Visionarias

Sue Youcef Nabi, la ejecutiva trans que entendió la belleza como artesanía en la cosmética global

Nabi, ex consejera delegada de Coty, transformó durante cinco años una de las mayores compañías cosméticas del mundo con la reestructuración de marcas como Gucci Beauty, Burberry o Calvin Klein

Sue Nabi, CEO Coty
Sue Nabi, CEO Coty

Sue Nabi llegó a la cima de la industria cosmética global desde un lugar improbable. Su infancia se desarrolló en Argelia, lejos de los grandes centros de poder del lujo francés. Durante cinco años dirigió Coty, el gigante propietario de marcas como Gucci Beauty, Burberry, Calvin Klein o CoverGirl, y se convirtió en la única directora ejecutiva transgénero de una empresa del Fortune 1000. Su salida, anunciada en diciembre de 2025, cerró una etapa marcada por una profunda transformación empresarial y cultural.

Cuando asumió el cargo en 2020, Coty atravesaba una crisis de identidad. La compañía había cambiado cinco veces de consejero delegado en apenas cinco años, acumulaba deudas y sufría la erosión de varias de sus marcas históricas. Nabi aterrizó en plena pandemia con una actitud poco habitual en el capitalismo contemporáneo. Como CEO, se ha dejado llevar por su intuición creativa y un conocimiento casi obsesivo del deseo estético.

Sue Youcef Nabi

Una revolución en L’Oréal

Buena parte de su singularidad se explica en su trayectoria. Nacida en Argelia y criada en Francia, Sue Youcef Nabi comenzó su carrera en 1993 como representante comercial en L’Oréal. No pertenecía a las élites tradicionales del lujo parisino. Llegó desde la periferia, social y geográfica, y ascendió en una industria donde el amiguismo pesa más que la dedicación. En L’Oréal aprendió la maquinaria del negocio, pero también desarrolló una idea muy concreta de la belleza como herramienta de identidad y autoestima.

En 2005 fue nombrada presidenta mundial de L’Oréal Paris, convirtiéndose en una de las ejecutivas más jóvenes en dirigir la marca. Allí reformuló campañas históricas y modernizó el discurso publicitario de la empresa. Sustituyó el individualista “Porque yo lo valgo” por un “Porque nosotras lo valemos” más inclusivo y colectivo. Apostó además por rostros alejados de los estándares dominantes de juventud extrema. Bajo su mando, Jane Fonda protagonizó campañas a los 68 años; incorporó figuras de belleza diversa como Penélope Cruz, Eva Longoria o el actor Patrick Dempsey, uno de los primeros hombres en participar en la comunicación global de la marca.

En un sector obsesionado con la eterna juventud, Nabi comprendió antes que muchos que la diversidad era una cuestión moral, pero también comercial. Supo detectar que la belleza del siglo XXI ya no podía construirse únicamente desde la perfección homogénea. “La diferencia no solo es una oportunidad; en los negocios es un activo”, afirmó en una entrevista sobre liderazgo y creatividad.

Su siguiente desafío llegó en 2009, cuando L’Oréal le confió Lancôme, entonces en declive. Allí demostró transformó productos en relatos emocionales globales. Bajo su dirección nació La Vie Est Belle, el perfume asociado a Julia Roberts que acabaría convirtiéndose en una de las fragancias de lujo más vendidas del mundo. También impulsó DreamTone, uno de los primeros correctores de pigmentación pensados para distintos tonos de piel, mucho antes de que la diversidad se convirtiera en una prioridad estratégica para las multinacionales cosméticas.

Nabi no habla de belleza en términos superficiales. Suele relacionarla con la emoción, la identidad y la percepción íntima de uno mismo. Su padre era pintor, y ella ha contado en varias ocasiones que esa educación visual moldeó su comprensión de lo estético. “Existe la belleza clásica, convencional, y existe otra belleza distinta, la que también nos interpela profundamente”, explicó en una conversación sobre creatividad empresarial.

Quizá por eso su liderazgo descolocó a parte del mundo corporativo tradicional. Nabi no encajaba en el perfil habitual de ejecutiva financiera llegada desde el consumo masivo. En Coty insistió desde el principio en que la cosmética no podía gestionarse únicamente desde las hojas de cálculo. En su primera intervención ante los empleados habló de intuición, deseo y visión artística antes que de resultados trimestrales. Aquello sorprendió en una empresa acostumbrada a directivos externos a la industria de la belleza.

Reconfiguración interna

Su llegada coincidió además con una transformación cultural más amplia. Como mujer transgénero visible en la cúspide empresarial, Nabi convirtió su propia experiencia en parte del relato corporativo. En 2022 implantó en Coty una política global de permisos parentales neutros en términos de género y anunció objetivos de igualdad salarial interna. No hizo activismo explícito, pero sí defendió la idea de que las empresas debían reflejar la complejidad real de sus consumidores. Reducir su trayectoria a su identidad de género sería simplificarla. Sue Nabi se convirtió en una figura excepcional no porque fuera la única consejera delegada trans del Fortune 1000, sino porque entendió antes que otros cómo había cambiado el negocio de la belleza.

Durante su mandato, Coty recuperó impulso en segmentos estratégicos como las fragancias premium y el maquillaje selectivo. La compañía reforzó licencias clave, lanzó con éxito Burberry Goddess y apostó por nuevos desarrollos vinculados a Marc Jacobs Beauty o Swarovski. También redujo parte de su endeudamiento y reorganizó divisiones históricas para concentrarse en negocios más rentables.

Sin embargo, la etapa final estuvo marcada por dificultades. La ralentización del consumo mundial, y, sobre todo, la pérdida futura de la licencia de Gucci Beauty, que pasará a L’Oréal en 2028 tras un acuerdo con Kering, golpearon la confianza de los inversores.

La salida de Nabi llegó en un contexto de incertidumbre. Coty anunció en diciembre de 2025 que Markus Strobel, procedente de Procter & Gamble, asumiría de forma interina la dirección ejecutiva. La decisión coincidió también con la retirada de Peter Harf, histórico dirigente de JAB Holdings y figura clave en la estructura accionarial del grupo.

Pero incluso sus críticos reconocen que Nabi deja una huella singular. En un capitalismo global todavía dominado por perfiles masculinos y homogéneos, ella representó otra posibilidad de liderazgo. Una mujer menos centrada en la gestión financiera pura y más conectada con la sensibilidad cultural. Su enorme paquete retributivo, estimado en 463,7 millones de dólares durante cinco años, impulsado sobre todo por incentivos bursátiles, simboliza también las contradicciones del capitalismo contemporáneo.

Ahora, tras abandonar Coty, su futuro permanece abierto. En 2025 se incorporó al consejo de administración de Moncler y todo apunta a que volverá al terreno de crear marcas desde cero. Después de décadas en multinacionales gigantescas, parece querer regresar al territorio de la artesanía empresarial.

En una industria obsesionada con transformar apariencias, ella acabó transformando también la idea de quién puede ocupar el poder.

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