Adela y Rocío acababan de presentar sus proyectos del máster habilitante de Arquitectura cuando el confinamiento interrumpió de golpe un año de trabajo intenso. Cada una desde su casa, empezaron a pintar y a compartir sus acuarelas en Instagram. Llegaron los encargos de amigos y familiares, después los de desconocidos y, con el tiempo, una decisión: dejar los estudios de arquitectura donde trabajaban para dedicarse a Kuramae.
Alquilar su primer taller hizo tangible aquella apuesta. Hoy diseñan invitaciones, agendas y láminas, imparten talleres y dirigen un equipo. La amistad sigue atravesando su manera de trabajar: comparten el café de cada mañana, las ideas que aparecen fuera de horario y la carga mental de una empresa que quieren hacer compatible con la vida que han elegido.
Las dos sois arquitectas de formación y Kuramae nació después de un viaje juntas a Japón. ¿Recordáis el momento concreto en el que pensasteis: “podríamos hacer algo juntas”? ¿Cómo fueron aquellos primeros pasos y qué había de Kuramae entonces en lo que es hoy?
Fue durante el confinamiento. Veníamos de un año especialmente intenso desarrollando nuestros proyectos del Máster Habilitante de Arquitectura, que habíamos presentado apenas un mes antes, y pasar de ese ritmo frenético a parar en seco fue bastante duro para las dos.
Casi como una vía de escape, cada una desde su casa empezó a pintar. Creamos un perfil de Instagram donde íbamos compartiendo lo que hacíamos y poco a poco aquello se convirtió en una especie de pequeño portfolio. Los primeros encargos llegaron de familiares y amigos y, después, de personas que empezaron a descubrirnos a través de las redes. Una cosa fue llevando a la otra hasta convertirse en lo que es Kuramae hoy.
Aunque entonces no teníamos ni idea de hasta dónde iba a llegar, creemos que ya estaban presentes muchas de las cosas que siguen definiendo Kuramae: el gusto por lo hecho a mano, la importancia del proceso creativo, la atención al detalle y, sobre todo, las ganas de crear juntas.
De la arquitectura a crear un universo alrededor del papel, la acuarela, la artesanía y los pequeños detalles. ¿Qué os llevasteis de vuestra formación como arquitectas a Kuramae y qué habéis tenido que aprender completamente desde cero?
Muchísimo más de lo que puede parecer. Al final, estudiar Arquitectura te enseña sobre todo a desarrollar proyectos: partir de una idea, darle forma, resolver problemas y conseguir que todas las piezas funcionen como parte de un conjunto. También nos dio mucha capacidad de trabajo, sensibilidad por la composición, el diseño y los materiales, y algo que aplicamos constantemente en Kuramae: aprender a escuchar al cliente y transformar unas necesidades concretas en una propuesta con identidad propia.
Lo que sí hemos tenido que aprender completamente desde cero es todo lo relacionado con gestionar una empresa. Crear y diseñar era un terreno mucho más natural para nosotras; dirigir un equipo, organizar procesos, tomar decisiones empresariales, delegar o entender todas las áreas que hacen que una empresa funcione ha sido, y sigue siendo, un aprendizaje.
Empezasteis casi sin pretensiones y hoy vuestro trabajo aparece en algunas de las bodas más cuidadas y especiales, incluso en Casilda se casa. ¿En qué momento sentisteis por primera vez que Kuramae había dejado de ser aquel proyecto entre dos amigas para convertirse en una empresa de verdad?
Durante un tiempo compaginamos Kuramae con nuestro trabajo en estudios de arquitectura. El verdadero punto de inflexión llegó cuando el proyecto empezó a crecer lo suficiente como para obligarnos a tomar una decisión y decidimos apostar por él.
Recordamos con especial cariño el momento en el que alquilamos nuestro taller. Hasta entonces Kuramae había ido creciendo de una manera muy orgánica, pero tener por primera vez un espacio propio fue hacerlo tangible. De repente había un lugar al que ir cada mañana, clientes, pedidos, proyectos… y una empresa que dependía de nosotras. Probablemente fue entonces cuando pensamos: “Esto va en serio”.
