Caen las bombas en Oriente Próximo y caen los mercados. Sube el temor a un conflicto de larga duración en Irán (extendido al Líbano, a Baréin, a Kuwait, a Catar y a Emiratos Árabes) y sube el miedo a que la inflación se dispare. Las bolsas de todo el mundo se hundieron ayer, 3 de marzo, en un martes negro que afectó particularmente al Ibex 35, el selectivo que cayó más en picado (-4,55%) alcanzando su peor nivel desde abril de 2025 y perdiendo por momentos los 17.000 puntos (finalmente los salvó).
La guerra sin plazos abierta por Donald Trump y Benjamin Netanyahu en Oriente Próximo deja más preguntas que respuestas y muchas más amenazas que promesas. Ningún peligro a nivel económico sobresale tanto en estos momentos como el de una subida de precios generalizada, ya materializada en el gas y en el petróleo.
Aunque España depende menos del gas qatarí que el resto de Europa (debido a las plantas de regasificación y a la conexión con Argelia), el precio del mercado ibérico ya se ha disparado (+42% en apenas 48 horas) por contagio internacional. Todo ello después del ataque con drones lanzados desde Irán contra la planta de QatarEnergy (que tuvo que paralizar su producción de gas natural licuado). En paralelo, el barril de Brent ha aumentado su precio en un +15% y su cotización ya supera los 83 dólares (su nivel más alto desde julio de 2024).
El Gobierno: “Aún es pronto”
El escenario no resulta tranquilizador, pero el Gobierno trata de mantener la compostura a través del ministro de Economía, Carlos Cuerpo: “Aún es pronto para tener una idea de cómo van a trasladarse estos efectos al día a día de los consumidores. Vamos a esperar, vamos a estar encima de los precios intentando minimizar el impacto para los ciudadanos y para nuestras empresas”.
“Aún es pronto”, dice el ministro de Economía, pero el mercado energético global permanece en alerta máxima después de que Irán anunciara el domingo el cierre oficial del tránsito en el Estrecho de Ormuz. El estrangulamiento de este brazo de mar que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán supone bloquear el transporte de aproximadamente el 30% del petróleo mundial (incluyendo casi toda la producción de Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, y dos tercios de la de Arabia Saudí).

Con el Estrecho de Ormuz cerrado, con las autoridades cataríes alentando el contraataque contra Irán por el ataque a su planta gasista y con Trump bramando que va a cortar todo el comercio de Estados Unidos con España cuesta ver un panorama despejado para un desempeño de la economía nacional sin dificultades.
“Atrapar un cuchillo que cae”
Los principales sindicatos ya han pedido cita en el Palacio de la Moncloa para abordar las consecuencias del conflicto en Oriente Próximo. De momento, el Ministerio de Economía solo tiene en el primer radar a las grandes industrias nacionales relacionadas con la química, el acero y la cerámica —las más intensivas en el consumo de gas— y al sector del sector del transporte —el más afectado por la subida del petróleo—.
Las miradas, en todo caso, seguirán con atención la evolución del Ibex después del fuerte retroceso ayer. En bolsa se suele decir, en alusión a los inversores que tratan de aprovechar los buenos precios de una caída, que “no hay que intentar atrapar un cuchillo que cae”. ¿Sigue cayendo el cuchillo?
