El emblemático edificio de Gran Vía 28, uno de los símbolos más reconocibles del skyline madrileño y antigua sede central de Telefónica, cambia de manos. La compañía ha cerrado su venta al empresario murciano Tomás Olivo por una cifra superior a los 200 millones de euros, según han confirmado fuentes conocedoras de la operación.
El inmueble, levantado en los años 30 del siglo pasado, no solo fue considerado el primer gran rascacielos de Europa en su época, sino que también forma parte de la historia de las telecomunicaciones en España: desde sus instalaciones se realizó la primera llamada transatlántica del país hacia Estados Unidos, un hito tecnológico que marcó una época.
Un edificio icónico en plena transformación
La operación supone un nuevo capítulo en la estrategia inmobiliaria de Telefónica, que desde hace aproximadamente una década ha acelerado la venta de activos no estratégicos con el objetivo de reducir deuda y reforzar su liquidez.
El inmueble de Gran Vía se había tasado inicialmente en torno a los 300 millones de euros, pero finalmente el precio de cierre se ha situado por debajo de esa cifra. Según fuentes del sector, las limitaciones urbanísticas han influido de forma decisiva en la negociación, reduciendo el margen de revalorización del activo.
El Ayuntamiento de Madrid ha dejado claro que el edificio no podrá reconvertirse en hotel, viviendas de lujo o gran superficie comercial. Esta restricción ha sido clave para ajustar las ofertas y definir el valor final de la transacción.
El nuevo propietario: expansión del imperio comercial de Olivo
El comprador es Tomás Olivo, empresario murciano al frente de General de Galerías Comerciales, una compañía especializada en la gestión y explotación de grandes centros comerciales en España.
Su cartera incluye activos como Nevada Shopping en Armilla (Granada), La Cañada en Marbella o Serrallo Plaza, también en Granada, adquirido recientemente. Además, Olivo mantiene posiciones relevantes en el ámbito financiero, siendo uno de los principales accionistas de Unicaja Banco.
Con esta adquisición, el empresario refuerza su presencia en el mercado inmobiliario prime de Madrid, incorporando un edificio con alto valor simbólico y ubicación estratégica en plena Gran Vía.
Un activo condicionado por su protección urbanística
A pesar de su atractivo histórico y arquitectónico, el futuro del inmueble estará condicionado por su catalogación urbanística. Cualquier intento de modificación de uso requerirá negociaciones con el Ayuntamiento de Madrid y la aprobación de los técnicos municipales, que deberán determinar qué actividades son compatibles con la ficha del edificio.
Esto implica que el nuevo propietario tendrá un margen limitado para transformar el activo, lo que convierte su explotación futura en un reto de gestión más que en una operación de reconversión inmobiliaria tradicional.
Un símbolo del Madrid moderno que cambia de etapa
El edificio de Gran Vía 28 no es solo una pieza inmobiliaria de alto valor, sino también un icono de la historia urbana de Madrid. Su fachada y su silueta forman parte del paisaje cotidiano de la ciudad, en una de las arterias más transitadas y turísticas de la capital.
Su venta marca, además, otro paso en la reorganización del patrimonio inmobiliario de Telefónica, que continúa desprendiéndose de activos históricos para adaptarse a su nueva estructura empresarial.
Mientras tanto, para el mercado inmobiliario, la operación confirma el interés por edificios singulares en ubicaciones prime, incluso cuando sus posibilidades de transformación están limitadas. Una compra que combina inversión, patrimonio y estrategia a largo plazo en uno de los enclaves más codiciados del centro de Madrid.

