Lumi nació de una necesidad personal. Tras instalarse en Madrid, Irene buscaba una alternativa que le permitiera mantener un tono bronceado sin exponerse al sol ni recurrir a las cabinas de rayos UVA, especialmente después de haber padecido cáncer de piel. Al no encontrar un servicio que se adaptara a lo que necesitaba, compartió la idea con Alejandra, a quien había conocido en una comunidad de mujeres emprendedoras.
Aunque ninguna de las dos procedía del sector de la belleza, ambas contaban con una amplia trayectoria en la creación y gestión de empresas. Irene había desarrollado su carrera en el ámbito tecnológico, mientras que Alejandra, ingeniera mecatrónica, había trabajado en marketplaces, inversión y compañías internacionales. Juntas pusieron en marcha Lumi, una propuesta de bronceado con aerógrafo a domicilio que combina comodidad, atención personalizada y una visión de la belleza alejada de la presión por alcanzar la perfección. Hablamos con ellas.
¿Cómo os definiríais y cómo surgió la idea de crear Lumi?
Irene: Soy costarricense y llevo aproximadamente quince años emprendiendo, principalmente en el sector tecnológico. Mi trayectoria profesional me llevó primero a México y, posteriormente, a Madrid, donde me instalé con mi esposo y mis dos hijas. Durante mi primer invierno en España noté mucho el cambio en el tono de mi piel. En Costa Rica utilizaba habitualmente el bronceado sin sol y, hablando con Alejandra, pensamos que podía existir una oportunidad en Madrid. Para mí era especialmente importante encontrar una alternativa segura porque he tenido cáncer de piel y evito tanto la exposición solar como las cabinas de rayos UVA. Sin embargo, los servicios que encontraba exigían desplazarse hasta un establecimiento. Yo quería que vinieran a mi casa, poder esperar tranquilamente a que el producto se secara y continuar con mi día. Lumi nació de esa necesidad personal.
Alejandra: Soy mexicana e ingeniera mecatrónica. He trabajado en la creación de marketplaces, en un fondo de inversión, en Fiverr y en ONU Turismo. También me trasladé a España con mi esposo y nuestra hija buscando una vida algo más tranquila que la que teníamos en Ciudad de México. Irene y yo nos conocimos en un grupo de mujeres emprendedoras. En ese momento yo estaba valorando la posibilidad de lanzar una nueva empresa tecnológica, pero aquel proyecto no salió adelante. En cambio, de nuestras conversaciones nació Lumi. Aunque el negocio no está directamente vinculado con la tecnología, podemos aplicar toda nuestra experiencia en estrategia, procesos, operaciones y atención al cliente.

¿Por qué optasteis por ofrecer el servicio a domicilio?
Irene: Por comodidad y por ahorro de tiempo. Pensamos en mujeres como nosotras, con agendas exigentes, trabajo, hijos y muchas responsabilidades. Además, el bronceado con aerógrafo es un servicio personal. Recibirlo en casa permite que la clienta esté en un entorno privado y pueda esperar cómodamente a que el producto se seque, sin necesidad de volver a vestirse inmediatamente ni desplazarse. Diseñamos el servicio que nosotras mismas querríamos contratar: una profesional se desplaza hasta tu casa, realiza el tratamiento y tú puedes continuar allí con tranquilidad.
Lumi defiende la posibilidad de verse bien sin perjudicar la piel. ¿Creéis que está cambiando la forma en la que las mujeres entienden la belleza?
Irene: Creo que existe una conciencia cada vez mayor de que la belleza no debe conseguirse a costa de la salud. Al principio, algunas clientas nos preguntaban para qué iban a broncearse en invierno. Yo siempre respondía que no tenemos que cuidarnos únicamente para que nos vean los demás. A mí me gusta verme bien también cuando estoy en casa. Estamos entrando en una etapa en la que muchas mujeres quieren cuidarse para sí mismas y pensando también en el largo plazo. Hemos comprendido que la belleza está relacionada con la alimentación, la hidratación, el descanso y los hábitos saludables, no solamente con los productos que nos aplicamos.
Alejandra: También existen diferencias culturales. En México, por ejemplo, es frecuente ver a niños en la playa con prendas de protección solar y manga larga. En España todavía se confía mucho en la crema y existe un deseo muy intenso de aprovechar el sol en cuanto llega el buen tiempo. En países donde tenemos sol casi todo el año no sentimos la misma necesidad de exponernos cada vez que aparece.

¿Qué valoran especialmente las clientas después de probar el servicio?
Irene: Una de las frases que más escuchamos es: «Siento que necesito menos maquillaje». Las clientas se levantan, se miran al espejo y perciben que tienen mejor tono y buena cara. Cuando una persona se siente favorecida, también lo proyecta. Sus amigas o familiares lo notan y muchas de nuestras nuevas clientas llegan precisamente a través de esas recomendaciones.