Vuestro trabajo tiene una estética muy reconocible sin resultar repetitivo. ¿De dónde sale vuestra inspiración? ¿Sois de guardar imágenes, observar escaparates, viajar, visitar exposiciones…? ¿Qué cosas alimentan vuestro imaginario sin que necesariamente tengan que ver con la papelería?
De prácticamente todo lo que nos rodea. No buscamos inspiración únicamente dentro del mundo de la papelería; de hecho, muchas veces las referencias que más nos interesan vienen de otros lugares.
Nos fijamos muchísimo en la naturaleza, la arquitectura, el interiorismo, la moda, el arte, los materiales, una combinación de colores que vemos por la calle… Viajamos, visitamos exposiciones, guardamos imágenes y observamos mucho. Creemos que tener intereses tan diversos ayuda precisamente a que el trabajo evolucione y a no repetir constantemente las mismas fórmulas.
Trabajáis juntas siendo amigas y, además, las dos venís de la misma profesión. ¿Cómo os repartís los papeles? ¿Sois parecidas trabajando o cada una tiene un territorio muy definido dentro de Kuramae? ¿En qué os complementáis especialmente bien?
Al habernos formado juntas tenemos perfiles bastante parecidos y compartimos muchos intereses, especialmente en todo lo relacionado con el diseño y la dirección creativa. Eso hace que muchas veces tengamos una visión muy similar de hacia dónde queremos llevar un proyecto y que sea fácil entendernos trabajando.
Curiosamente, ser tan parecidas también nos ha ayudado a detectar muy bien qué nos falta. A medida que Kuramae ha ido creciendo, hemos intentado incorporar al equipo perfiles diferentes a los nuestros, con capacidades que nos complementen. Creemos que una parte importante de crecer ha sido precisamente entender que no tenemos que saber hacerlo todo nosotras.
En vuestro trabajo hay algo que parece ir un poco a contracorriente: reivindicar el papel, lo artesanal, lo hecho despacio y los objetos que se guardan en un mundo cada vez más digital. ¿Creéis que precisamente por eso valoramos ahora más las cosas hechas a mano y los pequeños detalles?
Sí, completamente. Vivimos rodeados de pantallas, de estímulos y de procesos cada vez más inmediatos, y creemos que precisamente por eso existe una necesidad real de recuperar momentos en los que hacer algo con las manos.
De ahí surgieron también nuestros talleres de acuarela. Queríamos crear un espacio de desconexión en el que durante dos horas lo importante fuese pintar, probar, equivocarse, mezclar colores y disfrutar del proceso sin necesidad de llegar rápidamente a un resultado. Quizá por eso sentimos que lo artesanal no ha perdido valor con la digitalización, sino todo lo contrario.
Habéis pasado de la papelería personalizada a tener talleres, agendas, láminas, productos para el día a día, piezas para bodas y eventos… ¿Cómo decidís hacia dónde crecer? ¿Hay alguna idea que tengáis guardada desde hace tiempo y que todavía no hayáis podido hacer realidad? ¿Y algún encargo que recordéis con especial cariño?
Hasta ahora, muchas de las decisiones sobre hacia dónde crecer han surgido de una mezcla entre intuición y las cosas que a nosotras mismas nos gustan. No hemos seguido un plan completamente cerrado, sino que Kuramae ha ido abriendo caminos de manera bastante orgánica.
Así surgió, por ejemplo, la idea de incorporar a nuestra tienda una pequeña selección de piezas de otros artesanos y marcas que admiramos y que encajan con nuestro proyecto.
Tenemos muchas ganas de explorar más todo lo relacionado con la decoración y el interiorismo: papel pintado, textiles, objetos para casa… Es un mundo que nos interesa muchísimo y que sentimos bastante cercano a nuestra formación como arquitectas.
En cuanto a encargos especiales, probablemente uno de los más bonitos haya sido trabajar cada una en la boda de la otra. Pero también nos emociona especialmente cuando una pareja llega a Kuramae para hacer sus invitaciones de boda y, años después, vuelve para el nacimiento o el bautizo de sus hijos. Sentir que de alguna manera vamos creciendo con ellos es muy especial.
