Las primeras sanciones del verano ya han llegado a uno de los paisajes más reconocibles del Pirineo aragonés. La Unidad de Policía Nacional Adscrita al Gobierno de Aragón ha denunciado a ocho personas por acampar en los ibones de Anayet, una práctica expresamente prohibida durante los meses de mayor afluencia turística.
Según informó Heraldo de Aragón, los agentes realizaron una inspección en el Humedal Singular de los Ibones de Anayet, dentro del término municipal de Sallent de Gállego, y localizaron cinco tiendas de campaña ocupadas por ocho personas. La intervención terminó con cinco actas de infracción y las primeras denuncias formuladas desde que comenzó la campaña estival.
La actuación se produce después de que montañeros y publicaciones difundidas en redes sociales alertaran de que la nueva normativa estaba siendo incumplida. Algunos testimonios llegaron a señalar la presencia de más de una veintena de tiendas durante una misma noche, pese a la señalización colocada en los accesos.
Acampar está prohibido durante todo el verano
Desde este año, acampar en los ibones de Anayet está prohibido entre el 21 de junio y el 21 de septiembre. La restricción afecta tanto al humedal como a su Zona Periférica de Protección, cuyo perímetro ha sido delimitado específicamente por el Gobierno de Aragón.
La prohibición fue incorporada mediante la Orden MAT/221/2026, publicada el pasado 17 de febrero. Durante el resto del año, cualquier posible acampada queda sometida a la normativa general aragonesa y a las autorizaciones que correspondan, por lo que tampoco existe libertad absoluta para instalar tiendas.
La orden establece además que el baño está prohibido durante los doce meses del año. Tampoco pueden realizarse actividades capaces de modificar el régimen hidrológico, dañar las orillas o alterar la morfología de los ibones.
El incumplimiento puede castigarse con multas de entre 100 y 1.000 euros por persona. La cuantía concreta dependerá del daño provocado, la responsabilidad de los infractores, la intencionalidad y el posible deterioro del espacio protegido.
Un paisaje frágil sometido a una presión creciente
La decisión de limitar la posibilidad de acampar en los ibones de Anayet responde al aumento de visitantes registrado durante los últimos veranos. Las imágenes de las tiendas bajo el pico de Anayet se han convertido en un reclamo recurrente en redes sociales, rutas digitales y publicaciones vinculadas al turismo de montaña.
Sin embargo, aquello que puede parecer una experiencia aislada adquiere otro impacto cuando se repite cada noche por decenas de personas. La instalación de tiendas compacta el suelo, elimina vegetación, abre pequeños caminos improvisados y concentra residuos en un entorno de alta montaña con una capacidad de recuperación muy limitada.
Las turberas y praderas húmedas que rodean los ibones albergan especies especialmente vulnerables. También cumplen una función importante en el almacenamiento y circulación del agua, por lo que las pisadas continuas o la modificación de sus cauces pueden causar daños duraderos.
La presencia masiva de visitantes genera además ruido, molestias para la fauna y procesos de erosión en las zonas próximas a los senderos. El espacio forma parte de la Red Natura 2000 y cuenta con distintas figuras de protección por su valor ecológico, geológico y paisajístico.
Más de 130 denuncias durante el verano anterior
La nueva regulación llega después de un verano especialmente conflictivo. En 2025, las operaciones realizadas por Agentes para la Protección de la Naturaleza, Policía Nacional, Guardia Civil y otros servicios terminaron con más de 130 denuncias relacionadas con acampadas irregulares.
En uno de aquellos dispositivos fueron localizadas 46 tiendas y se formularon 86 propuestas de sanción durante un solo fin de semana. Parte de las acampadas se encontraba a menos de cien metros del ibón y no había sido comunicada a las autoridades.
El incremento de la presión turística llevó al Ejecutivo autonómico a abandonar una regulación más genérica y aprobar una restricción específica. La intención no es impedir el acceso a los ibones, sino evitar que la visita se convierta en una ocupación nocturna continuada.
Los excursionistas pueden seguir realizando las rutas autorizadas y contemplando el enclave durante el día, siempre que respeten los senderos, retiren sus residuos y cumplan las limitaciones establecidas.
La falta de conocimiento no evita la sanción
Algunos visitantes sorprendidos en la zona han asegurado desconocer la prohibición. Sin embargo, la normativa se encuentra publicada y el Gobierno de Aragón ha previsto instalar carteles informativos para recordar las restricciones en los principales accesos.
Antes de realizar una ruta de montaña resulta necesario comprobar las normas del espacio protegido. La popularidad de una fotografía en redes sociales no significa que la actividad mostrada sea legal, especialmente cuando se trata de bañarse, volar drones o instalar una tienda junto a un humedal.
Las primeras denuncias envían así un mensaje claro para el resto del verano. Acampar en los ibones de Anayet ya no es una práctica tolerada durante la temporada alta y quienes ignoren la prohibición pueden enfrentarse a multas importantes.
La protección de este paisaje dependerá también del comportamiento individual. El objetivo es que los ibones sigan siendo visitables sin que el éxito turístico termine destruyendo precisamente aquello que atrae cada año a miles de personas.
