María Rosario Jiménez Rubio es decana del Colegio de Registradores de España desde diciembre de 2025. tras más de dos décadas como registradora, siempre ha tenido una importante vinculación con la institución, donde ha desempeñado distintas responsabilidades territoriales y corporativas, entre ellas el decanato territorial de Andalucía Oriental entre 2016 y 2024. Asimismo, ha formado parte de la Comisión de Innovación del Colegio de Registradores, impulsando iniciativas relacionadas con la modernización de los servicios registrales, la formación y la responsabilidad social corporativa.
Académica de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada, afronta su primer verano al frente del Colegio de Registradores de España tras unos meses marcados por la transformación de la institución. En esta entrevista reflexiona sobre los retos del liderazgo, la necesidad de evolucionar sin perder la esencia y la importancia de desconectar para recuperar la perspectiva, siempre con la familia como refugio.
¿Dónde está hecha la foto que nos compartes y qué recuerdo especial te trae?
Esta fotografía está hecha en la playa de Torrenueva, en Granada, el año en que nació mi hermano. Es mi único hermano, dos años menor que yo, y quizá por eso esta imagen ha sido siempre una de mis fotografías favoritas y también una fotografía muy especial para toda mi familia.
Me emociona pensar que, de algún modo, recoge el comienzo de nuestra historia juntos. Yo era todavía una niña y él acababa de llegar a mi vida. En aquel momento, naturalmente, no podía saber todo lo que significaría para mí tener un hermano, ni hasta qué punto creceríamos unidos, compartiendo familia, recuerdos, alegrías, preocupaciones y tantas etapas de nuestras vidas. Ambos somos registradores, y nuestros hijos también comparten colegio, aficiones y disfrutan juntos como lo hacemos nosotros.
Cuando la miro, veo mucho más que unas vacaciones de verano. Veo el origen de uno de los vínculos más profundos de mi vida. Mi hermano es una de las personas que mejor me conoce, alguien con quien comparto no solo recuerdos, sino raíces. Entre nosotros existe esa confianza que nace de haber crecido juntos y de saber que siempre estamos el uno para el otro.
Si pudiera recuperar algo de aquel verano sería quizá la inocencia de esa niña que aparece en la fotografía, si bien han sido constantes todos estos años los veranos en familia, el calor y el descanso
¿Cómo llega a estas vacaciones? ¿Cuál ha sido el principal desafío profesional de los últimos meses?
Llego después de unos meses muy intensos. La responsabilidad de representar al Colegio de Registradores exige atención constante, capacidad de decisión y, sobre todo, una conciencia muy clara de que detrás de cada decisión hay una institución que sirve a millones de ciudadanos.
Vivimos además un momento de profundas transformaciones. Las implicaciones que para los registros tienen la digitalización, la vivienda, la lucha contra el blanqueo de capitales, la inteligencia artificial, la protección de las personas más vulnerables y los cambios sociales y económicos nos obligan a evolucionar sin perder aquello que constituye nuestra razón de ser: ofrecer seguridad, confianza y protección jurídica.
Quizá el principal desafío haya sido precisamente ese: impulsar esos cambios sin perder la esencia. Y hacerlo construyendo equipos, escuchando posiciones distintas y tratando de que una institución con una historia muy sólida sea también capaz de anticipar el futuro.
Llego a estas vacaciones con ilusión, naturalmente, pero también con gratitud. Porque ocupar una responsabilidad importante enseña algo esencial: una nunca hace nada sola. Los compañeros de la Junta de Gobierno, quienes trabajan conmigo en el registro de La Carolina, y también la familia, que comprende ausencias, horarios imposibles y preocupaciones que a veces regresan a casa contigo y sin cuyo apoyo no sería posible asumir esta tarea .
¿Qué significa para ti desconectar?
Para mí desconectar no significa desaparecer ni dejar de pensar. Significa recuperar una relación distinta con el tiempo.
Mi vida profesional está muy marcada por agendas, reuniones, viajes, llamadas y decisiones. Por eso, desconectar es poder mantener una conversación sin mirar el reloj; leer sin calcular cuánto tiempo queda antes del siguiente compromiso; caminar sin un destino concreto; compartir una sobremesa que se alarga porque nadie tiene prisa.
Y significa, sobre todo, volver a estar plenamente con las personas que quiero. La familia tiene una capacidad extraordinaria para devolverte a tu dimensión más verdadera. Desconectar es una vuelta a la zona de confort, recuperarse unos días , sin agenda, sin urgencia y si puede ser, sin tareas pendientes.
¿Eres de las que consigue olvidarse del trabajo en vacaciones o siempre queda un ojo puesto en el móvil?
