activos incorporarán, quién ejercerá el control de la sociedad y qué papel conservará EM&E en los contratos ya adjudicados.
También deberá aclararse si Santa Bárbara retira todos sus recursos judiciales y cómo se compatibiliza la nueva alianza con los acuerdos internacionales suscritos por Indra.
Lo que sí parece evidente es el cambio de rumbo. La compañía ha pasado de intentar absorber a Escribano y combatir judicialmente a Santa Bárbara a negociar con esta última una plataforma común para liderar la defensa terrestre.
Si la operación culmina, Indra ganará el músculo industrial que buscaba, Santa Bárbara recuperará el protagonismo perdido y Escribano quedará fuera de la gran integración corporativa, aunque continúe participando en programas y suministrando su tecnología.

