Conoce a tu jefa

Natalia Pueyo (SATEC): “Desterraría la idea de que, por ser más emocionales, las mujeres lideramos peor”

Natalia Pueyo tiene por delante el reto de consolidar un equipo recién formado, escalar el portfolio sin perder calidad y dar el salto de un perfil técnico a desarrollo de negocio

Natalia Pueyo
Natalia Pueyo

Natalia Pueyo es la Cybersecurity Business Development Area Manager en Clober, la unidad especializada de Cloud y Ciberseguridad de Grupo SATEC. Desde 2018, cuando entró como  ingeniera de comunicaciones y seguridad, continúa ligada a una empresa que le dio su primera oportunidad en 2016 como técnico de comunicaciones. Por el auge de la ciberseguridad, en 2025 asumió el rol de Cybersecurity Area Manager donde era la encargada de coordinar un área de 17 personas

Una década después de su primera entrada en la compañía, es la encargada de liderar un equipo de cuatro especialistas y combinar el desarrollo de negocio con diseño de soluciones técnicas, evaluar e incorporar nuevos fabricantes, dar soporte en oportunidades complejas y seguir desarrollando el talento de mi equipo. Natalia Pueyo tiene por delante el reto de consolidar un equipo recién formado, escalar el portfolio sin perder calidad y dar el salto de un perfil técnico a desarrollo de negocio.

¿Qué ha sido lo más complejo que ha tenido que enfrentar en su en su carrera profesional?

Uno de los momentos más complejos de mi carrera fue justo al inicio de la pandemia. Me encontraba de viaje por un proyecto cuando se decretó el confinamiento, y tuve que continuar realizando instalaciones y configuraciones en hospitales en pleno pico de la crisis sanitaria, con toda la incertidumbre y las restricciones que eso suponía. A eso se han sumado, a lo largo de mi trayectoria, varios cambios de puesto y reestructuraciones internas, momentos en los que el reto no era solo adaptarme a un nuevo rol, sino mantener el mismo nivel de exigencia y profesionalidad mientras todo a mi alrededor estaba cambiando.

¿Podría contarnos sobre una persona que haya tenido un impacto significativo en su vida? ¿Qué aprendió de esa persona?

Diría que no ha sido una única persona, sino varias en distintos momentos. Por un lado, mi tío, ingeniero, fue siempre una figura a seguir y una de las razones por las que decidí estudiar Telecomunicaciones. Por otro, mi familia, que siempre ha confiado en mí y ha creído que podía llegar lejos y ser una buena profesional, algo que ha sido un motor constante a lo largo de mi carrera. Y, de forma muy especial, la gente con la que me he ido encontrando en mis trabajos, sobre todo en SATEC, donde somos casi como una familia: responsables y compañeros que me han apoyado y ayudado a crecer en cada etapa.

¿Cuál considera que será su legado en su actual posición y qué impacto espera haber logrado?

Me gustaría que mi legado fuera mantener un alto nivel de profesionalidad y especialización en el equipo, y que se nos reconozca por hacer bien las cosas, no solo por hacerlas a tiempo. Para mí es igual de importante generar un buen ambiente de trabajo, donde la colaboración entre compañeros y entre departamentos sea la forma natural de trabajar, no la excepción. Pero, sobre todo, me gustaría que me recordaran por ayudar a crecer a las personas de mi equipo: por apoyarles cuando lo han necesitado y por haber contribuido a que mejoren, tanto a nivel profesional como personal, durante el tiempo que hemos trabajado juntos.

¿Qué mito sobre el liderazgo femenino le gustaría desterrar para siempre?

Desterraría la idea de que, por ser más emocionales, las mujeres lideramos peor. Con ese mismo argumento, tendríamos que decir que personas de distintas zonas geográficas también lideran de forma diferente entre sí, y eso no las hace mejores ni peores líderes: simplemente es diferente. Yo soy del norte, y puedo ser incluso menos emocional que un hombre de otra región, y eso no significa que yo lidere mejor ni que él lidere peor. También desterraría el mito de que la mujer debe sacrificar más su vida personal para liderar. Hoy en día los permisos de maternidad y paternidad están igualados, y el cuidado de los hijos y las tareas del hogar son responsabilidad de ambos. La vida personal debería importar igual, sea hombre o mujer.