No sería sincera si dijera que me olvido completamente del trabajo. Siempre queda un ojo puesto en el móvil. Hay responsabilidades que no conocen del todo los calendarios y cuestiones que, sencillamente, no pueden esperar.
Pero con los años he aprendido que estar disponible no significa vivir permanentemente conectada. Intento distinguir lo verdaderamente urgente de aquello que puede esperar. Y procuro proteger determinados momentos, especialmente los que comparto con mi familia.
También he aprendido a confiar profundamente en los equipos. Creo que una responsabilidad importante no consiste en estar en todas partes ni en intervenir en todo. Liderar es también saber delegar, escuchar y confiar.
Mi familia, además, tiene una virtud que agradezco mucho: sabe recordarme, a veces con una mirada y otras con bastante claridad, que hay momentos en los que el teléfono puede esperar. Y casi siempre tienen razón.
¿Cuál es el mayor lujo que te permites durante las vacaciones?
El tiempo. Sin ninguna duda.
Tiempo para desayunar despacio, para varios cafés, para leer, para hacer deporte, para hablar sin interrupciones. Tiempo para mi familia y amigos y para esas conversaciones que durante el año quedan demasiadas veces aplazadas por una agenda que siempre parece tener algo más urgente.
Con los años he llegado a la conclusión de que el tiempo es probablemente nuestro bien más escaso y, precisamente por eso, el mayor lujo. No necesito grandes planes para sentir que estoy de vacaciones. A veces basta una comida familiar, una sobremesa larga, un paseo o la posibilidad de decidir qué hacer sin haberlo previsto antes.
Y hay otro lujo que valoro especialmente: estar presente de verdad. No estar físicamente en un lugar mientras mentalmente continúas en otro. Conseguirlo no siempre es fácil, pero cuando ocurre, ése es para mí el verdadero descanso.
¿Qué libro, serie, pódcast o canción te acompañará este verano?
Este verano estoy leyendo ‘El puente donde habitan las mariposas’, de la neurocientífica Nazareth Castellanos. Me interesa especialmente porque profundiza en algo que siempre me ha parecido fascinante: la relación entre el cerebro, el cuerpo, las emociones y los recuerdos; cómo aquello que vivimos y sentimos va dejando una huella en nosotros y condiciona también nuestra manera de mirar el mundo y de relacionarnos con los demás.
Quizá por eso es una lectura especialmente oportuna para mí este verano. Al elegir para esta entrevista una fotografía de mi infancia, tomada en la playa de Torrenueva el año en que nació mi hermano, he vuelto a pensar en la fuerza de la memoria y en cómo algunos instantes aparentemente sencillos terminan formando parte esencial de quienes somos.
Y, para ponerle música al verano, elegiría casi cualquier canción de los Beach Boys. Su música tiene para mí esa capacidad inmediata de llenar de optimismo y alegría cualquier momento estival. Hay algo en sus canciones que evoca el sol, el mar, la libertad y esa ligereza que necesitamos recuperar de vez en cuando.
Quizá eso es lo que busco este verano: una lectura que invite a mirar hacia dentro y una música que recuerde la importancia de vivir también hacia fuera, con alegría.
Completa la frase: «Cuando vuelvo de vacaciones siempre regreso con más…»
…perspectiva.
La distancia ayuda a ordenar lo importante. Cuando una vive inmersa en una responsabilidad intensa, corre el riesgo de que todo parezca urgente y de que lo inmediato ocupe demasiado espacio. Las vacaciones me ayudan a recuperar perspectiva, a mirar los problemas de otra manera y a recordar por qué hacemos lo que hacemos.
Pero también regreso con más gratitud. Por la familia, por los afectos que permanecen, por las personas que sostienen nuestra vida sin hacer ruido y por el privilegio de poder volver.
Quizá por eso he elegido una fotografía con mi hermano. Porque al final, por muchas responsabilidades que una asuma y por muchos caminos que recorra, hay personas que siguen recordándonos quiénes somos y de dónde venimos. Y esa certeza es una de las formas más profundas de felicidad.
El verano me recuerda que la vida no se mide solo por lo que hacemos, sino también por los vínculos que cuidamos y por los recuerdos que construimos. Tal vez por eso vuelvo a aquella fotografía de Torrenueva: porque en ella están el mar, la infancia, mi hermano y una parte esencial de mí misma. Y porque, al final, incluso cuando la vida nos lleva a asumir grandes responsabilidades, son los afectos más íntimos los que nos ayudan a conservar la perspectiva, la alegría y el sentido de lo verdaderamente importante.

