Christine Lagarde despeja, al menos parcialmente, las dudas sobre su futuro al frente del Banco Central Europeo (BCE). La presidenta de la institución ha asegurado que permanecerá en el cargo hasta 2027, después de semanas de especulaciones sobre una posible salida anticipada. Sin embargo, la francesa ha evitado confirmar que agotará íntegramente su mandato, que concluye oficialmente el 31 de octubre del próximo año.
“Me iré en 2027”, afirmó Lagarde en una entrevista concedida a la radiotelevisión pública irlandesa RTE. Preguntada expresamente sobre si permanecerá hasta octubre, dejó abierta la incógnita con un “ya veremos”. “Lo que puedo decirle por ahora es que, sea cual sea el momento, el asunto se gestionará con la máxima profesionalidad, como debe ser”, añadió.
Sus palabras enfrían las expectativas de una salida inminente, pero no cierran completamente un debate que ha ganado intensidad en los últimos meses. Las informaciones sobre su posible marcha anticipada apuntaban a que Lagarde podría abandonar Fráncfort para asumir la presidencia del Foro Económico Mundial, conocido como Foro de Davos. En enero de 2027, está prevista la publicación de su autobiografía, con una posterior gira de promoción.
Esta incertidumbre llevó al comité de personal de la institución a reclamar transparencia y claridad sobre el futuro de Lagarde ante el temor de que una “incertidumbre prolongada” pudiera afectar al prestigio del banco. Los representantes de los trabajadores reclamaron que se proporcionara “la claridad necesaria con respecto a las posibles transiciones de liderazgo”.

Una renovación de calado
La confirmación de que Lagarde seguirá al frente del BCE en 2027 dilata la carrera por su sucesión, en un relevo que coincidirá, además, con una profunda renovación de la cúpula de la institución. El mandato del economista jefe del BCE, Philip Lane, finaliza en junio de 2027, mientras que Isabel Schnabel, representante alemana en el Comité Ejecutivo, también podría abandonar próximamente su puesto, informa Europa Press.
Entre los nombres que han comenzado a sonar para suceder a Lagarde figura el español Pablo Hernández de Cos, actual director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y exgobernador del Banco de España. También aparece entre los posibles candidatos Klaas Knot, exgobernador del banco central de Países Bajos.
En plena carrera por los puestos clave, Lagarde ha querido marcar cuáles deberían ser, a su juicio, los criterios para configurar la próxima dirección de la institución. La presidenta reclama “diversidad de puntos de vista” y defiende que los órganos rectores del BCE combinen economistas y expertos en banca central con profesionales procedentes de otros ámbitos.
Lagarde, abogada de formación, aludió a su propia experiencia para defender esa pluralidad profesional. “Lo que importa es el conjunto de competencias presentes en el Comité Ejecutivo y en el Consejo de Gobierno”, señaló. Para Lagarde, los órganos de decisión necesitan “economistas con experiencia en bancos centrales”, pero también “otras personas con trayectorias diferentes”. En definitiva, defendió una “sólida combinación de conocimientos económicos de alto nivel”.
La asignatura pendiente de las mujeres
Sus palabras sobre la diversidad llegan en un momento clave para la representación femenina en la institución. La renovación de la cúpula abre la posibilidad de recomponer un equilibrio de género que el BCE no ha conseguido consolidar durante el mandato de su primera presidenta.
Lagarde llegó a Fráncfort en noviembre de 2019 convirtiéndose en la primera mujer en presidir el BCE. Sin embargo, su paso por la institución no ha culminado la revolución femenina que inicialmente simbolizó su nombramiento. La renovación de los principales cargos durante 2027 volverá a colocar sobre la mesa no solo el reparto geográfico entre los grandes países del euro y las distintas sensibilidades sobre política monetaria, sino también la presencia de mujeres en los órganos donde se toman las decisiones.