Desde su posición, ¿Cómo fomenta el crecimiento profesional de otras mujeres?

No fomento solo el crecimiento profesional de las mujeres, sino el de todas las personas que dependen de mí, sin distinción. Me parece clave crear esa igualdad de base y, al mismo tiempo, ser un ejemplo de que nosotras podemos llegar a los mismos puestos que un hombre, sin que eso tenga que ser una excepción. En ese sentido, creo que en SATEC se está haciendo muy bien: no hay más que ver cuántas mujeres ocupan hoy puestos de dirección en la compañía. Para mí, ese es el mejor mensaje que le puedo transmitir a mi equipo: que el puesto al que se puede llegar no depende del género, sino de la capacidad y el trabajo de cada persona.

¿Ha cambiado la tecnología su forma de trabajar? ¿Usa la IA y para qué?

Sin duda, la tecnología ha cambiado la forma de trabajar, aunque reconozco que en algunos aspectos sigo siendo bastante clásica: para ciertas explicaciones o para apuntar ideas de forma rápida, todavía recurro al papel y al lápiz, aunque después lo pase a formato digital. En cuanto a la IA, por supuesto que la uso, ¿quién no a estas alturas? Es una herramienta muy potente para tareas rutinarias, y también me ayuda a explicar o simplificar contextos complejos, sobre todo en un entorno técnico como el mío. Pero para mí es fundamental no perder el criterio propio: siempre hay que darle sentido a lo que la IA propone y revisar cada resultado antes de darlo por bueno.

Si el éxito profesional fuera un viaje, ¿cómo le gustaría que fuera? ¿Qué llevaría en la maleta?

Me gustaría que fuera un viaje por etapas, no un vuelo directo al destino. Creo firmemente en no saltarse los pasos que te llevan al éxito, igual que cuando visitas un sitio nuevo: no se trata solo de ver el top 10 de lo más visitado, sino de recorrer el camino, conocer el sitio de verdad y disfrutar cada etapa. Y en la maleta, aunque suene a tópico, llevaría a la gente que ha estado conmigo en el camino: las personas que han creído y confiado en mí en cada etapa. Al final, ese es el equipaje que realmente pesa y el que hace que merezca la pena el viaje.

¿Alguna rutina matutina que le ayude a prepararse mental y físicamente para el día?

Sí, tengo una rutina bastante fija. Lo primero es una ducha tranquila, que me ayuda a despejar la mente: desde la universidad, ese es mi “momento bombilla”, donde de forma casi automática me surgen las mejores ideas y soluciones a cosas que llevaba dándole vueltas.

Después, siempre un café antes de salir de casa, mientras escucho un resumen de noticias para ponerme al día de lo que ha pasado. Es una rutina sencilla, pero me ayuda a arrancar el día con la cabeza ordenada y ya con algo de contexto de lo que está pasando en el mundo.

 ¿Cuál era su sueño de niña?

La verdad es que no recuerdo tener un sueño muy espectacular o concreto de pequeña, de esos de “quiero ser astronauta” o similar. Mi sueño era más sencillo: quería poder viajar, conocer otros países y otras culturas. Con el tiempo, esa curiosidad por lo diferente se ha mantenido conmigo.

Un imprescindible en el bolso

La verdad es que llevo pocas veces bolso, y cuando lo hago suele ser pequeño y con lo justo y necesario: cartera, móvil y las llaves de casa o del coche. No soy de ir cargada con muchas cosas en el día a día personal. Otra historia muy distinta es la mochila del trabajo: esa sí que va cargada, con muchos “por si acaso” que voy acumulando.

Su cita o frase vital.

No tengo una frase vital, pero hay un libro que me regalaron hace mucho tiempo que tenía una frase que resume muy bien esto: la idea de que la gran victoria que hoy parece fácil fue en realidad el resultado de pequeñas victorias que pasaron desapercibidas.