Alejandra: Otro comentario frecuente es el miedo a quedar naranja, con manchas o con un resultado excesivamente artificial. Muchas personas han tenido malas experiencias con autobronceadores domésticos. Nosotras personalizamos el tono según la piel y las preferencias de cada clienta. Algunas buscan un cambio visible y otras quieren algo muy sutil. El objetivo es que el resultado se note, pero que continúe pareciendo natural. También registramos la fórmula utilizada para poder repetirla o ajustarla en las siguientes sesiones. Esa personalización nos permite ofrecer una experiencia consistente.
¿Qué diferencia a Lumi de otros servicios de bronceado sin sol?
Alejandra: La personalización y la experiencia completa. No buscamos aplicar el mismo tono a todas las clientas, sino entender qué resultado quiere cada persona y adaptarlo a su piel. Disponemos de diferentes fórmulas y, cuando es necesario, las combinamos para conseguir un tono específico. Además, registramos la mezcla utilizada y las preferencias de cada clienta para poder reproducir el resultado o modificarlo en futuras sesiones.
Irene: También nos diferencia el trato. Es un servicio muy personal y queremos que las clientas se sientan cómodas, escuchadas y libres de cualquier juicio. El hecho de acudir a su casa permite que vivan la experiencia con mayor privacidad y tranquilidad. No se trata solamente del resultado final, sino de cómo se sienten durante todo el proceso.
¿Cuáles son los principales mitos que os gustaría desmontar sobre el bronceado sin sol?
Alejandra: El primero es que siempre deja un tono naranja. También existe la creencia de que solo es adecuado para pieles muy claras o para ocasiones especiales. El tratamiento puede aportar luminosidad y uniformidad a muchos tonos de piel. Yo tengo la piel morena y me gusta utilizarlo para igualar zonas que tienen un color diferente, como las piernas. Tampoco implica necesariamente quedar demasiado oscura. Disponemos de diferentes tonos y podemos combinar fórmulas para adaptarnos al resultado que busca cada persona.
Irene: Nos gustaría que dejara de percibirse únicamente como un tratamiento previo a una boda, unas vacaciones o una fiesta. Puede formar parte de una rutina de autocuidado, de la misma manera que alguien va periódicamente a la peluquería. No tiene que hacerse para un tercero o para un acontecimiento concreto. También puedes hacerlo sencillamente porque te gusta cómo te sientes.
En un contexto marcado por la presión estética, ¿cómo evitáis que Lumi contribuya a la búsqueda de una imagen perfecta?
Alejandra: Nuestro mensaje no es que una mujer tenga que corregir su cuerpo ni ocultar sus imperfecciones. Queremos que se mire al espejo y se sienta luminosa, no que crea que debe transformarse para alcanzar una imagen ideal. Una clienta nos preguntó si utilizábamos el aerógrafo para dibujar visualmente los abdominales. Nunca lo habíamos planteado porque no es nuestro objetivo. No queremos crear cuerpos perfectos, sino ayudar a que las personas se sientan bien con el suyo.
Irene: Nosotras tampoco nos presentamos como mujeres perfectas. Somos personas reales y nuestra comunicación no se basa en modelos con cuerpos inalcanzables. En ocasiones, especialmente entre las clientas más jóvenes, percibimos muchos complejos. Algunas intentan ocultar determinadas partes del cuerpo o sienten la necesidad de disculparse por ellas. Intentamos explicarles que no estamos allí para observarlas ni juzgarlas. Hemos trabajado con cuerpos muy diferentes y todos tienen pliegues, marcas y características propias. Lo importante es que la clienta se sienta segura y termine la sesión más relajada que cuando llegó.
¿Qué ha sido lo más gratificante y lo más exigente de poner en marcha Lumi?
Alejandra: Lo más satisfactorio ha sido comprobar que el servicio tuvo una respuesta positiva desde el principio. Las dos tenemos experiencia emprendiendo y sabemos que una idea puede no funcionar. En ese caso, hay que cerrarla, modificarla o replantear la propuesta. Con Lumi vimos muy pronto que existía una necesidad y un mercado real.
Irene: Para mí también ha sido revelador comprobar cómo se infravaloran determinados negocios vinculados con la belleza, el bienestar o los servicios. Procedo del mundo tecnológico, donde se habla constantemente de grandes rondas de inversión y de empresas que operan durante años con pérdidas. En cambio, un negocio considerado «de mujeres» puede comenzar a generar ingresos, construir una marca y crear una comunidad desde una fase muy temprana y, aun así, recibir menos reconocimiento. Son empresas que pueden producir un gran impacto si se gestionan de manera profesional. La parte más exigente es que Lumi requiere presencia física, tiempo y atención directa. La experiencia depende de la técnica, el trato y la capacidad de hacer que la clienta se sienta cómoda. Por eso tuvimos claro que debíamos ser nosotras las primeras en prestar el servicio y comprender todos sus detalles.