¿En qué momento profesional estáis ahora? ¿Qué es lo que más disfrutáis de dirigir vuestra propia empresa y qué parte os cuesta todavía?
Estamos en un momento de mucho crecimiento y también de muchos cambios, aprendiendo además a hacer compatible ese crecimiento profesional con la maternidad y nuestra vida personal.
Una de las cosas que más disfrutamos de tener nuestra propia empresa es que prácticamente no hay dos días iguales. Trabajamos en un sector muy visual y en constante cambio, muy ligado también a las tendencias, así que siempre existe el reto de evolucionar, innovar y encontrar nuevas formas de hacer las cosas. Y poder compartir todo ese proceso con tu mejor amiga lo hace especialmente divertido.
Lo que más nos sigue costando probablemente sea delegar de verdad. No solo repartir tareas, sino aprender a no supervisarlo absolutamente todo y confiar en que Kuramae pueda funcionar y crecer sin que cada decisión tenga que pasar necesariamente por nosotras.
¿Cómo sois cuando salís del estudio? ¿Conseguís desconectar de verdad? ¿Qué hacéis un sábado completamente libre, qué planes os gustan, dónde os escapáis cuando podéis y qué pequeñas cosas de vuestra vida cotidiana os hacen especialmente felices?
Probablemente bastante parecidas a como somos dentro del estudio. Nos interesan el arte, la arquitectura, el cine, la lectura, la moda… así que es difícil establecer una frontera muy clara entre aquello que nos gusta personalmente y lo que después termina alimentando nuestro trabajo.
No conseguimos desconectar del todo. Siempre aparece alguna conversación sobre una idea nueva, algo que podríamos mejorar o una manera diferente de hacer las cosas. Pero tenemos la enorme suerte de ser dos: la carga mental de tener una empresa también es compartida, y eso hace que todo sea mucho más llevadero.
Cuando podemos escaparnos, nos encanta ir al campo o al mar. Y, al final, muchas de las cosas que más disfrutamos son muy sencillas: venir cada mañana juntas al taller, el café antes de empezar, pasear por Madrid, tomar una cerveza con amigos al salir de trabajar, leer o descubrir algún sitio nuevo.
Trabajando con algo tan visual es fácil que la mirada profesional nunca se apague del todo. Cuando viajáis, vais a una casa bonita, a un restaurante o incluso paseáis por Madrid, ¿seguís observándolo todo pensando en colores, papeles, composiciones e ideas o habéis aprendido a separar Kuramae de vuestra vida personal?
Nos fijamos absolutamente en todo. No necesariamente pensando de manera consciente en “esto podría servir para Kuramae”. Es muy fácil encontrarnos con algo que nos conmueva o nos llame la atención y que, quizá meses después y sin buscarlo, termine apareciendo de alguna manera en un proyecto.
Si volvieseis a aquel viaje a Japón en el que empezó todo y pudierais contarles a aquellas Adela y Rocío dónde está Kuramae hoy, ¿qué creéis que les sorprendería más? Y mirando hacia delante, ¿qué os gustaría poder decir dentro de cinco o diez años que habéis conseguido, tanto profesional como personalmente?
Adela: Creo que lo que más me sorprendería sería saber que finalmente nos dedicaríamos profesionalmente a algo que, al menos sobre el papel, no tiene que ver con la arquitectura.
Rocío: A mí me sorprendería pensar que llegaríamos a crear una marca con una identidad propia, que crecería hasta convertirse en una empresa y, sobre todo, que habría más personas trabajando con nosotras para construirla.
Mirando hacia delante, nos gustaría poder decir que Kuramae ha seguido creciendo sin obligarnos a renunciar a las decisiones personales y familiares que nos hacen felices. Para nosotras, el éxito no sería simplemente que la empresa fuese cada vez más grande, sino conseguir que creciera de una manera sostenible y compatible con la vida que queremos tener.
Y nos gustaría hacerlo sin perder aquello con lo que empezó todo: seguir dando valor a lo hecho a mano, a la artesanía, al tiempo dedicado a las cosas y a esa sensibilidad por los pequeños detalles que, aunque Kuramae cambie y evolucione, queremos que siga formando parte siempre de su identidad.

