Christine Lagarde hizo historia cuando llegó a Fráncfort en noviembre de 2019. Se convirtió en la primera mujer al frente del Banco Central Europeo (BCE) y aterrizó en una institución en la que los hombres habían copaban los principales puestos de poder. Casi siete años después, mientras se negocia su sucesión, la presidenta encara la recta final de su etapa con una transformación todavía incompleta. El BCE que dejará es más femenino y se ha acercado mucho a las metas fijadas, aunque la propia institución reconoce que probablemente no logrará cumplirlas todas al terminar 2026.
Las conversaciones sobre su relevo ya están en marcha. El mandato de Lagarde termina oficialmente el 31 de octubre de 2027, aunque los gobiernos de la eurozona se preparan ya para una importante renovación de la cúpula del banco central.
Además de la presidencia, en 2027 concluyen los mandatos del economista jefe, el irlandés Philip Lane, y de la alemana Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo. Las capitales europeas trabajan en un acuerdo para cubrir estos tres puestos.
Lagarde convirtió la igualdad de género en una de las prioridades de su presidencia. En 2020, apenas unos meses después de llegar al cargo, el BCE puso en marcha una estrategia para aumentar la presencia femenina en distintos niveles de la institución.

El programa estableció dos tipos de metas: que las mujeres representaran al menos la mitad de las nuevas contrataciones y promociones y elevar su peso total en las distintas categorías profesionales. Para 2026, estos últimos objetivos oscilaban entre el 40% y el 51%, dependiendo del nivel.
El punto de partida mostraba ya algunos avances, pero también desequilibrios. A finales de 2019, las mujeres ocupaban el 30,8% de los puestos de alta dirección, por encima del objetivo del 28% que se había fijado el BCE. En el conjunto de los puestos directivos representaban el 30,3%, todavía por debajo de la meta del 35%.
Los últimos datos completos, correspondientes al cierre de 2025, muestran que el BCE se ha acercado mucho a algunos de los objetivos que se había marcado para 2026. Las mujeres ocupaban entonces el 39,4% de los puestos de alta dirección, apenas seis décimas por debajo de la meta del 40% y más de ocho puntos por encima de 2019.

El avance, sin embargo, no ha sido igual en todos los niveles. En los puestos de experto y en el conjunto de cargos directivos las mujeres seguían ligeramente por debajo de las metas previstas, mientras que la mayor distancia se encuentra entre los líderes de equipo: un 36,2% frente al objetivo del 42%.
Lagarde admitió en junio que el trabajo no estaba terminado y que algunas metas quedaban pendientes.
El desequilibrio es mucho mayor en los máximos órganos de decisión del BCE. El Comité Ejecutivo está formado por seis personas y solo dos son mujeres: Lagarde e Isabel Schnabel. Junto a ellas se sientan cuatro hombres: el vicepresidente Boris Vujčić, Philip Lane, Piero Cipollone y Frank Elderson.
La diferencia se acentúa todavía más en el Consejo de Gobierno, el principal órgano de decisión del BCE y el encargado de formular la política monetaria de la zona euro. Ninguno de los 21 bancos centrales nacionales representados en él está actualmente encabezado por una mujer. De sus 27 miembros, solo Lagarde y Schnabel son mujeres: dos de 27, apenas un 7,4%.

La próxima renovación de la cúpula se va a convertir en una nueva prueba para el equilibrio de género. Por el momento, los dos nombres que aparecen con más fuerza para sustituir a Lagarde son hombres: Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual director general del Banco de Pagos Internacionales, y Klaas Knot, expresidente del banco central neerlandés.
Sí aparecen mujeres para otros puestos. Monika Piazzesi, profesora de Stanford, figura entre las opciones desde Berlín para el puesto de economista jefe. París, que también aspira a ese cargo, respalda a Agnès Bénassy-Quéré, segunda subgobernadora del Banco de Francia, y a Laurence Boone, execonomista jefe de la OCDE y actual responsable de banca corporativa y de inversión de Santander en Francia.
El BCE tiene una presencia femenina sensiblemente mayor que cuando llegó Lagarde a la presidencia y en algunos niveles se encuentra muy cerca de los objetivos que se había marcado. Pero la igualdad sigue sin alcanzarse en varios escalones de la organización y la presencia de mujeres continúa siendo mínima en sus principales órganos de decisión.
Ahora serán los gobiernos europeos los que decidan si la era post-Lagarde continúa avanzando o da un paso atrás.