¿Qué cualidades habéis descubierto y aprendido la una de la otra durante este proceso?
Alejandra: De Irene he aprendido su capacidad para integrar la familia y el trabajo. Es una madre muy comprometida y, al mismo tiempo, crea empresas, lidera proyectos y disfruta con lo que hace. Me ha enseñado que un negocio no tiene que estar completamente separado de la vida personal. Puede formar parte de ella de una manera natural.
Irene: Alejandra tiene una gran capacidad para convertir las ideas en acciones. Yo tiendo a imaginar posibilidades y ella aporta estructura, prioridades y procesos. Es quien consigue que las ideas aterricen: qué necesitamos, qué debemos organizar y cuál es el siguiente paso. Nos complementamos muy bien.

Las dos sois madres y emprendedoras. ¿Cómo afrontáis la conciliación entre la vida profesional y la familiar?
Alejandra: La conciliación es compleja y el apoyo de la pareja es fundamental. Mi esposo también trabaja muchas horas, pero nos organizamos para que ambos podamos desarrollar nuestros proyectos y cuidar de nuestra hija. No se trata solamente de repartir tareas, sino de entender que los dos tenemos derecho a crecer profesionalmente. Tener una pareja que te vea como una igual marca una gran diferencia.
Irene: Yo no intento alcanzar un equilibrio perfecto porque creo que, cuando estás construyendo una empresa con ambición de crecimiento, ese equilibrio permanente no existe. Prefiero que mis hijas entiendan lo que hago y se sientan parte del proceso. Mientras ellas estudian, yo trabajo cerca. También conocen mis viajes, mis proyectos y las charlas que imparto. Hay momentos en los que el negocio exige más y otros en los que la familia debe ocupar el primer lugar. Lo importante es poder adaptarse y disfrutar de lo que haces, porque emprender requiere demasiado esfuerzo como para hacerlo únicamente por dinero.
¿Cómo os gustaría que hubiera evolucionado Lumi dentro de cinco años?
Alejandra: Nos gustaría crecer mediante un modelo de franquicias y estar presentes en diferentes ciudades. Ya hemos mantenido las primeras conversaciones para llegar a Málaga. Por el momento queremos conservar el servicio a domicilio porque es lo que demandan nuestras clientas, aunque seguiremos escuchando al mercado.
Irene: También queremos que Lumi sirva para impulsar a otras mujeres. Nuestro objetivo es construir un negocio sólido que permita que otras emprendedoras generen sus propios ingresos con el respaldo de una marca y unos procesos definidos. Ya recibimos solicitudes de zonas de Madrid a las que todavía no podemos llegar. Ahora estamos creando las bases necesarias para expandirnos sin renunciar a nuestros estándares de calidad.
¿Qué consejos daríais a una mujer que desea emprender y crear su propio negocio?
Irene: Le recomendaría que no empezara preguntándose únicamente qué negocio puede darle dinero. Los ingresos aparecen cuando resuelves un problema real y disfrutas haciéndolo. Primero debe conocerse: entender qué le interesa, en qué es buena y qué puede ofrecer. Después tiene que salir a escuchar al mercado. Muchas veces nos enamoramos de una idea y damos por hecho que todo el mundo va a querer comprarla. Es preferible hablar con posibles clientes, identificar sus necesidades y desarrollar la solución a partir de esa información. Tampoco hay que esperar a que todo sea perfecto. Se lanza una primera propuesta, se observa la respuesta y se va modificando. El momento ideal casi nunca existe.
Alejandra: Añadiría la importancia de crear comunidad con otras mujeres. Conocer a emprendedoras, escuchar sus experiencias y compartir las dificultades ayuda a dar el primer paso. Yo intenté desarrollar un proyecto sola y comprobé que era muy complicado. Con Irene pude construir Lumi porque tenía a alguien con quien compartir decisiones y responsabilidades. Cuanto más conectadas estamos, más fuertes somos.
¿Cómo entendéis la competencia dentro del sector?
Irene: Siempre digo que el sol puede brillar para todas. No hay que emprender desde el miedo a la competencia. Existe mercado para diferentes propuestas y cada empresa puede distinguirse por su servicio, su marca y la relación que construye con sus clientes.

Más allá del bronceado, ¿qué os gustaría que representara Lumi para las mujeres?
Alejandra: Nos gustaría que fuera una marca vinculada con el autocuidado y con la posibilidad de sentirse bien sin perseguir una imagen perfecta. Que las mujeres entiendan que pueden dedicarse un momento para ellas mismas sin que eso responda necesariamente a una exigencia externa.
Irene: También queremos que represente comunidad y oportunidades. Nos gustaría que Lumi ayudara a otras mujeres a emprender, generar sus propios ingresos y construir proyectos profesionales. Queremos que una clienta termine una sesión sintiéndose más segura, más cómoda y más conectada consigo misma. Al final, no se trata únicamente de tener otro tono de piel, sino de cómo te hace sentir.

