Yo, minoría absoluta

Ana Iris Simón: “Me han acusado de querer refundar la sección femenina con brilli brilli”

La escritora y columnista habla con Artículo14 de fe, familia, patria y conciencia, desconfía de las etiquetas y reivindica la esperanza

Ana Iris Simón (Campo de Criptana, 1991) cortó las dos orejas y el rabo con su debut literario, Feria, le cantó las verdades del barquero al yerno de Sabiniano en su jeta y triunfa como columnista en El País, donde escribe derrochando sal e inteligencia, y como tertuliana en varios medios. Ella, como el resto de entrevistadas en esta sección, es minoría absoluta. Y de qué manera.

¿Quién dice la gente que es Ana Iris?

Hay un insigne tertuliano progresista, autopercibido aliado feminista, que me llama Ana de las Tejas Verdes, por cándida y pueblerina. Algunos dicen que soy una columnista de extrema derecha, otros de extrema izquierda y otros alaban mi libertad, que intento que sea obediencia a la verdad. Me han acusado de defender a okupas y a terroristas y de querer “refundar la sección femenina con brilli brilli”. De progre y de facha. Y tengo por política no negar nada.

¿Qué tal se lleva con el espejo?

Bastante bien. Me llevo peor con la cámara del móvil, que es el espejo de ahora. A veces pienso que me debería hacer más fotos, porque me gustará verlas cuando tenga más canas y más arrugas, pero nunca me acuerdo de hacerlas, es algo que no está en mi día a día. La mayoría de veces pienso que por suerte, otras que por desgracia.

¿En qué cree?

En que Dios nació en un pesebre, anduvo por ahí en pañales y murió con la pena que se le imponía a los más bajos criminales: la cruz. Y en que nos invitó a hacernos pequeños para entrar en su Reino.

¿Cuál fue su último desengaño?

Diría que tengo desengaños casi todos los días, sobre todo conmigo misma. Cada vez que en mí o en otros gana el mal en lugar del bien, la mentira en vez del amor.

¿Cuál es su mayor certeza?

La existencia del bien, la verdad y la belleza. Y que son reflejo de algo mayor.

¿Y sobre qué duda?

Sobre que la realidad pueda constreñirse en los cajones ideológicos en los que nos empeñamos en meterla.

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Portada de ‘Feria’ (2020), de Ana Iris Simón.
Círculo de Tiza

 

¿De qué está orgullosa?

Parece un lugar común, pero de mi familia. De mis abuelos feriantes y agricultores, de mis padres carteros, de mi hermano que se está doctorando, de mi pareja y mis hijos. Tengo mucho orgullo de clase y de patria, chica y grande. Creo que uno solo puede sentirse verdaderamente orgulloso de aquello que no ha escogido. El resto es vanidad.  

¿Cuándo le pincha la conciencia?

Cuando paso de largo por delante de un pobre. No tanto por no darle dinero sino por no atreverme a mirarlo. Es muy difícil mirar a un pobre porque revela nuestra propia pobreza, por eso lo evitamos normalmente.

¿Qué le agrada?

Me gusta mucho la gente, observarnos en lo individual y lo comunitario. Me sirve para escribir y para vivir, y me río y me conmuevo mucho.

¿Y qué le ofende?

Cada vez menos cosas. Pero me siguen ofendiendo los defensores de la crueldad -de la desigualdad que genera el modelo económico que habitamos, del genocidio y de matar a inocentes, de algunas libertades que son cárceles-.

¿Tiene alguna obsesión confesable?

Tengo “hiperfocos”, como se dice ahora que no hacemos más que usar el lenguaje terapéutico. Me obsesiono con temas muy concretos durante unos meses: un autor, un concepto, un dilema. Últimamente he pensado mucho en la fe de los ateos en lo espiritual, Pasolini me obsesiona en lo literario desde hace unos años, pienso mucho también últimamente en lo limitante de las ideologías, y en que la mayoría de cosas de las que hablamos en los medios importan poco. Son obsesiones que pueden verse en mis columnas de manera muy clara, y se ve también cómo van dando paso a otras.

¿Qué tal conjuga en primera persona del singular el verbo “amar”?

Creo que bien. Me gusta mucho la gente y las cosas del mundo.

Ana Iris Simón
Ana Iris Simón
Javier Cuadrado

¿El amor caduca?

Se puede conservar mejor o peor, pero creo que no. Porque nos precede y nos sobrevive.

¿Prefiere un malo a un tonto?

Un tonto, porque un malo siempre será, además de malo, tonto. Un tonto puede ser simplemente tonto.

¿La utopía es un caramelo envenenado?

Creo que, si ha habido un caramelo envenenado en las últimas décadas, sobre todo en la industria cultural, no han sido las utopías sino las distopías. Que además, normalmente yerran al señalar al supervillano. El pecado del mundo actual no es el idealismo ni la ingenuidad sino todo lo contrario, la pesadumbre y la desesperanza, la ceguera a la luz.

España: ¿drama, tragedia o farsa?

Ninguna de las tres, por mucho que nuestras élites nos lo pongan difícil. España es un gran pueblo, y lo demuestra con más frecuencia de la que nos atrevemos a reconocer.

La IA: ¿oportunidad o meteorito?

Una herramienta que facilita la vida a muchos y se la complica a otros tantos, una burbuja a nivel de empresa. Pero, sobre todo, una fuente más de dependencia, de adicciones digitales, de externalización de lo humano. Cada vez pienso más en la claridad con la que el manifiesto Unabomber describió el mundo que venía.

Dígame una canción y un poema sin los que no entendería su vida.

Una canción, “Mar Antiguo”, de El Último de la Fila. Tuve la oportunidad de escucharla por primera vez en directo, como tantos hijos de boomers fanáticos de Manolo García y Quimi Portet, en la gira que hicieron este año y fue muy emocionante. También me encanta el romancero de Durruti de Sánchez Ferlosio, que le he cantado desde que nacieron a mis hijos para dormir. Un poema, “Una fuerza del pasado”, de Pasolini, me emociona siempre mucho.

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